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El sol golpeaba fuerte sobre Raton Canyon cuando el prospecto llegó al punto de encuentro. Valhalla ya lo había evaluado, pero ahora debía demostrar que tenía lo necesario. Su tarea era simple en teoría, pero sucia en la práctica: deshacerse de un cuerpo.
Con instrucciones claras, optó por un método que había escuchado en historias, desintegrarlo con químicos. Condujo hasta una zona alejada, donde los pocos rastros de civilización se perdían entre la maleza y el polvo del camino. Vestido con ropa vieja, comenzó el proceso, vertiendo el contenido corrosivo en un contenedor improvisado.
El tiempo pasaba lento, el calor intensificaba el hedor y la escena exigía sangre fría. No era solo una prueba de habilidad, sino de resistencia mental. Valhalla observaba a distancia, sin intervenir.
Cuando el trabajo estuvo hecho, el prospecto se alejó, dejando atrás solo restos irreconocibles. No pidió ayuda, no mostró dudas. Se limitó a limpiar lo que pudo y se marchó. Para Valhalla, esa era la respuesta que necesitaban.
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Que buen post
El clubhouse de Valhalla tenía un aire tranquilo aquella tarde, con algunos miembros conversando y otros trabajando en sus motocicletas. Entre ellos, un prospecto reciente se movía con discreción, intentando adaptarse al ritmo del club. Su llegada había sido avalada por alguien que ya no estaba en las filas de Valhalla, pero aun así le dieron una oportunidad.
La calma se rompió cuando "Mocho", un contacto con el que Valhalla buscaba establecer tratos comerciales, llegó al clubhouse. Su mirada se endureció al reconocer al prospecto. Se acercó a West y, con voz firme, le reveló la verdad: aquel hombre no era de fiar. Lo conocía bien y aseguraba que era una rata, alguien que había amenazado a su gente en el pasado.
No había espacio para la duda. Valhalla no toleraba traiciones ni riesgos innecesarios. West intercambió una mirada con sus líderes y la decisión se tomó en un instante: la rata debía desaparecer.
El plan se puso en marcha de inmediato. Un grupo aliado, que compartía relaciones tanto con Valhalla como con la organización de Mocho, se encargaría de extraer el "paquete". Con precisión, interceptaron al prospecto y lo sacaron del clubhouse sin levantar sospechas.
Desde ahí, lo trasladaron hasta la costa, donde unas lanchas los esperaban. El trayecto fue silencioso, con el sonido del agua rompiendo contra el casco de la embarcación mientras se alejaban de la civilización.
El destino era el faro, un lugar apartado, ideal para ponerle fin a situaciones como esta. Al llegar, West descendió de la lancha, acompañado por algunos hombres. Frente a ellos, el jefe de Mocho esperaba con su gente.
El prospecto, ahora convertido en prisionero, fue empujado hacia adelante. No tenía escapatoria. West no necesitaba muchas palabras, la traición hablaba por sí sola. Sin dudar, apretó el gatillo. Un disparo resonó en la noche, marcando el fin de la historia de L.P.
Sin más que discutir, ambos grupos se separaron, sabiendo que habían cerrado un capítulo peligroso. Valhalla había dejado claro que la lealtad era inquebrantable y que cualquier amenaza dentro de sus filas sería eliminada sin contemplaciones.
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El sonido del motor de la camioneta resonaba en el garaje de Valhalla mientras los últimos detalles se ajustaban. La carga estaba lista. Todo en perfecto estado. La iluminación parpadeante del garaje proyectaba sombras sobre las motos estacionadas, mientras la tensión flotaba en el ambiente.
No era la primera venta a esa pandilla. El primer contacto había sido exitoso, pero en este negocio la confianza no existía. Cualquier error podía significar un problema. La seguridad estaba cubierta: puntos de vigilancia en los accesos, armas al alcance, y las motos listas por si algo salía mal.
El ruido de motores acercándose cortó el silencio de la noche. Se detuvieron en la entrada y varios hombres bajaron con la actitud típica de quienes no confiaban en nadie. La inspección del cargamento fue rápida, meticulosa. Nada fuera de lo acordado.
El intercambio se realizó sin interrupciones. Un bolso de billetes cambio de manos, mientras la camioneta era cargada con precisión. La transacción estaba cerrada, pero nadie se movió de inmediato. Una breve pausa, una mirada de reconocimiento.
Cuando la camioneta se alejo del garaje, todo volvió a quedar en calma.
Theo, un miembro bastante antiguo, conoció un muchacho en su trabajo. Con el tiempo, se dio cuenta de que ese chico tenía algo distinto: mirada firme, lealtad sin vueltas y un fuego interno que no se apagaba fácil.
Cuando Valhalla abrió las puertas a nuevos outsiders, Theo no dudó. Lo propuso, pero sabía que no podía regalarle el lugar. En Valhalla, los atajos no existen. La regla fue clara: si quería ser parte, tenía que enfrentarse a él. Nada de drogas, nada de armas. Solo cuerpo, voluntad y respeto.
La pelea fue intensa. No hubo público, solo hermanos. Cada golpe hablaba del camino recorrido. Theo luchó con todo, pero fue superado. Cayó con dignidad, sabiendo que perder esa vez era abrirle el paso a alguien que lo merecía.
Desde ese día, su amigo dejó de ser solo un conocido del trabajo. Pasó a ser parte de algo mucho más grande.
No hubo despedidas formales. Nadie pensó que ese sería el último día. Solo una tarde cualquiera, la casa quedó en silencio.
Valhalla fue más que un lugar Ahí reímos sin razón, nos enojamos por tonterias, compartimos cosas que nunca dijimos en voz alta. Hubo abrazos que dijeron más que mil palabras, y miradas que nos cuidaron cuando no lo sabíamos.
Era caótica, desordenada, a veces insoportable. Pero era nuestra. Y por eso dolió tanto verla vacía, verla irse como si nada, como si no supieran todo lo que significó para nosotros.
Pero quizás... sí lo sabían. Y por eso se fue en silencio, sin romper nada, sin escándalo. Como quien sabe que ya cumplió su ciclo.
Hoy queda el recuerdo. Y aunque esta casa ya no esté, algo en nosotros sigue buscando un nuevo lugar, una nueva historia.
Porque sí, este Valhalla terminó… pero quién sabe, quizás ya estamos construyendo el próximo sin darnos cuenta...
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Luna no podía dormir. La noche estaba quieta, demasiado, y ese silencio espeso sólo hacía que su mente siguiera dando vueltas. Encendió la luz tenue de su cuartoy abrió el diario que guardaba siempre debajo de la campera. Lo había usado durante años para descargar aquello que no decía en voz alta.
Pasó un par de páginas arrugadas y encontró un espacio en blanco. Apoyó el bolígrafo, respiró hondo y dejó que los pensamientos se volcaran solos
Valhalla no es solo un nombre grabado en cuero y acero. Es un camino marcado por decisiones, pérdidas y lealtades que se forjan en silencio. Antes de volver a sentir el rugido del motor junto a los suyos... cada miembro caminó solo su propio infierno.
Estas son las historias que no siempre se cuentan alrededor de la mesa. Momentos que moldearon a cada uno, cicatrices que explican por qué Valhalla los llamó… o por qué, incluso después de caer, siempre hay un camino de regreso.
LUNA
Luna nunca fue Valhalla. Pero Valhalla llegó a ella a través de relatos, cicatrices ajenas y silencios cargados de respeto. Su amiga hablaba del club como algo más que un grupo, hablaba de lealtad, de códigos, de pertenecer a algo que no se compra. Hasta que un día, esa amiga se fue… y el nombre Valhalla quedó flotando, incompleto.
Con el tiempo, Luna empezó a notar el vacío que había dejado el club en la ciudad. Espacios sin ocupar, promesas rotas, gente perdida buscando algo que ya no existía. Sin vestir los colores, comenzó a unir hilos. Escuchó, observó, midió. Valhalla no estaba muerto ,solo desarmado.
Cuando supo de West, supo también que ahí estaba la clave. El hombre del que todos hablaban con respeto, ahora reducido a un rumor triste. No lo buscó por nostalgia, sino por necesidad. Si Valhalla iba a volver, tenía que hacerlo con verdad.
WEST
West fue Valhalla. Cuando el club cayó, no supo qué hacer con el silencio. Lo llenó de alcohol. De noches largas y mañanas iguales. El tiempo, su mayor obsesión, dejó de importarle. Ya no contaba segundos: los perdía.
Escuchó el nombre de Luna antes de verla. Alguien que hablaba poco, que no pedía nada, que se movía con una convicción incómoda. Cuando finalmente se encontraron, él no vio a una integrante… vio a alguien que entendía Valhalla sin haberlo vivido.
Luna no le pidió que volviera. Le mostró lo que quedaba, lo que podía ser. Le recordó que liderar no siempre significa mandar, sino sostener. West entendió que Valhalla no necesitaba al hombre que fue… sino al que podía volver a ser.
Y por primera vez en mucho tiempo, decidió dejar la botella. El reloj volvió a su muñeca. El tiempo otra vez tenía sentido.
L
Después de la caída, L se perdió. Casino, alcohol, apuestas, noches que no terminaban nunca. Ganara o perdiera, siempre se sentía vacío. Tocó fondo más de una vez, pero siguió bajando. Cuando el mensaje apareció en la pantalla, algo se detuvo. No era una orden ni una promesa. Era una salida. Y por primera vez en mucho tiempo, decidió agarrarse de ella.
IZZY
Izzy siempre peleó sola. Talleres, motores, miradas que dudaban de ella. Aprendió a trabajar mejor que cualquiera para no tener que explicarse. Nunca pidió lugar, se lo ganó. Cuando recibió el mensaje, no pensó en poder ni en respeto, pensó en pertenecer. Valhalla no era un club, era un espacio donde nadie le iba a decir quién podía ser.
ZAZA
Zaza intentó vivir tranquilo. Bajó un cambio, siguió adelante, se convenció de que el pasado podía quedar atrás. Pero cada vez que miraba su reflejo, el tatuaje le recordaba quién era. El día que el mensaje llegó, no dudó. Entendió que la calma no era su lugar, solo una pausa. Valhalla no era una etapa cerrada, era una deuda pendiente.
RILEY
Riley vivía cambiando de nombre, de celular, de ruta. Inteligente, rápida, peligrosa cuando hacía falta. No confiaba en nadie y no dejaba que nadie se le acerque demasiado. Cuando llegó a la ciudad, ya sabía a qué venía. El mensaje no la sorprendió. Solo confirmó que había elegido bien el lugar al que llegar.
SHARQUAY
Sharquay cumplía códigos, pero nunca terminó de encajar. Planeaba, observaba, hacía su parte sin hablar de más. Sabía que estaba en un lugar que no era el suyo, pero no había encontrado otro. El mensaje llegó mientras pintaba una pared que nadie iba a mirar. No respondió de inmediato. No hizo falta. Ya había tomado la decisión.
Xolo
Antes de Valhalla, Xolo corría solo. Sin club, sin colores, sin promesas. La ciudad era su pista y la noche su refugio. Ganaba carreras, hacía trabajos al volante y desaparecía sin dejar rastro. No buscaba fama ni pertenencia, solo seguir en movimiento.Pero correr solo cansa. Cuando llegó el mensaje, no lo dudó demasiado. Porque sabía una cosa desde hacía tiempo: no le faltaba velocidad…le faltaba un lugar.
OCTI
Octi fue de los que no hicieron ruido al irse. Cuando Valhalla se disolvió, no cayó en excesos ni desapareció del todo. Simplemente se corrió. Bajó la cabeza, siguió rodando solo, sin colores, sin parches, sin preguntas. Para muchos, eso fue rendirse. Para él, fue sobrevivir.