<?xml version="1.0" encoding="UTF-8"?><rss xmlns:dc="http://purl.org/dc/elements/1.1/" xmlns:content="http://purl.org/rss/1.0/modules/content/" xmlns:atom="http://www.w3.org/2005/Atom" version="2.0"><channel><title><![CDATA[Jayden Jones]]></title><description><![CDATA[<p dir="auto">Mi nombre es Jayden Jones y tengo 20 años. Nací un 27 de junio de 2000 en Los Santos,<br />
una maravillosa ciudad en los Estados Unidos de América. Provengo de una familia<br />
pobre: mi madre, Amelia Parker, en el paro y mi padre, George Jones, que trabajaba en<br />
el badulaque al lado del club de alterne en el sur, el Vanilla Unicorn.<br />
No fui a la guardería, puesto que para ello mi familia tenía que pagar y, con el sueldo<br />
mínimo de mi padre que se llegaba justo a fin de mes y a veces ni se llegaba, era<br />
imposible de pagarnos esa clase “lujos”. Mis padres solicitaron mil y una veces los<br />
Servicios de HeadStart, un programa dedicado a las personas cuyos hijos tienen<br />
deficiencia o que no pueden pagar la educación de estos. Mi padre, quien ganaba por<br />
encima de los 11.945 dólares y yo no tenía ningún tipo de deficiencia mental ni física. Lo<br />
que tampoco hice fue párvulos y, debido a que no pude ir a la guardería, no tenía la<br />
mente tan desarrollada como los demás niños de mi edad. Obviamente también, me<br />
costaba escuchar en clase y tampoco entendía porque teníamos que hacer algo que no<br />
gustaba a nadie si total lo que lo que yo creía que trataba la vida era de trabajar si tenías<br />
suerte, traer dinero a casa y lo demás hacer lo que te dé la gana. En casa me ayudaban<br />
en lo que podían, de matemáticas no eran unos expertos ninguno de los dos, pero<br />
enseñarme a contar, operaciones matemáticas fáciles y a leer un poco lo hicieron como<br />
buenamente pudieron.<br />
Después de acabar el HeadStart empezaba algo más complicado, el primer grado. Como<br />
no teníamos casi dinero, no podíamos comprar mucho material escolar, por lo que solía<br />
llevar un par de libretas y un bolígrafo. Eso desencadenó una serie de burlas por parte<br />
de mis compañeros de clase, quiénes me llamaban pobre, malnacido e incluso alguna<br />
vez llegué a escuchar bastardo, echo que consiguió una repugnancia a ir al colegio,<br />
aunque fuese obligatorio. Aun aguantando las burlas conseguí medio aguantar el curso<br />
y, aunque quizás fui tonto, seguía confiando en la gente, en que habría alguien que me<br />
tratara como creo que se me debía tratar. Otra cosa también es cierta, desde pequeño<br />
descubrí que no me gustaba estudiar y que, por lo tanto, no iba a tomar ese camino en<br />
mi vida, al menos estudios a nivel universitario. Durante el segundo grado no fui a mejor,<br />
pero tampoco a peor. No sacaba las típicas notas de estudiante ejemplar pero tampoco<br />
era pésimo; aprobaba por los pelos haciendo la mítica ley del mínimo esfuerzo. Mis<br />
profesores no mostraban la mayor de las preocupaciones, pues sabían que en tema<br />
estudios no le ponía mucha atención, además de que era muy pequeño para estar ya<br />
encima de mi diciéndome 50 veces que tengo que hacer y que no. Quizás una de las razones del porque soy como soy hoy en día se debe a esa falta de atención desde<br />
pequeño, quizás deberían haberme aconsejado de alguna forma, aunque quien iba a<br />
aconsejar a un niño cabezón, que hacía lo que le daba la gana cuando le daba la gana. A<br />
esa temprana edad, junto con los colegas que había hecho en el colegio, nos pusimos de<br />
acuerdo para empezar a coleccionar cosas como cromos de futbol, baloncesto, chapas,<br />
tazos y un largo etcétera de tonterías que compran los chiquillos para entretenerse y<br />
divertirse. Lo que no sabía yo en esos tiempos era lo mucho que me gustaba coleccionar<br />
chorradas y necesitarlo lo que me falta en poco tiempo o, de lo contrario, hacer<br />
literalmente lo que sea por conseguirlo. Recuerdo con 8 años, en el tercer grado, sonó<br />
la alarma que indicaba que podíamos ir al recreo y había un niño en la clase que tenía<br />
uno de los cromos más difíciles de conseguir en su poder y, al no llevarnos bien, no me<br />
lo quería cambiar. Así pues, aproveché a que se fueran todos de la clase y rebusqué en<br />
su mochila como si de un tesoro se tratase. Una vez encontrado, lo guardé en mi mochila<br />
y me fui con mis colegas. Pensándolo ahora con una cierta edad pienso: “Joder, que puto<br />
gilipollas, robando un puto cromo, jugándome una tremenda bronca del profesor y,<br />
posiblemente, del director del centro.” Por suerte, nadie se dio cuenta hasta la semana<br />
siguiente, cosa por la cual ni me preocupé porque ya lo tenía en casa, puesto en su<br />
respectivo apartado del álbum.<br />
Algo similar pasó con un par de años más, con 10, aunque bien es cierto que fue algo<br />
más que un cromo. Estaba en el supermercado del pueblo con mi madre y vi un producto<br />
que se lo había visto a un colega en el colegio y lo quería probar. Como ya he dicho<br />
anteriormente, mi familia no era precisamente adinerada, por lo que se tenía que<br />
comprar lo justo para pasar la semana y, a veces, incluso menos, por lo que teníamos<br />
que pasar hambre. Como de costumbre al no conseguir lo que quería en ese preciso<br />
momento, me lo metí disimuladamente debajo de la camiseta, a la altura del ombligo y<br />
me lo llevé a casa. Mi madre, que no era partidaria ni mucho menos de ese tipo de<br />
conductas, se enfadó mucho y me requisó todos los cromos, chapas, tazos, etc. No pasé<br />
una de mis mejores épocas. Aunque parezca una tontería, era una de las cosas que más<br />
feliz me hacía, tener algo en común con los colegas y poder hablar de ello. Llegó pues la<br />
secundaria, un gran paso en la vida de una persona, en donde dejas de ser un crío y te<br />
conviertes en un adolescente. Una etapa en la que tienes que madurar y dejar atrás<br />
ciertas cosas que hacías cuando eras un niño y adquirir otras cosas. En mi caso no creo<br />
que escogiera el mejor de los cambios.<br />
Dejé de coleccionar cosas y empecé a dedicar parte de mi tiempo al mundo de las BMX.<br />
Obviamente no tenía el dinero ni mucho menos para comprar una, por lo que no podía<br />
ir al típico skatepark a realizar alguno de los trucos que había visto en alguna que otra<br />
revista mangada del quiosco. Un día pasé a curiosear por el skatepark más conocido en<br />
Los Santos, por la zona de Del Perro. Ahí había un montón de gente de más edad con<br />
patinetes y bicis realizando trucos. Quedé fascinado ante semejante arte, lo que se podía<br />
llegar a hacer con una simple bici. En ese momento se me metió en la cabeza, sabe Dios porqué, en intentar participar en alguna competición importante de parkour con BMX.<br />
Recuerdo que sobre el año 2014 o 2015 hicieron en ese skatepark una especie de<br />
evento, en la que te prestaban una bicicleta y se repartían diferentes precios entre los<br />
tres primeros. La cosa era que nunca me había subido a una bicicleta, por lo que no sabía<br />
cómo funcionaba eso y, también, que para poder participar se tenía que pagar unos 50<br />
pavos. Con el tema de aprender a montar en bici lo tenía más o menos fácil, pues uno<br />
de los únicos colegas que conservaba de primaria (los demás habían ido a otro instituto<br />
o simplemente no coincidíamos en los gustos) me propuso enseñarme a montar en bici<br />
y hacer algún que otro truco. Con el tema dinero me dio 10 pavos, insuficiente para<br />
poder participar. No quería decírselo a mi madre, pues era mucho dinero como para<br />
“apostarlo” en un evento que no iba a quedar ni entre los 10 primeros. Intenté conseguir<br />
algo de dinero pidiendo en los diferentes locales de Los Santos, pero no me llegó por tan<br />
solo 5 pavos. Preguntaba y preguntaba y nadie me los daba, quizás por los harapos que<br />
llevaba puestos y porque más o menos se me conocía por la zona como “uno de los<br />
chicos de los barrios pobres”. Como de costumbre, necesitaba participar en ese evento<br />
si o si, por lo que tenía que conseguir el dinero costase lo que me costase, así que le robé<br />
la billetera a un señor mayor por la zona del pier. Si, lo sé, soy un pedazo de cabrón,<br />
robar está mal, y más a la gente mayor, pero era por una necesidad personal, era eso o<br />
volverme loco y enfadarme muchísimo con todo el mundo.<br />
Llegó el día del evento, había practicado lo suficiente y había pagado la entrada. Tan<br />
solo había 15 participantes, entre los cuales me encontraba yo. Al principio no me sentí<br />
muy cómodo en la bicicleta, supongo que al ser una bici diferente a la que estaba<br />
acostumbrado, tenía que pillarle el truquillo. A pesar del irregular inicio conseguí llegar<br />
a la tercera posición, por lo que adquirí un premio de 500 pavos. Cuando volvíamos a<br />
casa con mi colega, le estuve diciendo las cosas que podía hacer con ese dinero. ¡Era<br />
muchísimo para alguien como yo! Lo primero y única opción viable que se me pasó por<br />
la cabeza fue comprar una bicicleta BMX y tunearla a mi gusto. Mi colega me dijo que<br />
era un egoísta de mierda, que lo que debía de hacer era dar una parte del premio a mi<br />
familia y que le tenía que devolver los 10 pavos, los cuales no se los devolví porque creía<br />
que si había ganado ese premio no era del todo gracias a él.<br />
Los siguientes años fue un poco caos, ya que todo el mundo en el instituto me daba la<br />
espalda por lo que le había hecho a quien era mi colega. Aun así, no me arrepentía, el<br />
dinero me lo había ganado y para él 10 dólares era una mierda comparado con lo que<br />
eran para mí. Fue una época de soledad y oscuridad, no hablaba con nadie y estaba<br />
toqueteando la BMX y pensando que más cosas le podía hacer con esos 500 pavos que,<br />
por supuesto, iban a ir destinados al amor de mi vida (la bicicleta). En tema estudios iba<br />
a peor, si años atrás llegaba a aprobar algún examen, ahora ya ni eso. Cada vez me sentía<br />
más solo y por mi cabeza cada vez rondaba más qué significado tiene la vida, que era<br />
realmente la vida. Conseguí salir de ese “mundillo” escuchando música, estilo rap/hip hop, ya que sentía que era el estilo que más me representaba, tanto en ideología y forma<br />
de vestir.<br />
Con 16 años me compré mi primera BMX con el dinero de premio. Me sobró algo, que<br />
lo guardé para las fiestas del pueblo que eran la semana siguiente, en la que probé todo<br />
lo que se podía probar en una fiesta: alcohol, tabaco y marihuana. ¿El alcohol? No estaba<br />
malo. ¿El tabaco? Tampoco estaba mal, quizás con un café después de comer hubiera<br />
entrado mucho mejor. ¿La marihuana? Sinceramente no me sentó nada bien, muy<br />
probablemente por el ciego que llevaba. Eso sí, al día siguiente me apetecía probarlo de<br />
nuevo, en mejor estado, sin estar bajo los efectos del alcohol. Ese porro me sentó algo<br />
mejor, aunque tampoco era que me gustase demasiado. Fueron pasando los meses, las<br />
fiestas, las borracheras y los porros y cada vez me enganchaba más a las tres cosas, de<br />
manera que llegué a un tipo de obsesión que me llevó a tener que salir literalmente cada<br />
fin de semana de festa, beber y fumar yerba. Un día, en la verbena de North Yankton en<br />
la que recién cumplía 17 años, la policía local me pilló con 50 gramos de yerba, lo cual<br />
se ve que está condenado a 5 meses de prisión y una multa de 1000 pavos. Como no<br />
podía pagar la multa, me dieron la opción de hacer trabajos comunitarios, de manera<br />
que compensaban con el precio de la multa. Mis padres, cuando se enteraron,<br />
estuvieron un par de días sin saber que hacer conmigo, cosa bastante normal. Pasados<br />
estos dos días, viniendo del parque, me encontré un montón de maletas y una nota<br />
pegada con celo que decía lo siguiente:<br />
“Querido hijo.<br />
Han sido unos meses complicados para nosotros. Como ya sabes económicamente no<br />
nos va muy bien y tu comportamiento tampoco ayuda mucho, tu papel en casa es<br />
más bien inútil que útil. No te voy a mentir, esto ha sido la gota que ha colmado el<br />
vaso. Puedes pensar que somos unos hijos de puta o cualquier otra cosa, pero es por el<br />
bien de todos. Tienes casi 18 años, sabrás como buscarte la vida. Mira en el interior<br />
de la maleta roja, encontraras un billete de avión a casa de la abuela. Estate el tiempo<br />
que necesites hasta que te relajes o hasta que cambies un poco.<br />
Te quieren,<br />
Papá y mamá.”<br />
Cogí el vuelo a casa de mi abuela, que vivía en un pueblecillo de Málaga, en España.<br />
Cuando llegué a su casa, que ya tardé la de Dios en encontrarla, no dijo absolutamente<br />
nada, un simple y frío “hola”. No sabría decir si me sorprendió o no, pues llevaba como<br />
8 años sin verla, desde mi comunión, por lo que se tendría que alegrar de verme. Por<br />
otro lado, lo vi normal, seguramente sabía por qué me encontraba allí; mi madre y mi<br />
abuela hablaban constantemente desde que se inventó el WhatsApp. Una vez instalado<br />
no acababa de encontrar mi sitio. No conocía a nadie, sentía como que faltaba algo.Tardé unos 6-7 meses para conseguir curro en un supermercado. No era el trabajo<br />
soñado obviamente, pero para tener algo de dinero para algo de marihuana, alguna<br />
cerveza y ayudar a mi abuela, que la pensión que recibía del Estado no era la que todos<br />
quisieran tener.<br />
Recuerdo un día, en pleno verano del 2019, cuando tenía 18, con el sol cayendo sobre<br />
mi espalda, tratando de arreglar el coche de mi abuela, que perteneció a mi abuelo.<br />
Siendo sinceros no tenía ni idea de cómo arreglar el coche, pues lo único de mecánico<br />
que había hecho era recolocar la cadena de la BMX cuando se salía. Mi abuela me<br />
reiteraba que llevase el coche al puto mecánico, pero no estaba dispuesto a pagar un<br />
euro por alguna cosa que, tarde o temprano podía arreglarlo yo. Tardé más o menos un<br />
mes en arreglarlo. Viendo el libro de averías pude averiguar que el problema era de la<br />
correa de distribución, por lo que tuve que comprar una de nueva. Recuerdo también<br />
ese mismo verano, conocí a una muchacha dando un paseo por la playa, Marina. Era una<br />
muchacha morena, ojos azules, con un cuerpazo espectacular, a la altura de los<br />
mismísimos dioses. Le pedí el número de teléfono y estuvimos hablando durante un<br />
tiempo, aunque no sirvió para nada, pues acababa de salir de una relación y no quería<br />
nada hasta u tiempo. Aun así, seguíamos hablando día si día también, teniendo<br />
esperanzas de que algún día podría tener algo con ella.<br />
A los pocos meses decidí volver a Los Santos. Le conté el plan que tenía a mi abuela. Le<br />
dije que había aprendido cosas en el periodo de tiempo que había vivido con ella, que<br />
había madurado y que estaba listo para volver a mi vida en Los Santos. Lo que no me<br />
esperaba yo para nada fue que me dijo que seguía siendo un chaval inmaduro,<br />
empanado pero feliz con los míos, egoísta, sin muchas ambiciones en la vida,<br />
conformista, follonero, cabezón y un genio de la mentira, pero eso sí, sabía cómo<br />
arreglar una parte de un coche, cosa que poca gente en mi familia podía hacer. Después<br />
de eso nos dimos un abrazo y compré los billetes para volver a Los Santos. Cuando fui al<br />
banco a hacer el cambio de moneda no me lo aceptaron porque al no tener ninguna<br />
cuenta bancaria en el país, no se me permitía realizar eso, por lo que tuve que viajar a<br />
Los Santos con lo justo para poder pedir un taxi, comprar algo de comer y beber.<br />
Y aquí me veía yo, con 20 años, casi 21, después de estar tres añitos viviendo con una<br />
segunda madre que nunca tuve pero que siempre supe que la tendría para lo que fuera,<br />
volando de Málaga a Los Santos. Durante el viaje iba pensando en la gran cantidad de<br />
cosas que podría y que quiero hacer en mi vuelta a la gran ciudad. El viaje era largo, y<br />
como consecuente, muchas las ideas que pasaban por mi cabeza. Tengo algunas cosas<br />
claras a las que no quiero volver, tales como robar por gusto y, lo más importante,<br />
traicionar a la calle. Pensé también en las palabras que me dirigió mi abuela antes de<br />
marcharme. Dándole vueltas me di cuenta de que en algunas cosas tenía razón, por no<br />
decir que en casi todas. Supongo que sacando esta conclusión me quito de encima lo de cabezón. Lo que si tengo claro es que quiero encontrar a alguien en quien poder confiar,<br />
encontrar un trabajo, a poder ser de mecánico, ya que cuando tengo algún problema<br />
con la bici o cuando estuve arreglando el coche de mi abuela, me gustó bastante y me<br />
sentí cómodo manejando todo tipo de artilugios y las partes del coche. Además, me<br />
gustaría estudiar algo de mecánica y tratar de convertirme en uno de los mejores<br />
mecánicos de la ciudad.<br />
Últimamente he perdido muchos miedos, entre los cuales están perder a personas, ya<br />
que si me dejan de lado significa que no me quieren y que, realmente un día u otro, me<br />
iban a dejar. A lo que realmente le tengo miedo es a la muerte y a no encontrar a nadie<br />
en quien poder confiar.</p>
]]></description><link>https://foro.gtahub.gg/topic/5088/jayden-jones</link><generator>RSS for Node</generator><lastBuildDate>Thu, 14 May 2026 04:05:43 GMT</lastBuildDate><atom:link href="https://foro.gtahub.gg/topic/5088.rss" rel="self" type="application/rss+xml"/><pubDate>Thu, 06 May 2021 21:35:18 GMT</pubDate><ttl>60</ttl><item><title><![CDATA[Reply to Jayden Jones on Thu, 06 May 2021 21:35:18 GMT]]></title><description><![CDATA[<p dir="auto">Mi nombre es Jayden Jones y tengo 20 años. Nací un 27 de junio de 2000 en Los Santos,<br />
una maravillosa ciudad en los Estados Unidos de América. Provengo de una familia<br />
pobre: mi madre, Amelia Parker, en el paro y mi padre, George Jones, que trabajaba en<br />
el badulaque al lado del club de alterne en el sur, el Vanilla Unicorn.<br />
No fui a la guardería, puesto que para ello mi familia tenía que pagar y, con el sueldo<br />
mínimo de mi padre que se llegaba justo a fin de mes y a veces ni se llegaba, era<br />
imposible de pagarnos esa clase “lujos”. Mis padres solicitaron mil y una veces los<br />
Servicios de HeadStart, un programa dedicado a las personas cuyos hijos tienen<br />
deficiencia o que no pueden pagar la educación de estos. Mi padre, quien ganaba por<br />
encima de los 11.945 dólares y yo no tenía ningún tipo de deficiencia mental ni física. Lo<br />
que tampoco hice fue párvulos y, debido a que no pude ir a la guardería, no tenía la<br />
mente tan desarrollada como los demás niños de mi edad. Obviamente también, me<br />
costaba escuchar en clase y tampoco entendía porque teníamos que hacer algo que no<br />
gustaba a nadie si total lo que lo que yo creía que trataba la vida era de trabajar si tenías<br />
suerte, traer dinero a casa y lo demás hacer lo que te dé la gana. En casa me ayudaban<br />
en lo que podían, de matemáticas no eran unos expertos ninguno de los dos, pero<br />
enseñarme a contar, operaciones matemáticas fáciles y a leer un poco lo hicieron como<br />
buenamente pudieron.<br />
Después de acabar el HeadStart empezaba algo más complicado, el primer grado. Como<br />
no teníamos casi dinero, no podíamos comprar mucho material escolar, por lo que solía<br />
llevar un par de libretas y un bolígrafo. Eso desencadenó una serie de burlas por parte<br />
de mis compañeros de clase, quiénes me llamaban pobre, malnacido e incluso alguna<br />
vez llegué a escuchar bastardo, echo que consiguió una repugnancia a ir al colegio,<br />
aunque fuese obligatorio. Aun aguantando las burlas conseguí medio aguantar el curso<br />
y, aunque quizás fui tonto, seguía confiando en la gente, en que habría alguien que me<br />
tratara como creo que se me debía tratar. Otra cosa también es cierta, desde pequeño<br />
descubrí que no me gustaba estudiar y que, por lo tanto, no iba a tomar ese camino en<br />
mi vida, al menos estudios a nivel universitario. Durante el segundo grado no fui a mejor,<br />
pero tampoco a peor. No sacaba las típicas notas de estudiante ejemplar pero tampoco<br />
era pésimo; aprobaba por los pelos haciendo la mítica ley del mínimo esfuerzo. Mis<br />
profesores no mostraban la mayor de las preocupaciones, pues sabían que en tema<br />
estudios no le ponía mucha atención, además de que era muy pequeño para estar ya<br />
encima de mi diciéndome 50 veces que tengo que hacer y que no. Quizás una de las razones del porque soy como soy hoy en día se debe a esa falta de atención desde<br />
pequeño, quizás deberían haberme aconsejado de alguna forma, aunque quien iba a<br />
aconsejar a un niño cabezón, que hacía lo que le daba la gana cuando le daba la gana. A<br />
esa temprana edad, junto con los colegas que había hecho en el colegio, nos pusimos de<br />
acuerdo para empezar a coleccionar cosas como cromos de futbol, baloncesto, chapas,<br />
tazos y un largo etcétera de tonterías que compran los chiquillos para entretenerse y<br />
divertirse. Lo que no sabía yo en esos tiempos era lo mucho que me gustaba coleccionar<br />
chorradas y necesitarlo lo que me falta en poco tiempo o, de lo contrario, hacer<br />
literalmente lo que sea por conseguirlo. Recuerdo con 8 años, en el tercer grado, sonó<br />
la alarma que indicaba que podíamos ir al recreo y había un niño en la clase que tenía<br />
uno de los cromos más difíciles de conseguir en su poder y, al no llevarnos bien, no me<br />
lo quería cambiar. Así pues, aproveché a que se fueran todos de la clase y rebusqué en<br />
su mochila como si de un tesoro se tratase. Una vez encontrado, lo guardé en mi mochila<br />
y me fui con mis colegas. Pensándolo ahora con una cierta edad pienso: “Joder, que puto<br />
gilipollas, robando un puto cromo, jugándome una tremenda bronca del profesor y,<br />
posiblemente, del director del centro.” Por suerte, nadie se dio cuenta hasta la semana<br />
siguiente, cosa por la cual ni me preocupé porque ya lo tenía en casa, puesto en su<br />
respectivo apartado del álbum.<br />
Algo similar pasó con un par de años más, con 10, aunque bien es cierto que fue algo<br />
más que un cromo. Estaba en el supermercado del pueblo con mi madre y vi un producto<br />
que se lo había visto a un colega en el colegio y lo quería probar. Como ya he dicho<br />
anteriormente, mi familia no era precisamente adinerada, por lo que se tenía que<br />
comprar lo justo para pasar la semana y, a veces, incluso menos, por lo que teníamos<br />
que pasar hambre. Como de costumbre al no conseguir lo que quería en ese preciso<br />
momento, me lo metí disimuladamente debajo de la camiseta, a la altura del ombligo y<br />
me lo llevé a casa. Mi madre, que no era partidaria ni mucho menos de ese tipo de<br />
conductas, se enfadó mucho y me requisó todos los cromos, chapas, tazos, etc. No pasé<br />
una de mis mejores épocas. Aunque parezca una tontería, era una de las cosas que más<br />
feliz me hacía, tener algo en común con los colegas y poder hablar de ello. Llegó pues la<br />
secundaria, un gran paso en la vida de una persona, en donde dejas de ser un crío y te<br />
conviertes en un adolescente. Una etapa en la que tienes que madurar y dejar atrás<br />
ciertas cosas que hacías cuando eras un niño y adquirir otras cosas. En mi caso no creo<br />
que escogiera el mejor de los cambios.<br />
Dejé de coleccionar cosas y empecé a dedicar parte de mi tiempo al mundo de las BMX.<br />
Obviamente no tenía el dinero ni mucho menos para comprar una, por lo que no podía<br />
ir al típico skatepark a realizar alguno de los trucos que había visto en alguna que otra<br />
revista mangada del quiosco. Un día pasé a curiosear por el skatepark más conocido en<br />
Los Santos, por la zona de Del Perro. Ahí había un montón de gente de más edad con<br />
patinetes y bicis realizando trucos. Quedé fascinado ante semejante arte, lo que se podía<br />
llegar a hacer con una simple bici. En ese momento se me metió en la cabeza, sabe Dios porqué, en intentar participar en alguna competición importante de parkour con BMX.<br />
Recuerdo que sobre el año 2014 o 2015 hicieron en ese skatepark una especie de<br />
evento, en la que te prestaban una bicicleta y se repartían diferentes precios entre los<br />
tres primeros. La cosa era que nunca me había subido a una bicicleta, por lo que no sabía<br />
cómo funcionaba eso y, también, que para poder participar se tenía que pagar unos 50<br />
pavos. Con el tema de aprender a montar en bici lo tenía más o menos fácil, pues uno<br />
de los únicos colegas que conservaba de primaria (los demás habían ido a otro instituto<br />
o simplemente no coincidíamos en los gustos) me propuso enseñarme a montar en bici<br />
y hacer algún que otro truco. Con el tema dinero me dio 10 pavos, insuficiente para<br />
poder participar. No quería decírselo a mi madre, pues era mucho dinero como para<br />
“apostarlo” en un evento que no iba a quedar ni entre los 10 primeros. Intenté conseguir<br />
algo de dinero pidiendo en los diferentes locales de Los Santos, pero no me llegó por tan<br />
solo 5 pavos. Preguntaba y preguntaba y nadie me los daba, quizás por los harapos que<br />
llevaba puestos y porque más o menos se me conocía por la zona como “uno de los<br />
chicos de los barrios pobres”. Como de costumbre, necesitaba participar en ese evento<br />
si o si, por lo que tenía que conseguir el dinero costase lo que me costase, así que le robé<br />
la billetera a un señor mayor por la zona del pier. Si, lo sé, soy un pedazo de cabrón,<br />
robar está mal, y más a la gente mayor, pero era por una necesidad personal, era eso o<br />
volverme loco y enfadarme muchísimo con todo el mundo.<br />
Llegó el día del evento, había practicado lo suficiente y había pagado la entrada. Tan<br />
solo había 15 participantes, entre los cuales me encontraba yo. Al principio no me sentí<br />
muy cómodo en la bicicleta, supongo que al ser una bici diferente a la que estaba<br />
acostumbrado, tenía que pillarle el truquillo. A pesar del irregular inicio conseguí llegar<br />
a la tercera posición, por lo que adquirí un premio de 500 pavos. Cuando volvíamos a<br />
casa con mi colega, le estuve diciendo las cosas que podía hacer con ese dinero. ¡Era<br />
muchísimo para alguien como yo! Lo primero y única opción viable que se me pasó por<br />
la cabeza fue comprar una bicicleta BMX y tunearla a mi gusto. Mi colega me dijo que<br />
era un egoísta de mierda, que lo que debía de hacer era dar una parte del premio a mi<br />
familia y que le tenía que devolver los 10 pavos, los cuales no se los devolví porque creía<br />
que si había ganado ese premio no era del todo gracias a él.<br />
Los siguientes años fue un poco caos, ya que todo el mundo en el instituto me daba la<br />
espalda por lo que le había hecho a quien era mi colega. Aun así, no me arrepentía, el<br />
dinero me lo había ganado y para él 10 dólares era una mierda comparado con lo que<br />
eran para mí. Fue una época de soledad y oscuridad, no hablaba con nadie y estaba<br />
toqueteando la BMX y pensando que más cosas le podía hacer con esos 500 pavos que,<br />
por supuesto, iban a ir destinados al amor de mi vida (la bicicleta). En tema estudios iba<br />
a peor, si años atrás llegaba a aprobar algún examen, ahora ya ni eso. Cada vez me sentía<br />
más solo y por mi cabeza cada vez rondaba más qué significado tiene la vida, que era<br />
realmente la vida. Conseguí salir de ese “mundillo” escuchando música, estilo rap/hip hop, ya que sentía que era el estilo que más me representaba, tanto en ideología y forma<br />
de vestir.<br />
Con 16 años me compré mi primera BMX con el dinero de premio. Me sobró algo, que<br />
lo guardé para las fiestas del pueblo que eran la semana siguiente, en la que probé todo<br />
lo que se podía probar en una fiesta: alcohol, tabaco y marihuana. ¿El alcohol? No estaba<br />
malo. ¿El tabaco? Tampoco estaba mal, quizás con un café después de comer hubiera<br />
entrado mucho mejor. ¿La marihuana? Sinceramente no me sentó nada bien, muy<br />
probablemente por el ciego que llevaba. Eso sí, al día siguiente me apetecía probarlo de<br />
nuevo, en mejor estado, sin estar bajo los efectos del alcohol. Ese porro me sentó algo<br />
mejor, aunque tampoco era que me gustase demasiado. Fueron pasando los meses, las<br />
fiestas, las borracheras y los porros y cada vez me enganchaba más a las tres cosas, de<br />
manera que llegué a un tipo de obsesión que me llevó a tener que salir literalmente cada<br />
fin de semana de festa, beber y fumar yerba. Un día, en la verbena de North Yankton en<br />
la que recién cumplía 17 años, la policía local me pilló con 50 gramos de yerba, lo cual<br />
se ve que está condenado a 5 meses de prisión y una multa de 1000 pavos. Como no<br />
podía pagar la multa, me dieron la opción de hacer trabajos comunitarios, de manera<br />
que compensaban con el precio de la multa. Mis padres, cuando se enteraron,<br />
estuvieron un par de días sin saber que hacer conmigo, cosa bastante normal. Pasados<br />
estos dos días, viniendo del parque, me encontré un montón de maletas y una nota<br />
pegada con celo que decía lo siguiente:<br />
“Querido hijo.<br />
Han sido unos meses complicados para nosotros. Como ya sabes económicamente no<br />
nos va muy bien y tu comportamiento tampoco ayuda mucho, tu papel en casa es<br />
más bien inútil que útil. No te voy a mentir, esto ha sido la gota que ha colmado el<br />
vaso. Puedes pensar que somos unos hijos de puta o cualquier otra cosa, pero es por el<br />
bien de todos. Tienes casi 18 años, sabrás como buscarte la vida. Mira en el interior<br />
de la maleta roja, encontraras un billete de avión a casa de la abuela. Estate el tiempo<br />
que necesites hasta que te relajes o hasta que cambies un poco.<br />
Te quieren,<br />
Papá y mamá.”<br />
Cogí el vuelo a casa de mi abuela, que vivía en un pueblecillo de Málaga, en España.<br />
Cuando llegué a su casa, que ya tardé la de Dios en encontrarla, no dijo absolutamente<br />
nada, un simple y frío “hola”. No sabría decir si me sorprendió o no, pues llevaba como<br />
8 años sin verla, desde mi comunión, por lo que se tendría que alegrar de verme. Por<br />
otro lado, lo vi normal, seguramente sabía por qué me encontraba allí; mi madre y mi<br />
abuela hablaban constantemente desde que se inventó el WhatsApp. Una vez instalado<br />
no acababa de encontrar mi sitio. No conocía a nadie, sentía como que faltaba algo.Tardé unos 6-7 meses para conseguir curro en un supermercado. No era el trabajo<br />
soñado obviamente, pero para tener algo de dinero para algo de marihuana, alguna<br />
cerveza y ayudar a mi abuela, que la pensión que recibía del Estado no era la que todos<br />
quisieran tener.<br />
Recuerdo un día, en pleno verano del 2019, cuando tenía 18, con el sol cayendo sobre<br />
mi espalda, tratando de arreglar el coche de mi abuela, que perteneció a mi abuelo.<br />
Siendo sinceros no tenía ni idea de cómo arreglar el coche, pues lo único de mecánico<br />
que había hecho era recolocar la cadena de la BMX cuando se salía. Mi abuela me<br />
reiteraba que llevase el coche al puto mecánico, pero no estaba dispuesto a pagar un<br />
euro por alguna cosa que, tarde o temprano podía arreglarlo yo. Tardé más o menos un<br />
mes en arreglarlo. Viendo el libro de averías pude averiguar que el problema era de la<br />
correa de distribución, por lo que tuve que comprar una de nueva. Recuerdo también<br />
ese mismo verano, conocí a una muchacha dando un paseo por la playa, Marina. Era una<br />
muchacha morena, ojos azules, con un cuerpazo espectacular, a la altura de los<br />
mismísimos dioses. Le pedí el número de teléfono y estuvimos hablando durante un<br />
tiempo, aunque no sirvió para nada, pues acababa de salir de una relación y no quería<br />
nada hasta u tiempo. Aun así, seguíamos hablando día si día también, teniendo<br />
esperanzas de que algún día podría tener algo con ella.<br />
A los pocos meses decidí volver a Los Santos. Le conté el plan que tenía a mi abuela. Le<br />
dije que había aprendido cosas en el periodo de tiempo que había vivido con ella, que<br />
había madurado y que estaba listo para volver a mi vida en Los Santos. Lo que no me<br />
esperaba yo para nada fue que me dijo que seguía siendo un chaval inmaduro,<br />
empanado pero feliz con los míos, egoísta, sin muchas ambiciones en la vida,<br />
conformista, follonero, cabezón y un genio de la mentira, pero eso sí, sabía cómo<br />
arreglar una parte de un coche, cosa que poca gente en mi familia podía hacer. Después<br />
de eso nos dimos un abrazo y compré los billetes para volver a Los Santos. Cuando fui al<br />
banco a hacer el cambio de moneda no me lo aceptaron porque al no tener ninguna<br />
cuenta bancaria en el país, no se me permitía realizar eso, por lo que tuve que viajar a<br />
Los Santos con lo justo para poder pedir un taxi, comprar algo de comer y beber.<br />
Y aquí me veía yo, con 20 años, casi 21, después de estar tres añitos viviendo con una<br />
segunda madre que nunca tuve pero que siempre supe que la tendría para lo que fuera,<br />
volando de Málaga a Los Santos. Durante el viaje iba pensando en la gran cantidad de<br />
cosas que podría y que quiero hacer en mi vuelta a la gran ciudad. El viaje era largo, y<br />
como consecuente, muchas las ideas que pasaban por mi cabeza. Tengo algunas cosas<br />
claras a las que no quiero volver, tales como robar por gusto y, lo más importante,<br />
traicionar a la calle. Pensé también en las palabras que me dirigió mi abuela antes de<br />
marcharme. Dándole vueltas me di cuenta de que en algunas cosas tenía razón, por no<br />
decir que en casi todas. Supongo que sacando esta conclusión me quito de encima lo de cabezón. Lo que si tengo claro es que quiero encontrar a alguien en quien poder confiar,<br />
encontrar un trabajo, a poder ser de mecánico, ya que cuando tengo algún problema<br />
con la bici o cuando estuve arreglando el coche de mi abuela, me gustó bastante y me<br />
sentí cómodo manejando todo tipo de artilugios y las partes del coche. Además, me<br />
gustaría estudiar algo de mecánica y tratar de convertirme en uno de los mejores<br />
mecánicos de la ciudad.<br />
Últimamente he perdido muchos miedos, entre los cuales están perder a personas, ya<br />
que si me dejan de lado significa que no me quieren y que, realmente un día u otro, me<br />
iban a dejar. A lo que realmente le tengo miedo es a la muerte y a no encontrar a nadie<br />
en quien poder confiar.</p>
]]></description><link>https://foro.gtahub.gg/post/15287</link><guid isPermaLink="true">https://foro.gtahub.gg/post/15287</guid><dc:creator><![CDATA[geraaard18]]></dc:creator><pubDate>Thu, 06 May 2021 21:35:18 GMT</pubDate></item><item><title><![CDATA[Reply to Jayden Jones on Thu, 06 May 2021 22:03:49 GMT]]></title><description><![CDATA[<p dir="auto">Compi intenta editar la historia separando en parrafos o algo que has puesto ahi un bloque entero jajajaja</p>
]]></description><link>https://foro.gtahub.gg/post/15292</link><guid isPermaLink="true">https://foro.gtahub.gg/post/15292</guid><dc:creator><![CDATA[Nolosetio]]></dc:creator><pubDate>Thu, 06 May 2021 22:03:49 GMT</pubDate></item></channel></rss>