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el mejor rato de todos ;p.
-Nombre completo: Tamara Rodriguez -Edad: 20 años -Lugar de nacimiento: Las Palmas de Gran Canaria -Nacionalidad: Española -Sexo: Mujer -Hermanos: Richard Rodriguez y Víctor Santos -Apariencia: cabello largo castaño, ojos azules, piel fina y un poco pálida, estatura 1`57, peso 50kg Personalidad: espontánea, suele ser muy cariñosa y atenta
-Historia: La familia nunca fue sencilla, pero siempre fue unida.
Richard Rodríguez, Víctor Santos y Tamara Rodríguez crecieron bajo el mismo techo, con la misma madre y un padre cuya presencia marcó a cada uno de forma distinta. Desde fuera parecían una familia normal; desde dentro, aprendieron pronto que no todos cargan con el pasado de la misma manera.
El padre era un hombre rígido, orgulloso de su apellido y de lo que representaba. Exigía respeto, orden y obediencia, especialmente a sus hijos mayores. Richard encajó bien en esa idea. Creció creyendo que las normas eran necesarias y que el apellido Rodríguez debía mantenerse limpio. Con el tiempo, convertirse en policía fue casi natural para él.
Tamara, la menor, heredó ese mismo sentido de responsabilidad, aunque con más empatía. Pero a diferencia de su hermano, ella no soñaba con una placa ni con imponer la ley. Soñaba con salvar vidas.
Desde pequeña se quedaba despierta cuando su madre enfermaba, aprendiendo los nombres de los medicamentos. Era la que llevaba hielo cuando alguien se golpeaba, la que se sentaba al lado en silencio cuando el dolor no era físico. Mientras Richard admiraba el uniforme de su padre, Tamara observaba las manos: las manos que curaban, que sostenían, que temblaban.
Quiso ser médica no por rebeldía, sino por convicción. Sentía que sanar era otra forma de justicia.
El padre no lo entendió al principio. Para él, la medicina era un camino incierto, demasiado blando. Intentó convencerla de que eligiera algo “más firme”. Tamara lo escuchó, pero no cedió. Fue la primera vez que lo desafió sin levantar la voz.
Víctor, el hermano del medio, fue quien más la apoyó en silencio. Tal vez porque entendía lo que era no encajar en las expectativas del apellido Rodríguez.
No porque fuera problemático, sino porque sentía que ese apellido pesaba demasiado. Cada error era una decepción, cada duda una falta. Su padre nunca lo vio como alguien suficiente, y eso dejó una grieta que nadie supo cerrar a tiempo.
Tamara, mientras tanto, estudiaba hasta el amanecer. La carrera de medicina no fue fácil. Hubo noches de guardia interminables, exámenes que parecían imposibles y momentos en los que dudó si era lo suficientemente fuerte. Cada vez que pensaba en rendirse, recordaba algo simple: alguien, en algún lugar, necesitaría sus manos firmes.
Richard temía el día en que el mundo de Víctor chocara con el suyo. Tamara temía el día en que alguno de los dos llegara a su sala de urgencias.
Sabían a qué se dedicaba Víctor. Nunca lo aprobaron, pero tampoco lo rechazaron. Las cenas familiares seguían existiendo, aunque con conversaciones más medidas. Richard hablaba de procedimientos. Tamara hablaba de pacientes sin dar nombres. Víctor escuchaba más de lo que decía.
A pesar de todo, seguían cuidándose.
Cuando Richard tenía dudas sobre su trabajo, Tamara le recordaba por qué proteger también era un acto humano. Cuando Víctor se metía en problemas, Tamara curaba heridas sin hacer preguntas que no quisiera responder. Cuando Tamara dudaba de sí misma después de perder a un paciente, sus hermanos se sentaban a su lado hasta que el silencio dejaba de pesar.
Hoy, los tres caminan por lados distintos de la misma calle.
Richard Rodríguez, policía, cree en el orden. Tamara Rodríguez, médica, cree en sanar lo que el mundo rompe. Víctor Santos, cree en elegir quién quiere ser.
No son enemigos. No son perfectos. Son hermanos que aprendieron que la familia no se define por un uniforme, un título o un apellido, sino por quién se queda cuando las cosas se complican.por quién se queda cuando las cosas se complican.