++ $t("links.title") ++
Your browser does not seem to support JavaScript. As a result, your viewing experience will be diminished, and you may not be able to execute some actions.
Please download a browser that supports JavaScript, or enable it if it's disabled (i.e. NoScript).
Carlos Pasto nació y creció en los barrios más duros de Los Santos. Desde pequeño, fue testigo de la violencia y el crimen que asolaban a su comunidad. Hijo de inmigrantes colombianos, Carlos se enfrentó a numerosas dificultades económicas y sociales, lo que lo empujó a buscar medios para sobrevivir en un entorno hostil.
Durante su adolescencia, Carlos se involucró en actividades delictivas menores, como muchos de sus amigos. Robos pequeños, carreras ilegales y alguna que otra pelea callejera fueron parte de su día a día. Sin embargo, a diferencia de muchos de sus compañeros, Carlos siempre tuvo un fuerte sentido de justicia y una conciencia que lo hacía reflexionar sobre sus acciones.
Un evento crucial en la vida de Carlos ocurrió cuando tenía 18 años. Durante un robo a mano armada en una tienda local, Carlos fue arrestado por el oficial de policía Javier Mendes. En lugar de tratarlo como un criminal irredimible, el oficial Mendes vio potencial en el joven Carlos. Le habló sobre la importancia de las decisiones en la vida y cómo era posible redimirse y cambiar el rumbo de su destino.
Este encuentro dejó una profunda impresión en Carlos. Decidió alejarse de las pandillas y de la vida delictiva, optando por trabajar en empleos honestos aunque mal remunerados. Carlos tomó varios trabajos temporales, desde obrero de construcción hasta repartidor de pizzas, mientras terminaba su educación secundaria en clases nocturnas. Inspirado por las palabras del oficial Mendes y por el deseo de transformar su vida y su comunidad, Carlos empezó a involucrarse en actividades comunitarias.
Se convirtió en voluntario en programas locales de juventud, ayudando a otros jóvenes a evitar el camino del crimen. Su dedicación y esfuerzo no pasaron desapercibidos, y pronto se ganó el respeto de muchos en su vecindario. A los 28 años, tras varios años de arduo trabajo y dedicación, Carlos decidió que la mejor manera de hacer una diferencia real en su comunidad era apoyando a los que si hacen un verdadero cambio.