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Niñez (0 – 12 años) Vyacheslav nació en Tobolsk, Siberia, igual que su padre, Vladislav Sicorenkiz. Creció en una casa llena de lujos, pero rodeada de secretos. Desde pequeño presenció reuniones extrañas, hombres tatuados con mirada fría y conversaciones en voz baja que se detenían cuando él entraba en la sala. A diferencia de otros niños, nunca conoció una vida inocente. Para Vyacheslav, los autos de lujo y las armas guardadas en la oficina de su padre eran parte de lo normal. Sabía que su apellido tenía peso y que el respeto hacia Vladislav no provenía de negocios legales.
Adolescencia (13 – 17 años) Durante su adolescencia, Vladislav seguía activo en sus negocios criminales, viajando con frecuencia entre Rusia y Los Santos, donde mantenía lazos con mafias locales y grupos paramilitares. Vyacheslav apenas lo veía, pero cada vez que regresaba, lo observaba como a un héroe: fuerte, frío y con un aura de poder que imponía respeto. En esos años, Vyacheslav comenzó a entrenar en boxeo y tiro deportivo, inspirado en su padre. Quería demostrar que estaba listo para ocupar un lugar en el mundo que Vladislav representaba. Aunque aún no entendía toda la magnitud del legado, sentía que tarde o temprano le tocaría asumirlo.
Milicia (18 – 20 años) A los 18 años, decidió ingresar en la milicia rusa. No lo hizo por obligación, sino por voluntad propia, convencido de que la disciplina y la dureza lo acercarían a ser como su padre. Allí destacó por su resistencia al frío, al hambre y al castigo. Mientras otros jóvenes se quejaban, él soportaba todo en silencio. Los instructores lo consideraban un soldado nato, alguien que no buscaba gloria, sino fortaleza. En su interior, Vyacheslav veía cada día de entrenamiento como una preparación para algo mayor: ser digno del apellido Sicorenkiz.
Ejército & Grupo Wagner (21 – 24 años) Tras completar la milicia, Vyacheslav se incorporó al ejército ruso. Allí perfeccionó su dominio de armas, táctica y combate cercano. Su perfil llamó la atención del Grupo Wagner, que lo reclutó para misiones en Medio Oriente y África. En Wagner conoció la brutalidad real de la guerra: pueblos arrasados, combates sin reglas, vidas perdidas por órdenes que no se discutían. Se forjó como un soldado implacable, frío y calculador. A sus 24 años, era un veterano joven con más cicatrices emocionales que la mayoría de los hombres el doble de su edad.
El golpe (24 años) Fue en ese mismo año, durante un permiso en Rusia, cuando recibió la noticia que lo cambiaría todo: su padre, Vladislav Sicorenkiz, llevaba tiempo desaparecido en Los Santos. No había cuerpos, ni pruebas, solo rumores y el eco de su apellido en los registros del FIB. Para Vyacheslav fue un impacto devastador. Había vivido toda su vida creyendo que Vladislav era intocable, una figura inmortal. Enterarse de su desaparición no solo fue un golpe personal, sino también una llamada al deber: el legado Sicorenkiz estaba en peligro de extinguirse.
Llegada a Los Santos (25 años – actualidad) Con 25 años recién cumplidos, Vyacheslav abandonó Rusia y viajó a Los Santos, siguiendo las huellas de su padre. Llegó con una misión clara: descubrir qué le ocurrió a Vladislav y reconstruir el poder de su apellido en la ciudad. Aunque joven, su paso por la milicia, el ejército y Wagner lo había convertido en un hombre endurecido, frío y estratégico. En Los Santos no se presenta como un huérfano buscando respuestas, sino como un heredero dispuesto a imponer respeto. Ahora, Vyacheslav camina las calles que una vez recorrió su padre, sabiendo que cada trato, cada enemigo y cada aliado puede acercarlo a la verdad… o llevarlo directo a la misma tumba desconocida de Vladislav.
Edad: 25 años
Lugar de nacimiento: Tobolsk, Rusia
Nacionalidad: Ruso
Sexo: Masculino
Padres:
Padre: Vladislav Sicorenkiz, fue un gran mafioso de la ciudad de Los Santos, nacido en Tobolsk, como su hijo, actualmente esta desaparecido tras ser perseguido por el FIB
Madre: Svetlana Belyaeva, esposa de Vladislav, siempre mantuvo en silencio su "trabajo". Se encuentra en Tobolsk actualmente.
Apariencia física: 185cm, 25 años, aparenta ser un poco mas viejo por su forma de vestir y su peinado, atlético, entrenado.
Personalidad: Fría, calculadora. Tocado psicológicamente por su pasado en la milicia.
Lugar: Desierto de Siria, 2023.
El sol cae a plomo sobre un paraje seco y silencioso. Cinco hombres del Grupo Wagner caminan entre las ruinas de un pueblo devastado. El humo aún sale de algunas casas, y el olor a pólvora y muerte lo envuelve todo.
Uno de los mercenarios, Aleksei, arrastra a un prisionero con una bolsa negra en la cabeza. Otro, Yuri, revisa el perímetro con el arma en mano. El joven Vyacheslav, de mirada helada, se mantiene a un costado, su uniforme salpicado de sangre seca.
El Capitán Makarov se detiene frente al grupo, mirando el cielo como si esperara que algo lo detuviera… pero sabe que nadie vendrá.
— ¿Nombre del objetivo? —pregunta Makarov, sin mirar al prisionero.
— Hafez Al-Rami. Confirmado —dice Yuri, entregando una foto.
Makarov asiente. Luego, gira hacia Vyacheslav.
— Te toca, Sicorenkiz.
El resto lo observa. Nadie dice nada. Vyacheslav avanza sin emoción, saca su pistola y, en un solo disparo al cráneo, ejecuta al prisionero. Cae como un saco al suelo.
Aleksei rompe la tensión.
— Joder… Ni siquiera preguntó nada. Ni una palabra. ¿Qué es, un robot?
Yuri se ríe, pero sin gracia.
— No es un robot. Es un puto cero. — ¿Un qué? —pregunta Aleksei. — Un cero, hermano. Mira sus ojos… no hay nada. Cero preguntas, cero remordimientos, cero dudas. Lo que le digan, lo hace. Lo que vea, lo entierra.
Makarov se cruza de brazos, observando a Vyacheslav mientras limpia el arma en silencio.
— No es la primera vez. Hace tres días limpiamos un bloque entero de insurgentes y él entró primero. Ni pestañeó cuando encontró niños armados. Lo despachó todo, como si fueran sombras. — ¿Y sabes qué más? —añade Yuri—. Nunca pregunta qué hicimos aquí. Cero curiosidad. Solo sigue la orden. Por eso vive. Por eso lo llaman así.
Aleksei se queda mirando a Vyacheslav, que ya está caminando hacia el vehículo.
— Cero… —repite, en voz baja—. El tipo que vino de la nada, sin alma, sin ruido… pero con plomo en las venas.
Año: 2025 Lugar: Bar clandestino en Los Santos.
Un pandillero local se acerca a Vyacheslav, ya convertido en una figura temida. Tiene curiosidad y algo de arrogancia.
— Oye… ¿Por qué te dicen “Cero”, ruso? ¿Es por lo frío que eres o porque vales eso?
Vyacheslav lo mira, en silencio. El ambiente se congela. El ruso deja el vaso en la mesa, se inclina hacia él y dice, sin levantar la voz:
— Porque todo lo que tocar… volver a empezar desde cero. Incluyendo idiotas que preguntar demasiado.
El pandillero traga saliva, da un paso atrás. Nadie vuelve a preguntar.