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NOMBRE COMPLETO: Mia Murphy
EDAD: 23 años
LUGAR DE NACIMIENTO: Buenos Aires, Argentina.
NACIONALIDAD: Argentina/estadounidense
SEXO: Mujer.
PADRES: Nicolas Murphy. Irlandés. Mecánico. Un hombre perseverante, resolutivo y trabajador. De carácter tranquilo pero firme, siempre le enseñó a Mia la importancia de la responsabilidad, la honestidad y el compromiso con el trabajo correctamente hecho. Juliana Fernandez. Argentina. Enfermera reconocida por su vocación de servicio, empatía y dedicación hacia los demás. Servicial, organizada, con una fuerte cultura del esfuerzo y muy comprometida con el bienestar de las personas. Gran influencia en los valores y la sensibilidad de Mia.
APARIENCIA FÍSICA: 1.53 m de altura, contextura pequeña, ojos marrones y cabello castaño, ondulado. De apariencia prolija y sencilla.
PERSONALIDAD: Mia es una persona observadora, perseverante y resolutiva. Destaca por su compromiso y responsabilidad en las tareas que realiza. Tiene una personalidad tranquila, pero firme cuando considera que algo es injusto o incorrecto, abierta al debate en todo momento. Es muy curiosa, disfruta de aprender cosas nuevas y de comprender cómo funcionan las cosas, especialmente relacionadas a la ciencia y la investigación. Tiene facilidad para trabajar en equipo, escuchar y ayudar a los demás, aunque a veces es exigente con sí misma y duda a la hora de tomar ciertas decisiones importantes. Es alguien que aprendió de sus experiencias y busca mejorar constantemente, manteniéndose fiel a sus valores, al respeto por los demás y al deseo de ser útil para la comunidad.
Mia Murphy nació el 20 de abril del 2000 en una ciudad alejada de Buenos Aires, Argentina. En Belén de Escobar, vivió una infancia muy acompañada por su familia. Durante sus primeros años de vida, Mia creció bajo el cuidado de sus abuelos mientras sus padres, Nicolas Murphy y Juliana Fernandez, trabajaban durante largas durante. Fueron ellos quienes le inculcaron valores como el respeto, la responsabilidad y la empatía. A sus 7 años, el padre de Mia perdió su trabajo porque la empresa había cerrado. Sumado a que en ese momento los abuelos lamentablemente habían fallecido, Mía quedó a cuidado del mismo, ya que no tenían a alguien de confianza con quien dejarla. Nicolas, el padre de Mia, se dedicaba a la mecánica, tenía mucho conocimiento en reparar tanto autos y camiones. Tuvo que arreglárselas para salir adelante, así que se armó su pequeño taller mecánico en el garaje de su casa. Con esfuerzo y constancia, el pequeño taller comenzó a crecer, ganándose la confianza de vecinos y clientes de la zona. Su madre, Juliana, dedicada a la salud siendo enfermera, se desempeñaba en un hospital municipal de la zona. Una señora muy abocada a su trabajo, servicial y querida por todos, siempre dispuesta para auxiliar y socorrer a sus cercanos en cualquier momento. Un ejemplo de mujer con todas sus letras para su hija.
Inquieta, curiosa y observadora, cuando no tenía mucho por hacer en su casa, acompañaba a su papá a arreglar vehículos en el garaje, en lo que fue aprendiendo y a sentir cada vez más interés por los vehículos. Le gustaba mucho encontrar la causa de alguna falla o problema y solucionarlo.
Mia era una excelente alumna, sus padres no tuvieron que estar muy encima de ella para que cumpliera con sus deberes, no tenía las mejores notas pero era alguien destacable por ser compañera, alguien que demostraba interés y persistente en lo que se proponía. Alrededor de sus 15 años, ya casi terminando la secundaria, se despertó un fuerte interés por las ciencias naturales y la biología gracias a una profesora que incentivó su curiosidad, Laura… Ambas participaron en proyectos académicos y comenzaron a interesarse por comprender el funcionamiento del cuerpo humano y la investigación científica. Ella fue una gran referente y guió a Mia para descubrir lo que quería para su futuro.
Terminó el colegio teniendo muy en claro que carrera seguir, Bioquímica. Se anotó en una universidad privada y con el sueldo que conseguía por trabajar algunas horas al día con su padre, lograba costearla, dificilmente pero lo conseguía. En el transcurso de su estudio, participó de un proyecto en el cual destacó notablemente sus capacidades. Esto llevó a Mia a conseguir una beca en una universidad de Estados Unidos, específicamente en la ULSA. Esto significaba un gran cambio en su vida… ella muy decidida, con muchas expectativas e ilusionada, se lo comunicó a sus padres y en pocos meses se encontraba cursando el seguimiento de su carrera. Los costos de vida eran bastantes altos para ese entonces, así que difícilmente tomó la decisión trabajar a la vez que estudiaba, la plata que le mandaban sus padres no fue suficiente para los gastos que tenia. Y qué mejor que dedicarse a trabajar en un taller mecánico? Buscó uno que le quedara cerca de donde se hospedaba y de la universidad, ya que no tenía movilidad propia. Tramitó la ciudadanía estadounidense y a pocos días encontró uno rápidamente, NKS Performance, en cual le ofrecía pocas horas de trabajo por un sueldo casi llegando al mínimo pero alcanzaba.
Mia se las arregló como pudo, era su primera experiencia sola, avanzaba poco a poco pero a paso seguro. Durante ese período tomó una mala decisión influenciada por un entorno inadecuado, involucrándose en un hecho delictivo del que más tarde asumiría completa responsabilidad. Aquella experiencia marcó profundamente su vida y reafirmó sus principios éticos, comprendiendo que ese no era el camino que deseaba seguir.
Conforme pasaba el tiempo, Mia había ascendido rápidamente de rango dentro del taller. Este mismo creció y se expandió, el trabajo fue mucho más formal y serio. Tenía a la responsabilidad de realizar entrevistas, organizar, supervisar, solucionar problemas o inconvenientes, intermediar, entre otras… ella totalmente feliz se abocó a eso, a dar lo mejor de sí para lograr evidenciar que su esfuerzo dió sus frutos y que el taller triunfara. Esto llevó a replantearse si seguir con su carrera de bioquímica, su beca había finalizado, ya no contaba con tanto tiempo para estudiar y asistir a clases, el valor de la universidad era altísimo, sumado a que tenía otras responsabilidades y otros temas de los cuales estar pendiente. No descartó por completo la carrera, su interés perdura hasta hoy… pero momentáneamente se enfocó en su trabajo, se mantuvo realizando cursos que llevaban poco tiempo pero que tenían su reconocimiento.
A sus 23 años, Mia ya era gerente, una chica con mucho conocimiento y profesional dentro de su área. Hasta haber llegado a este punto, ella conoció un poco más a sus clientes frecuentes, así fue que escuchó de un puesto dentro de la LSPD que podía satisfacer sus intereses, la genética y el servicio. Mia se sentía realizada al escuchar y saber que podía resolverle algún problema o simplemente serle de ayuda a alguien. Ella era muy justa y siempre estuvo en contra de las injusticias o imparcialidades que se presentaban en su vida como en el de las personas en general. Le gustaba que las cosas sean directas y claras.
Un día como cualquier otro, se desperto y, después de haberlo meditado por mucho tiempo, se decidió a emprender un gran cambio en su vida y carrera. Intentó tener el mayor conocimiento posible relacionado a la policía, a su manejo, a su accionar y finalmente se animó a postular a Los Santos Police Departament. Convencida de que podía aportar desde sus conocimientos, experiencia y valores, comenzó a capacitarse y a estudiar el funcionamiento policial con el objetivo de construir un futuro diferente.