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Nací y crecí en una familia sencilla, donde desde muy chica me enseñaron que las cosas se consiguen con esfuerzo, respeto y constancia. Mis padres siempre me inculcaron la importancia de ayudar a los demás siempre que estuviera a mi alcance, sin esperar nada a cambio. Gracias a esos valores fui creciendo con una forma de ver la vida basada en la empatía y el compromiso con las personas que me rodean.
Durante mi infancia era una niña bastante curiosa. Siempre hacía preguntas sobre todo lo que veía y me gustaba entender el porqué de las cosas. Pasaba horas leyendo, mirando documentales o aprendiendo cualquier cosa que despertara mi interés. Sin embargo, había un tema al que siempre terminaba volviendo: la medicina. Me llamaba mucho la atención cómo un equipo médico podía llegar a una situación caótica y, aun así, mantener la calma para ayudar a alguien que estaba pasando por uno de los peores momentos de su vida.
Con los años ese interés fue creciendo. Cada vez que escuchaba una ambulancia pasar me preguntaba qué estaría ocurriendo y esperaba que la persona pudiera salir adelante. Empecé a leer sobre primeros auxilios, distintas lesiones y enfermedades, no porque alguien me lo pidiera, sino porque realmente disfrutaba aprender sobre ello. Saber que pequeños conocimientos podían marcar una diferencia en una emergencia me motivaba a seguir investigando y aprendiendo.
A medida que fui madurando también entendí que la medicina no consiste únicamente en saber tratar una lesión o reconocer un síntoma. Detrás de cada paciente hay una persona con una historia, una familia y miedos propios. Comprendí que escuchar, transmitir tranquilidad y actuar con responsabilidad son cualidades igual de importantes que cualquier procedimiento médico. Esa forma de pensar hizo que mi admiración por quienes trabajan en emergencias creciera todavía más.
En mi vida siempre intenté ser una persona responsable con los compromisos que asumo. No soy de abandonar las cosas a mitad de camino y me gusta esforzarme para mejorar constantemente. También aprendí que nadie sabe todo y que siempre hay algo nuevo por aprender, por eso valoro mucho a las personas con experiencia y trato de escuchar sus consejos para seguir creciendo tanto en lo personal como en lo profesional.
No me considero una persona impulsiva. Prefiero detenerme unos segundos, analizar la situación y actuar de la manera más adecuada posible. Creo que mantener la calma en los momentos difíciles es una de las habilidades más importantes que alguien puede desarrollar, especialmente cuando otras personas dependen de tus decisiones.
También disfruto trabajar en equipo. Siempre pensé que los mejores resultados se consiguen cuando cada integrante aporta lo mejor de sí y existe confianza entre todos. Me gusta poder apoyar a mis compañeros y saber que ellos también pueden contar conmigo cuando la situación lo requiera.