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Theo Garavani nació en la costa caribe colombiana, en un barrio humilde donde el calor y el ruido eran parte del día a día. Su padre, Ernesto, trabajaba en el puerto cargando mercancía por jornadas larguísimas y llegaba a casa de pocas palabras, y su madre, Marlene, vendía comida en la calle para ayudar con los gastos. Theo salió a ambos: creció callado y observador, de los que prefieren mirar antes de opinar. Nunca fue un niño problemático, pero tampoco uno apegado. Desde pequeño entendió que en su casa cada quien se las arreglaba solo.
Con los años, la relación con sus padres se fue enfriando sin ningún drama de por medio. No hubo una pelea grande ni una ruptura, simplemente cada uno siguió su camino. Cuando Theo decidió irse del país, sus padres no intentaron detenerlo y él tampoco les pidió permiso. Desde entonces lleva mucho tiempo sin hablar con ellos. Ni llama ni espera que lo llamen, y si alguien le pregunta por su familia, responde con un par de palabras y cambia de tema. No les guarda rencor, simplemente no le interesa. Para Theo, el pasado quedó atrás junto con el barrio donde creció.
Al llegar a la ciudad empezó desde cero, sin conocer a nadie. Consiguió empleo en una empresa de limpieza, donde cumplía su turno en silencio, y poco después sumó un trabajo en transporte. Era un empleado puntual y discreto. Moviéndose de un punto a otro aprendió las calles, los horarios y los atajos de la ciudad, y también aprendió algo que no esperaba: que se puede estar rodeado de gente y sentirse completamente solo. Sus días se parecían demasiado entre sí, y Theo, que nunca había pertenecido a ningún sitio, empezó a notar esa falta.
Fue en una de esas vueltas por Burro Heights cuando, en la parte de atrás de una casa, vio un nombre marcado con grafiti: Block Owner. No era un simple garabato, se notaba que alguien lo había hecho con orgullo y que ese nombre significaba algo en la zona. Theo volvió varias veces, hasta encontrarlos. Theo no les contó su vida ni intentó impresionarlos. Les bastó con verlo, escuchar para entender que era alguien de los suyos.
Así fue entrando poco a poco al bajo mundo, de la mano de Block Owner. Ahí conoció cómo se movía todo lo ilegal, desde las drogas hasta las armas, quién mandaba, quién cumplía y a quién convenía respetar. Su experiencia en el transporte le abrió puertas, porque ya conocía rutas y puntos ciegos de la ciudad, y terminó metido en la venta de cargamentos pesados, moviendo grandes cargas de pistola y cerrando tratos con la misma calma con la que hacía todo. Para él, Block Owner dejó de ser solo una organización y pasó a ser el lugar donde por fin encajaba, la gente con la que se siente parte de algo y a la que le debe su lealtad.
Hoy Theo tiene 20 años y vive en Rancho con su familia BLOCK OWNER, donde casi siempre se le encuentra con los suyos. Su vida ya no se parece a la del chico que llegó con una maleta y un trabajo de limpieza, pero por dentro sigue siendo el mismo: reservado, callado y siempre atento. No presume de lo que sabe ni de lo que ha vivido, y de su pasado no habla.