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Shenji Lak Edad: 20 años Shenji es un joven de piel clara y rasgos marcados, con un rostro sereno y una expresión seria, casi pensativa. Su mirada, de ojos claros, es atenta y directa, la de alguien que observa todo a su alrededor antes de hablar. creció en un barrio humilde de las afueras de San Andreas, en una casa donde el sonido de las sirenas era parte de la rutina. Desde chico fue el más callado y observador. No era el más fuerte ni el más rápido, pero tenía algo que los demás notaban sin saber nombrarlo: cuando alguien se lastimaba, Shenji ya estaba ahí.
Vendaba raspones en la plaza, buscaba hielo para los golpes y se quedaba sentado junto a quien lloraba hasta que se calmaba. Para él no era un juego. Cuando veía a alguien herido, el mundo se achicaba y todo lo demás dejaba de importar.
A los 16 años, volviendo de la escuela, vio un accidente en la ruta frente a su casa. Una moto, un conductor tirado en el asfalto y una multitud paralizada, mirando sin saber qué hacer. Shenji sintió el miedo en el estómago, como cualquiera, pero igual dio un paso adelante. Se arrodilló junto al hombre, le habló con calma y lo mantuvo despierto, repitiéndole que la ayuda ya venía. No sabía mucho, pero sabía que no podía dejarlo solo.
Cuando llegó la ambulancia, el paramédico que se hizo cargo lo miró un segundo y le dijo: “Hiciste lo correcto. La mayoría se queda mirando.”
Esa frase se le quedó grabada. Esa noche no durmió. Volvió una y otra vez a esos minutos en el asfalto, y al amanecer ya lo había decidido: iba a ser paramédico.