Fernando Santana



  • Hola, yo soy Fernando Santana, tengo 25 años y soy hombre. Mido 1.77, me gusta dejarme barba, tengo el pelo de color castaño, suelo llevar gomina para aparentar ser una persona con dinero, aunque más bien me falta y tengo unos ojos grandes y marrones. Soy un hombre serio y cerrado que solo vive para sí mismo, le cuesta confiar en los demás, pero a pesar de eso, también hay una persona bondadosa y sensible que solo muestra a las personas en las que confía plenamente. Odio las mentiras y que se hagan cosas a mis espaldas, nunca he perdonado una mentira. Vengo aquí porque me gustaría compartir con vosotros mi biografía. Nací en un barrio pobre y descolorido de Madrid, capital de España. He vivido con mis padres toda mi vida, aunque ha sido como si no estuvieran, un padre alcohólico llamado Raúl y una madre que se pasa el día fuera de casa llamada Emilia. Aprendí a valerme por mi mismo desde pequeño, me hacía la comida, iba a la compra e incluso aprendí a atarme los zapatos yo solo. Siempre he sido un hombre muy aventurero, desde pequeño me gustaba salir de casa y fingir que era un espía secreto del gobierno, además, cuando el colegio nos llevaba de excursión a la montaña, yo siempre era el primero en salir corriendo y empezar a saltar sobre las rocas. Esto significaba que siempre era yo el primero en caerse y hacerse daño. Yo tenía mi pandilla, éramos tres, Paul, Miguel y yo. Son de las pocas personas en las que he confiado en mi vida, pero tanto Miguel como Paul se fueron, dejándome solo en España. También confiaba en mis padres, pero ellos se gritaban y se pegaban. Un día fui contento a hablar con mi padre sobre un 9 que saqué en un examen en la escuela. Mi padre estaba ebrio y me pegó, me rompió el mando de la televisión en el ojo derecho, me dejo un moratón y una raja de un par de centímetros y por poco creí que me mataba, si no fuera por mi madre, probablemente lo habría hecho. Fue la primera cosa buena que mi madre haría por mí, y también la última. A pesar de que mi madre estaba siempre fuera, ella por lo menos me quería, sentía que no me cuidaban bien, que yo les necesitaba y ellos a mí. Se puso delante de mí y pegó e insultó a mi padre. Él se enfadó, la empujó y en la caída se dio un golpe en la cabeza con la esquina de una mesa. Tuvo un derrame cerebral y no llegamos a tiempo al hospital. Cuando eso yo tenía 7 años. Mi padre fue juzgado y condenado y a mí me pusieron puntos en la brecha. Este hecho marcó mi vida para siempre. No he vuelto a confiar en casi nadie desde entonces, ni siquiera en mi propia familia. Cuando llegué a los 14 años me fui de la casa de mis tíos para no volver nunca. Ellos no me querían allí y yo lo sabía. Estuve viviendo en la calle durante un tiempo, entonces conocí a un hombre mayor que vivía solo con dos gatos. Él era ciego y no tenía ningún tipo de ayuda, vivía en un piso mediocre, con unas paredes a medio pintar, la cocina y los baños con toneladas de insectos recorriendo los suelos, bombillas que parpadeaban… Parecía un piso sacado de una peli de terror, pero era mi única ayuda… Y yo era su única ayuda. Él fue una de las pocas personas en las que pude confiar y uno de los motivos por los que sé lo que es la confianza y lo que significa. Él me ayudó mucho, gracias a él pude terminar la escuela e incluso ir a la universidad. Por desgracia yo mismo le vi fallecer de un infarto en el piso, lo poco que pude hacer fue llamar al servicio de emergencias y rezar, tenía 19 años en ese momento. En la universidad hice una carrera de derecho. De pequeño le decía a mi madre por las noches que quería ser abogado, pero cuando juzgaron a mi padre mis pensamientos cambiaron, a mí mismo me dije que no quería ser abogado, no quería ser quien ayudara a los malos y decidí abandonar mi sueño, ya que sigo teniendo traumas con eso. Mi sueño ahora es ser policía, ya que así podré aprovechar mi carrera de derecho y en lugar de tener que ayudar a los criminales defendiéndoles, solo me dedicaré a cazarlos. Actualmente estoy en el paro, trabajé un tiempo como cajero y como camarero, pero me fui de ambos trabajos porque conseguía muy poco dinero a pesar de mis horas de trabajo. Mi situación económica es pésima, pero al menos me da para vivir. Solo espero, algún día, poder entrar al cuerpo de policía.


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