Max Weller



  • Todo comenzó en el año 1994 donde Peter Weller y María Gómez esperan a su tercer hijo, al que llamarían “Max”. Su padre era de origen estadounidense y su madre era argentina. Viviendo en Santiago del Estero, Argentina, deciden viajar al interior de Córdoba, Argentina, donde vivía la familia de María. Instalados en la casa de los padres de ella, la pareja decide quedarse un tiempo viviendo allí debido a que la situación económica del momento era muy difícil, sumado a eso, sabían que iba a ser el lugar de nacimiento de su próximo hijo. Pasado el tiempo, a sus 4 años, Max inicia su proceso escolar para los más pequeños. Desde chico se notaba que era muy capaz para realizar las actividades, le gustaba mucho jugar y aprender cosas nuevas. Desde pequeño empezó a practicar deportes. El básquet fue su favorito a la hora de elegir y así comenzó a los 6 años cuando la camiseta le quedaba enorme. Esto seguramente se debió a que su madre y sus tías fueron jugadoras de básquet, incluso dos de ellas fueron convocadas a la selección nacional de mayores. Se podría decir que llevaba ese deporte en la sangre. Unos meses después, Peter es internado debido a una enfermedad pulmonar muy grave. Desde ese momento la vida de Max se convirtió en estar viajando dos veces por semana a visitar a su padre al hospital de una ciudad cercana donde se encontraba internado y transitando dicha enfermedad. Al cabo de un año y después de varias operaciones, se comunican con la familia desde el hospital para avisarles que Peter había fallecido minutos atrás, esta noticia llegó unos días antes de que Max cumpliera sus 7 años. Esto golpeó muy duro a la familia. Empezaron a acrecentarse los problemas económicos debido a que ahora solo había un ingreso de dinero en la casa, los ánimos no eran buenos, la situación del país no vislumbraba un panorama esperanzador y eso generó muchas discusiones y problemas. Max se mostraba firme y parecía que a él esto no le afectaba tanto pero por dentro sabía que su padre ya no estaba y que iba a crecer sin ese compañero. Se dio cuenta que lo único que lo podía alejar un poco de ese entorno eran los deportes. Siguió con el básquet y a los 11 años empezó a jugar al fútbol. Ese cambio no duró mucho ya que, por problemas con el entrenador, decidió dejarlo.

    La infancia de Max fue tranquila ya que tenía a sus amigos del barrio que eran unos niños muy buenos, provenían de familias muy humildes como la suya y ninguno se metía en problemas. María trabajaba todo el día en la oficina de una empresa agrícola para poder solventar los gastos de impuestos y todo lo que había que comprar para que no faltara nada. Estaba muy poco tiempo en casa, siempre que tenía un poquito de tiempo lo utilizaba para ayudarlo con sus tareas escolares y comentaban como había estado el día de cada uno. La mayor parte de su infancia la pasó con sus abuelos porque vivían en la misma casa. Ellos lo pasaban genial ya que podían disfrutar de su nieto todo el tiempo que tenían y es así como pasaban casi todo el día juntos. Durante el resto de su infancia siguió con el deporte que era lo que lo mantenía siempre activo físicamente y también le permitía despejarse y evitar esos pensamientos negativos de las cosas malas que le iban sucediendo. Unos amigos lo invitaron a practicar voley en un club de la ciudad y de a poco fue dejando el deporte favorito que lo acompañó durante toda su niñez.

    Ya con 12 años, el paso a la escuela secundaria que eligió provocó un cambio muy importante en su día a día, a partir de que comenzó tuvo que dedicar la mayor parte del día a ese lugar. Los horarios que tenía ya no le permitían juntarse con sus amigos del barrio, los de siempre. Tuvo que conocer muchos chicos nuevos que luego empezarían poco a poco a ser sus amigos. Pasó 6 años muy lindos y llenos de aprendizaje, hermosos momentos que quedarán siempre en su memoria, recuerdos de algunos días inolvidables, profesores que le transmitieron mucho afecto y también se llevó muchos amigos en el trayecto. El sabía que todos esos años llenos de sacrificio, pero también de buenos momentos lo estaban preparando para un futuro lleno de incertidumbre al no tener claro que iba a ser cuando finalizara la escuela. Por su mente pasaba ser profesor de educación física, ser policía, ingresar al cuerpo de bomberos de la ciudad o tal vez, ser entrenador de alguno de sus deportes que tanto bien le hicieron en su infancia. Era un apasionado de ayudar a la gente y colaborar en todo lo que hiciera falta siempre que pudiera, siempre estaba colaborando con organizaciones sin fines de lucro con el único objetivo de poder hacer felices a los demás, era también su felicidad y eso lo llenaba de emoción.

    Ya decidido, con 18 años y la escuela secundaria completada, comienza su nueva etapa, la universitaria. Eligió el profesorado de educación física. Su idea era perfeccionarse para ser un preparador físico de algún club o para trabajar en un gym. Todas las personas con las que había hablado sobre esta carrera universitaria lo alentaban para que la comenzara ya que le iba a brindar todas las herramientas necesarias para lo que pretendía hacer en su futuro. Al poco tiempo de haber ingresado se dio cuenta de que no era lo que había imaginado y muy poco de lo que le habían comentado. Viendo esta situación y sin querer desperdiciar tiempo de su vida intentando continuar con esa carrera que tal vez iba a terminar dejando más adelante, toma la decisión de abandonarla. Tras muchas idas y vueltas, de pensar en lo económico y en cuanto eso lo iba a afectar, es que se inclina por realizar el curso de entrenador personal en un instituto de la ciudad en la que residía. A los 20 años estaba recibiendo el título profesional que lo certificaba como tal. Al mismo tiempo inició el curso de árbitro de vóley con el que podía generar unos ingresos para mantenerse mientras estudiaba y así también podía comprarse algunas cosas que necesitaba con su propio dinero. Intentó ingresar a la policía local pero sus intentos se frustraron cuando le comunicaron que debido a la gran cantidad de personas que ya se habían anotado, no quedaban más vacantes para ingresar.

    Ya a sus 24 años se presenta en una empresa financiera donde necesitaban empleados dedicados a la labor administrativa con atención al público. Pidió el trabajo, le concedieron una entrevista y a los pocos días le avisaron que decidieron elegirlo, podía empezar a trabajar allí una vez que completara todos los trámites de ingreso. Luego de 3 años de arduo trabajo en esa empresa, el país sufre una gran crisis económica que impacta directamente en la parte económica y comercial. La empresa se ve obligada a disminuir su personal para poder sostenerse y no tener que cerrar sus puertas. Sin más remedio empiezan a despedir a algunos de sus empleados más nuevos y lamentablemente en este grupo se encontraba Max.

    Al verse envuelto en este problema de haber quedado desempleado y ver que ya no tenía ese ingreso necesario para mantenerse, comienza a buscar trabajo por todos lados y al no poder acceder a ninguno, decide entrar en internet a buscar trabajos fuera de su país. Luego de una larga búsqueda, encuentra que en una ciudad ubicada en el país del que provenía su padre, estaban necesitando personal para cubrir diversos puestos de trabajo. Pensando que tal vez no tendría otra buena oportunidad como esta, decide que lo mejor iba a ser usar algo de sus ahorros para comprarse un pasaje de avión directo a Estados Unidos y ver que le depararía el destino en su nueva etapa de vida.

    Actualmente, con 27 años, acaba de llegar a la ciudad de Los Santos buscando algún trabajo disponible, sin importar por donde tenga que empezar.

    Miedos:

    • Perder a su madre.
    • La delincuencia.
    • No conseguir trabajo ya que dejo todo para triunfar aquí.
    • Tener que volver a Argentina con las manos vacías.

    Aspiraciones:

    • Tener un buen sustento económico para crecer y ayudar a su familia.
    • Comprar una casa propia.
    • Formar una familia y ser feliz.

    Personalidad:

    • Serio.
    • Humilde.
    • Desconfiado.
    • Introvertido.
    • Responsable.

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