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NOMBRE COMPLETO: Ángel Beltran
EDAD: 24/10/1995 - 27
LUGAR DE NACIMIENTO: Los Ángeles, U.S.
NACIONALIDAD: Estadounidense
SEXO: Hombre
PADRES: Carlos Beltran y Sarah Watson
HERMANO: Raúl Beltran
APARIENCIA FÍSICA:. Piel blanca ,1’77 , ojos marrones, pelo negro, complexión fuerte, suele vestirse con ropa muy vistosa.
APARIENCIA PSICOLÓGICA: Inseguro con los que no conoce, Dubitativo, Cerrado, Atrevimiento, Introvertido, Agresivo si se le provoca y en ocasiones impasible.
TRASTORNOS: Miedo a las alturas.
HISTORIA: Me llamo Ángel Beltrán, nací en Los Ángeles el 24 de octubre de 1995 y esta es mi historia.
Desde siempre, la policía ha sido parte fundamental de mi familia. Mi bisabuelo, mi abuelo y mi padre, Carlos Beltrán, han servido en las fuerzas del orden. No era una imposición, pero desde pequeños mi hermano Raúl y yo crecimos rodeados de historias de justicia y servicio. Nuestro padre trabajaba en la unidad K9 junto a su fiel compañero, Nico, un perro que había sido adoptado por nuestra madre Sarah, veterinaria de profesión. Nico no era solo un perro de trabajo, era parte de la familia.
Desde niños, Raúl y yo fuimos inseparables. En la guardería no confiábamos en nadie y llevábamos siempre con nosotros nuestros pequeños coches de policía de juguete. Nos aferrábamos a ellos como un escudo ante lo desconocido. Cada tarde esperábamos a nuestro padre para que nos contara sus aventuras con Nico.
El colegio no fue muy diferente. Al principio nos costó hacer amigos, pero con el tiempo nos integramos. Sin embargo, nunca dejamos de protegernos mutuamente. Recuerdo una vez que nuestro padre nos regaló una camioneta de juguete de la unidad K9. La llevamos con orgullo al colegio, pero un chico mayor se burló de nosotros y le dio una patada. Sin pensarlo dos veces, saltamos sobre él para defender lo que era nuestro. Terminamos en la dirección y nuestros padres fueron llamados. Cuando intentamos justificar nuestra reacción diciendo: "Papá siempre dice que tenemos que cubrirnos la espalda mutuamente", vi que, a pesar de la seriedad del momento, una leve sonrisa se dibujó en su rostro.
Los años pasaron y seguíamos con la idea de seguir los pasos de nuestra familia. Pero entonces llegó uno de los momentos más duros de nuestra vida: la muerte de Nico. Tenía 12 años cuando recibió la noticia. Fue un golpe brutal. Durante meses nos sentimos desconectados del mundo, sin ganas de hacer nada. Pero poco a poco, con el apoyo de nuestros padres, logramos salir adelante.
Cuando llegó la etapa universitaria, nuestros caminos empezaron a diferenciarse. Yo ingresé en la carrera de investigación criminal a los 18, mientras que Raúl tuvo que enfrentarse a un obstáculo: falló en la selectividad. Pero en lugar de rendirse, encontró motivación en una chica que conoció y, al año siguiente, logró ingresar en la universidad. A pesar de estar en cursos distintos, siempre nos apoyábamos.
Cuando terminé la carrera, algo dentro de mí me detuvo de presentarme de inmediato a las oposiciones. No estaba seguro de querer hacerlo solo, así que opté por trabajar como guardia de seguridad en un centro comercial mientras mi hermano terminaba su último año. Quizás era inseguridad, quizás necesitaba tiempo para aclarar mis pensamientos. Pero cuando Raúl finalmente terminó sus estudios, decidimos prepararnos juntos para las oposiciones.
Ahora, mientras trabajamos y entrenamos, seguimos adelante con nuestro objetivo. No sé qué nos deparará el futuro, pero hay algo que sé con certeza: pase lo que pase, Raúl y yo seguimos cuidándonos la espalda, como lo hemos hecho desde siempre.