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Datos:
Nombre: Jorja Smith.
Edad: 25 años.
Fecha de nacimiento: 08/05/1995
Lugar de nacimiento: Barrio de Grove Street, ubicado en la cuidad de Los Santos.
Familia: -Madre: Danae Jhonson. -Padre: Tracy Smith (ausente). -Hermanos: Uno (desconozco su nombre).
Rasgos físicos:
Joven de 25 años, 1,78 metros de altura, tez morena, pelo altamente rizado el cual forma un estilo afro. Ojos color celestes, pocas pecas faciales esparcidas en su rostro y muchas en su cuerpo (especialmente en su espalda). Posee una gran cicatriz en su nalga derecha y una pequeña en el costado de su torso a cuál está tapada por un tatuaje. Sus labios son gruesos y sus orejas pequeñas. Posee 5 tatuajes: espalda, espalda baja, brazo derecho, pecho y costado derecho del torso.
Rasgos psíquicos:
Persona de carácter fuerte y bastante directa. No le gusta entrar en relaciones amorosas por falta de constancia, pero disfruta de estar con personas las cuales no necesiten de un compromiso entre sí. No quiere ser madre nunca y no le gustan los niños, a favor del aborto y cualquier derecho que sea a favor de la vida, salud y libertad de la mujer. Disfruta libremente de mostrar su cuerpo, pero tiene ciertos traumas cuando la tocan por cosas que ha pasado. Atea por razones personales.
Metas:
-Cumplir con el sueño de su madre y vengar su muerte. -Encontrar a su hermano.
Historia:
En algunos casos la vida no nos otorga una vida fácil, una vida la cual podemos gozar de ella con lujos y privilegios. Hay veces que uno como persona debe de salir adelante cueste lo que cueste y debemos de tragarnos la vergüenza y la dignidad para poder subsistir como cualquier ser humano lo haría. Mis padres eran los jóvenes más enamorados del barrio, se podría decir que su amor era la envidia de las parejitas que rondaban por la zona. Pero mejor aclarar que "eran", ya que ni siquiera recuerdo el rostro de ese hombre y esas palabras rondan en mi cabeza desde chica como una simple historia contada por mi madre para calmar mis ansias de conocer al hombre que dio de sí para procrearme. A los 4 años mi madre dio a luz un niño, mi vaga memoria de niña no me deja recordar su rostro, su voz o su nombre, ya que a los 5 años mis padres se separaron y con esto nos separaron a nosotros dos. De mi padre vagos recuerdos abundan en mi mente, pero preferiría que no sea ninguno ya que nunca se interesó en saber cómo estaba yo o como iba mi vida. Mi madre supo criar muy bien de mí, dio su vida y su tiempo para que yo tenga una vida lo más normal posible. Siempre su sueño era que yo terminara la secundaria, luego de eso yo podía estudia lo que sea... pero no quería eso. Mi madre era una mujer empoderada (o así la veía yo), trabajaba de stripper en un cabaret y llegaba a casa todos los días con una sonrisa demostrándome lo orgullosa que estaba de su trabajo. Yo estaba segura de que quería seguir sus pasos y de lo que quería para mi futuro, pero no todo fue fácil para mí. Pero el largo período entre mi niñez y mi adultez no fue para nada fácil. Si bien mi madre procuro que nada nos faltara, su vida y su esfuerzo se reflejaba con el paso de los años en su rostro. Aún recuerdo de pequeña ver hombres entrar y salir de la casa, mi madre me mandaba a encerrarme en mi cuarto con llave lo cual yo luego hacía de manera automática, según ella solo eran amigos que venían a darnos dinero, pero al pasar los años entendí. Con 16 años ya, la rutina de la casa era la misma de todos los días: yo llegaba de estudiar, a la hora y media llegaba mi madre con un tipo diferente cada día y me tenía que encerrar como por 3 horas en mi cuarto. Un día fue bastante diferente, bastante queda corto... Mi madre llevaba más tiempo de lo normal con ese tipo en su cuarto y mi estómago no paraba de rugir, la hora de cenar ya había pasado hace rato. Me encontraba en mi cama con mi blusa larga y mi ropa interior hasta que decidí salir de mi habitación en silencio, procurando no alertar a ningún extraño y poder tomar algo para comer para así volver a mi cuarto, pero mis planes no salieron como quería. Al pasar por la habitación de mi madre veo que la puerta esta semi abierta, me acerco lentamente para ver en qué situación estaba y me encuentro con la sorpresa de verla tirada en el suelo con su labio partido y la nariz sangrando. Abro la puerta y observo rastros de droga en su nariz (parecía ser cocaína), su brazo estaba atado y tenía varios pinchazos y moretones chiquitos. Asustada me acerco para hablarle y despertarla, mínimo saber que estaba bien, pero no obtenía ningún tipo de reacción. Desesperada me retiro de la habitación para tomar mi teléfono y tratar de pedir ayuda a las chicas del club donde ella trabajaba, pero al acerarme a su puerta para retirarme un hombre de dimensiones enormes me impide el paso y se me queda viendo. Mis ojos llorosos lo miran directo y lo único que hago es señalar mi habitación dejando claras mis intenciones de retirarme, pero las suyas eran horribles. Recuerdo sus ojos que no dejaban de recorrer mi cuerpo, aún recuerdo su boca que no dejaba de relamerse los labios, aún recuerdo ese olor asqueroso a alcohol y cigarrillos baratos. Recuerdo su mano en mi pelo y con la fuerza que tiró de él… me maldigo por recordar cada detalle de esa noche. El hombre me tomó del cabello y me condujo hacia mi habitación, acto seguido me arrojó al suelo de mi habitación. Caí y mis gritos resonaban por toda la casa, le pedía por favor que me dejara, le prometí no volver a salir de mi habitación, pero no bastó. Su postura era firme y se paró en el umbral de mi puerta, impidiendo que no pudiese escapar. Traté de levantarme y abrirme paso ante él, pero me abofeteó y me volvió a tirar al suelo. Llevé mi mano a mi rostro ante lo sucedido y de pronto vi como saco un cuchillo de su bolsillo el cuál dejo arriba de mi mesa de luz. Mis ojos se abrieron como platos al ver el arma y traté de mantener la calma, pero sabía que este hombre no tenía buenas intenciones. Se acercó a mí y me tomo del cuello con la mano derecha para levantarme, traté de forcejear con él, pero en un movimiento me puso de espaldas pegada a él y con la otra mano tomo mis dos muñecas, me tenía inmovilizada. Me susurró unas palabras al oído, palabras que al recordar al día de hoy me dan nauseas. Acto seguido me tiro a la cama y ocurrió lo que ninguna mujer quisiera pasar, me violó. Cuando terminó con todo se levantó y trató de inmovilizarme sentándose en mi espalda. Tomó su cuchillo e hizo un corte en mi nalga derecha de aproximadamente 8 centímetros. Mis gritos de dolor retumbaron por toda la casa, pero atinó a hundirme la cara en mi almohada para ahogarlos. Al terminar me toma de un brazo y me da otra bofetada, tirándome sobre la cama la cual mancho de sangre con la herida reciente. Entre lágrimas me tomo la cara y lo miro por última vez. El tipo se encamina hacia la puerta, pero antes se voltea a verme, lleva el cuchillo hasta su boca, pasa el cuchillo por su lengua y saborea mi sangre. Luego sonríe y antes de retirarse dice “siempre marco a mis perras y tú sabes bien”. Me quedé en silencio, sollozando, esperando escuchar el sonido de la puerta principal golpearse. Tenía miedo de salir, tenía miedo de salir y volverme a encontrar con esa mierda allí afuera. Me quedé en mi habitación hasta que por fin sentí el portazo, me levanto y se me escapa un quejido de dolor; no solo me dolía el corte y lo comprobaba el sangrado de mi entrepierna. Tome mi teléfono y salí corriendo a comprobar que no había más nadie en la casa, al ver que ya estaba sola con mi madre llamé a su amiga Bethania, siempre estaba despierta a esta hora y esperaba que lo esté ahora. Al segundo tono contesta y mi voz temblorosa trata de explicar la situación, aterrada me corta, pero entes me informa que ya estaba saliendo de su casa para acá. Me cuesta caminar y no puedo sentarme, apenas escucho el vehículo frenar, abro la puerta y me encamino a la habitación de mi madre, aun de encontraba tirada en el piso en la misma posición que la dejé. Bethania me miraba con preocupación, pero con una mínima señal le deje claro que si lo estaba y que teníamos que llevar a mi madre al hospital. La subimos al auto y encaminamos al hospital, mi cara era seria y neutral, no tenía fuerzas para llorar, pero alguna que otra lagrima escapaba de mis ojos. Sostenía fuerte la mano de mi madre mientras que su cabeza reposaba sobre mi regazo, no dejaba de cerciorarme si estaba respirando o no, si seguía consiente o no. Bethania no dejaba de repetir “Yo le dije que eso era una mala idea, ¡YO LE DIJE!”. Mire a Bethania confusa, ¿cuál era la mala idea? Al darse cuenta de que la estaba mirando, movió el retrovisor y se mantuvo en silencio hasta llegar al hospital. Al llegar la bajamos y al entrar por la puerta Bethania explico la situación. Me separaron de ella y la llevaron con urgencia a la unidad de cuidados intensivos. A mí me trasladaron a la unidad de emergencias para darme unos puntos al corte que tenía, y hacerme algunos estudios, pero no dejaba de pensar en cómo estaba mi madre. Lo médicos que me trataron me dijeron que no tenía lesiones internas (ya que aún no tenía relaciones sexuales) pero me dijeron que podía estar embarazada ya que el tipo no uso ni siquiera protección. Mi cara se mantenía neutra, aún no podía procesar toda la situación y todavía tenía que lidiar con esto. Se adelantaron a la situación y me dieron un pase para la clínica de aborto solo “por las dudas”. Cuando terminó de darme todas las indicaciones médicas pregunté por mi madre, necesitaba información de cómo estaba. Señaló a un ascensor y me dijo que el piso 3 era el de cuidados intensivos, me dijo que preguntara en recepción por mi madre. Descalza, con la ropa ensangrentada me encamine hacia allí, rezando que mi madre estuviese bien. Llegando a la recepción me indicaron donde estaba mi madre y me encamine a su habitación. Las personas de ese piso no dejaban de mirarme, imagino que mi apariencia no es la mejor en estos casos, pero realmente no me importaba. Al llegar a la habitación de mi madre, la veo postrada en la cama con un tubo saliendo de su boca y varias vías saliendo de sus brazos. Alado de ella se encontraba Bethania quien estaba sentada, agachada, con sus manos cubriendo su rostro. Denotaba cansancio y tristeza, pero al mirarme su mirada se suavizó y se levantó directo a abrazarme. Me comento que mi madre estaba grave y tenía pocas probabilidades de sobrevivir, me dijo que tuvo una sobredosis de droga y que estaba super frágil, agregando los golpes y los signos de violaciones que tiene. Me desmoroné al instante, había aguantado mucho hasta ahora pero no podía aguantar más. Pase la noche durmiendo en la sala de espera, esperando noticias y esperando lo peor. A las 3:00am veo a doctores y enfermeros entrando a la habitación de mi madre, me levanto corriendo y antes de entrar sale Bethania llorando y me abraza. Mi madre se estaba yendo y yo no pude ni despedirme, mi madre se estaba yendo y no pude decirle adiós. A las 03:16am perdió totalmente el pulso y a las 12:00am la estábamos sepultando en el cementerio más cercano. Me crie con Bethania el resto de mi adolescencia, vendimos la casa de mi madre y vivimos en la suya. La policía ante la denuncia dijo “fue culpa de tu madre por dejar entrar extraños a tu casa”, era increíble las palabras de aquel oficial. A los 17 años Bethania me dio la bandana verde de mi madre, la cual llevaba a todas partes. Junto a ésta me dio una 9mm con un grabado en su empuñadura, eran unas iniciales: “T.D”. Bethania me dio la explicación de cada objeto y me contó de cuan valiosos eran para mi madre. Después de 17 años sin saber quién era mi padre o de dónde venía ahora lo sé todo. A los 18 años me fui de la casa de Bethania, quedarme allí me traía recuerdos que prefería olvidar. Antes de irme pasé por donde era mi casa, donde vivía con mi madre. La casa estaba distinta, más colorida, más viva; así la hubiese querido tener ella. A los 22 años entre a trabajar a Vanilla Unicorn, establecimiento donde trabajo mi madre toda la vida. Entre y reconocí algunas caras y vi otras nuevas, pero mis lagrimas brotaron al ver a Dorothy, la mujer que cuidaba de mi mientras mi madre trabajaba, la que me dejaba jugar con la utilería. Me abracé a ella y me comentó que en un año y medio se jubilaba y que estaba buscando alguien de confianza a quien venderle el local o sino lo cerraría. Le guiñé el ojo y sonreí, mis metas estaban más cerca de los que merecía.
Aún me quedan cosas que resolver en mi vida, pero intentaré de una manera u otra cumplir con cada cosa que me he propuesto. Hay una sola cosa que me falta Má y que priorizaré, encontraré a mi hermano cueste lo que cueste… Y encontraré a quien nos hizo sufrir…