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Loli nació en Sevilla, su padre Fernando y su madre Maria José, cuidaron de sus 4 hermanos, una familia humilde y trabajadora, Maria José trabajaba cosiendo en una fábrica y Fernando era Paleta. Dolores es la mayor de sus hermanos, María es la que sigue y Alberto y Manuel, el más pequeño. Crecieron unidos y en familia, entre las dos hermanas siempre ha existido una relación de amor/odio, para el resto de sus hermanos Lola es como una segunda madre. Los recuerdos de su infancia se centran en las vacaciones de verano, donde la familia veraneaba en Málaga, allí sus abuelos dejaron una casa, herencia de Fernando y que todos sus tíos cuidaban y se turnaban para viajar. Una pausa en el tiempo, donde había gallinas y cerdos, allí estaba su tío Rafael, el sí que sabía de las cosas del campo, cuidaba a todos los animales y las plantas y no había ni un solo tomate que se le pudriera, en esos viajes se dividían, la madre de los niños y su tía enseñaban a las niñas a cocinar, Rafael y Fernando se llevaban a los niños a trabajar el campo y cuidar los animales. Desde pequeña ha sido líder, primero de sus hermanos y posteriormente de su propia familia, tiene energía de toro, desde que se levanta antes que nadie por la mañana hasta que se va a acostar más tarde que nadie, fregando los platos y arreglando la casa. Lola siempre ha sido madre y padre, ni siquiera aunque Manuel, el padre de los pequeños hubiese estado su papel hubiese cambiado, ella siempre tira palante con todo, familia, casa y todo siempre por delante. Porque así es como debe ser. Una mujer como dios manda. Lola es muy religiosa, necesita la misa de los Domingos para confesar todos sus pecados, poner su cabeza en orden y seguir adelante. Sus valores se basan en creencias de la España más cerrada aunque en los últimos años poco a poco ha ido abriendo su mente y está modificando su forma de ver la vida, al final las bases impuestas por su educación no la dejan ver más allá del todo . Pasaba los veranos con sus hermanos y sus primas, veraneaban en una casa de campo, en la casa de al lado vivía junto a sus padres y hermanos Juan Manuel, nadie sospechó que ese mozo con greñas se transformara en el amor de su vida, la pasaba a buscar cada noche y iban juntos al lago que quedaba cerca de su casa. Poco tardaron en anunciar la relación a su familia, Lola le temía a que su padre les viera juntos, apenas con 16 años,. Manuel se armó de coraje y dos cervezas en mano se dirigió a la casa de verano de Lola para pedirle a Fernando la mano de su hija. Después de mirarle de arriba a abajo aseguró cortarle los huevos si la hacía llorar una sola vez. Con 20 años se casó, con la ausencia de su padre, murió en un accidente en la obra, una desgracia que lloró la familia durante años. Llevada al altar por su tío Rafael, que desde que faltó su padre ocupó un papel muy importante en su vida. Pasaron 5 años de casados en un piso increíble que podían permitirse en Málaga, cerca de los padres de él, gracias al buen trabajo de Manuel, empezó siendo oficinista y acabó por ser director del banco principal de la ciudad. No les faltaba nada, al cumplir 28 tras varios intentos Lola se quedó embarazada de su primer hijo, Amador, una ilusión, toda la familia disfrutaba del pequeño, sobre todo María José, se le caía la baba con su primer nieto, desde pequeño demostró ser un niño curioso y muy movido. Con apenas 3 años reclamaba tener un hermanito, dado a que la situación económica iba bien y Dolores se limitaba a cuidar del pequeño y la casa decidió hacer realidad los reclamos del pequeño Amador.
Al año nació Juan Manuel, el ojito derecho de todos, un niño sano y con energía para agotar a todos los que cuidaban de él, un juguete para su hermano, se llevaban muy bien, Amador tomó rápidamente el rol de hermano mayor y ayudaba a su hermano a mantenerse en pié y enseñándole a hablar.
Cuando Juan Manuel tenía 3 años su padre cayó enfermo, cáncer de pulmón, ese hombre bebía y fumaba como si al día siguiente se acabara el mundo. Al salir del trabajo iba al bar y no se presentaba en casa hasta las 11 de la noche, sin tocar la cena directo a la cama. Llegaba a casa borracho y fumaba delante de los niños. Los médicos insistían, si sigue llevando ese ritmo de vida le quedan meses a penas, discutían todos los días, Lola se veía sola, con los niños y la casa y egoísta de Manuel solo quería disfrutar cada momento, decía que si le quedaban tres meses se iba con los pies por delante, veía como se iba pagando. Una noche se fue a dormir y no despertó, un infarto terminal, mientras dormía. Fué un descanso, nunca lo reconocerá pero Juan siempre fue una carga más para ella, no podía separarse de él, esas cosas modernas no estaban hechas para ella, solía rezar, y sin querer pedía eso y su cabeza constantemente se contradecía, pero llegaba a casa y veía a Juan tirado en el sofá, y nada cambiaba, se notaba en una cárcel, engañada por haberse creído un cuento de hadas falso, cuando eran novios no faltaba detalle, todos los días le tenía una sorpresa, la cameló . Se sentía mal y solo rondaba por su cabeza si quizás se equivocó con la medicación, a la vez se respondía a sí misma que mezcladas con alcohol todas eran malas y se sosegaba así, al final solo acortaron la situación lamentable que vivían a diario, Lola no soportaba cómo le hablaba a los niños y a ella misma cuando iba bebido.
El día que murió Manuel era un 29 de Junio de 1998, Lola esperó con el cadáver de Manuel en la habitación, no podía anunciar su muerte aun, si lo hacía perdía la paga doble del banco, ese dinero sería para el futuro de sus hijos, y de tonta no tenía un pelo, así que aprovechando que los niños veían como normal no ver a su padre, vacío el congelador y llenó el cuerpo de Manuel de guisantes congelados, croquetas y hielos. Encendió el ventilador del techo y entraba a leerle el periódico, para que no perdiera la costumbre. Al acabar el mes llamó a los servicios sanitarios, que miraron a la mujer un tanto extraño cuando vieron el panorama, Lola alegó que al principio pensó que estaba dormido y a las horas se asustó pero no cobró valor como para llamar a las autoridades sanitarias. La autopsia afirmó el infarto. Le dieron sepultura a Manuel en Málaga, en un mausoleo familiar que la familia de él cuidaba y mantenía, allí estaban sus abuelos. Lola añadió a su rutina los domingos visitar a Manuel y limpiar y adecentar su tumba., justo después de la misa de las 12, pasaba una hora allí, llevaba el periódico del día y se lo leía.
Empezó su vida al mando total de la situación y al margen de todo siempre ha superado cualquier barrera que pudiera ponerse en medio de su camino. Guardó el dinero de la pensión de viudez en una cuenta de ahorros. Trabajó durante años limpiando casas, es muy maniática de la limpieza, siempre está limpiando, de hecho tiene una estricta rutina de limpieza, ese trabajo le encajó perfecto. Cada día de la semana tiene una serie de tareas marcadas, eso hace que si no se sigue ella no esté tranquila, necesita seguir esa estructura, desde que falta Manuel aún ha acentuado más ese rasgo, limpiando se siente bien, se evade, enciende su música y se pone manos a la obra, para ella es su forma de meditación, mientras limpia ordena también sus ideas. Los niños crecieron, cuidando el uno del otro y con su madre como matriarca, les enseñó a cocinar y hacer las cosas de casa, pasaba fuera de casa la mayoría del tiempo y amador con tan solo 12 años cuidaba de su hermano y hacía las labores de la casa, siempre demostró ser bastante espabilado, Juan Manuel en cambio no, no se le podía dejar solo y necesitaba el apoyo de su hermano para vestirse, hacer las tareas del colegio y demás. Amador a los 23 años le dijo a su madre que quería marcharse, separarse de todas esas obligaciones y estar un poco a su bola, Lola no se lo pensó y juntos buscaron un colegio de estudios superiores fuera de Málaga, encontraron una escuela perfecta en Marbella y Lola preparó a Amador el dinero para que pudiera hacer su viaje, más que merecido tras tantos años cuidando de su hermano. Amador siempre ha sido su ojito derecho, un hombre como dios manda, padre de su casa, era el hombre allí y la figura paterna para su hermano. Tuvo una discusión con Juan Manuel, afirmaba que Lola quería más a su hermano que a él, entonces Lola con el carácter que la caracteriza arregló un viaje con un amigo de Manuel que les ayudaba, un hombre que entendía mucho de estas cosas, aseguró a Lola que si enviaba a su hijo al extranjero este iba a espabilar, que volvería siendo banquero, así que no lo pensó y siguiendo el consejo de Héctor, gran amigo de Manuel preparó la maleta a Juan Manuel rumbo a los Santos, allí había un internado especializado en matemáticas. Seguramente le enderezarían. Lola se quedó sola y cada vez la casa se le hacía más grande, le faltaban los suyos y se sentía devastada, empezó a fumar, encontró de Manuel limpiando en casa el último cajetín de cigarros y se echó uno a la boca, la primera calada le hizo toser, la segunda le entró hasta el pulmón y poco a poco aliviaba así su ansiedad. A las pocas semanas recibió una carta, como remitente venía el nombre de Juan Manuel, con una dirección un tanto extraña, no parecía la del internado pero no quiso darle demasiada importancia al asunto, en esa carta Juan Manuel afirmaba estar aprendiendo mucho en el internado, haber conocido muchos compañeros y aseguraba que para su mejor concentración los profesores no aceptaban llamadas, que le escribiría una vez al mes, a modo de taller de la clase de escritura, que esperaba que estuviera bien y que si le podía ir enviando algo de dinero se lo agradecería ya que habían unas máquinas expendedoras de chocolatinas. Lola devolvía cada carta que recibía de Juan Manuel con una carta firmada con carmín rojo, un beso para su hijo y 40.000 pesetas. Amador sin embargo la llamaba casi cada día, al despertarse, la ponía al día, sabía que de esa forma Lola no se sentía tan sola. Su hermana María la iba a ver casi cada semana, se llevaba tapers de comida, aunque María siempre ha sido la mayor Lola realmente era la que ejerce de hermana responsable, María tenía un carácter más hippie, se fue a vivir sola con un grupo de amigos cuando apenas tenía 20 años, dejando a sus padres enfadados y prohibiendole volver si esa locura le salía mal, pero ella formó su familia también. Un sábado como era habitual María visitó a Lola y la encontró leyendo una de las cartas de Juan Manuel, Lola emocionada y con lágrimas en los ojos leía la carta de su hijo con ternura, hasta que sobre en mano María miró a Lola y le dijo, te la está colando. Lola levantó la mirada del folio al momento y le dijo a su hermana como era capaz de decir eso de su hijo, que se estaba encaminando. María entiende de esas cosas modernas de internet e ingresa la dirección remitente en la tablet dónde Lola jugaba al candy crush, con los ojos como platos observaba como María hacía malabares con la tecnología, ella pensaba que ese trasto solo servía para juntar las bolas. Se destapó la cruda realidad y temblaban las manos de María al leer el título de la localización Prisión Federal de Los Santos. ¿Cómo era eso posible? Aprovechando que María estaba allí buscaron el primer vuelo hasta los Santos y Lola se hizo la maleta con cuatro prendas que tenía por doblar. Esa misma noche tomaba un avión en busca de su hijo. ¿Qué habría hecho este para acabar allí?