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Aron Sorensen nació el 13 de septiembre de 1986 en una pequeña aldea al norte de Europa, siendo el más pequeño de 3 hermanos, Olsen y Runa, de 7 y 4 años respectivamente. A pesar de vivir en una aldea pequeña, la familia Sorensen tenía una vida de clase media bastante cómoda. El padre de la familia, Arick, trabajaba en una universidad ejerciendo de profesor en ingeniería. Su madre, Solveig, se había labrado una carrera en la política y ejercía como concejal. Toda la familia compartía rasgos físicos parecidos y típicos de Noruega. Arick, un hombre rubio con ojos azules y piel clara, y Solveig una mujer pelirroja de ojos verdes, crearon una línea genética con rasgos muy típicos del norte. Aron en cuestión, heredó los ojos verdes de su madre, y el pelo y altura alta de su padre; mientras que su hermana era el vivo reflejo de Solveig, y Olsen siendo la excepción, heredó una mezcla y nació con pelo castaño claro y ojos azules.
Los años pasaron y Olsen, rodeado de ordenadores e influencia paterna, empezó a interesarse muchísimo por los ordenadores. Empezó a usarlos poco a poco a los 10 años y en poco tiempo ya estaba aprendiendo a programar, aprendiendo sobre seguridad informática y ojeando sistemas de red. 6 años después, Aron tenía ya 9 años y las pocas veces que veía a Olsen era cuando salía de la habitación para comer. Estaba... obsesionado con ese mundo. Tenía 16 años, sin amigos ni interés fuera de esa habitación. Las únicas veces que socializaba con era para ayudarles con el nuevo Windows 95. Runa por el contrario, era mucho más social, y disfrutaba de jugar con Aron después de clase. Siempre trataba de ayudar a los demás, era risueña y trabajadora. No era perfecta, muchas veces pecaba de inocente, pero era feliz, y contagiaba felicidad allá por donde iba. Aún así, Aron no tenía preferencia por un hermano u otro, quería a los dos por igual y sentía que eran un equipo, a pesar de ello, la falta de presencia de Olsen en el día a día causó estragos en su relación familiar.
Aron obtuvo su primer ordenador a los 12 años, un regalo de cumpleaños de sus padres. No era tecnología punta pero cumplió su cometido. Empezó a mostrar una actitud muy similar a la de Olsen, aunque no de forma tan obsesiva y manteniendo un equilibrio sano con la vida social. Aprendía muy rápido y a veces intentaba recibir ayuda de Olsen, aunque pocas veces este aceptaba; y las pocas veces que lo hacía, le ayudaba con arrogancia y superioridad. A sus 19 años, Olsen había construido una personalidad basada en la prepotencia. No estudiaba ni trabajaba, solo se quedaba encerrado en su habitación sabe Dios haciendo que. A pesar de la similitud de los hermanos en este aspecto, Aron iba a un ritmo muy distinto. No tenía el talento, o la obsesión, o fuera el que fuera el ingrediente secreto que hacía de Olsen un maestro de la informática.
24 de agosto de 1999. Runa acababa de cumplir 17 años, y no dudó en celebrarlo con sus amigas. Aprovechando que era verano, y que pocas veces hacia calor en Noruega, decidieron hacer una fiesta en la playa con unos amigos que fuera única e inolvidable. Esa noche, Runa no volvió a casa. Los padres no le dieron importancia, la noche era joven y recordaban tener 17 años, volvería al mediodía seguramente. Seguía sin volver. Era un domingo al mediodía y Aron estaba haciendo unos ejercicios que le había puesto su padre para practicar programación. Aron pensaba que todo estaba bien, pero sus padres empezaban a preocuparse. Y hubo alguien más que se preocupaba, aunque no estuviera a la vista. Olsen estaba en un habitación, mirando al suelo, moviendo las piernas y mordiéndose las uñas. No podía concentrarse... Pero no decía nada, ni hacía nada. Llegó la noche del 25 de agosto. Alguien llamó al teléfono de la familia Sorensen. Arick contestó rápidamente, y quedó congelado 5 segundos después. Runa fue encontrada muerta cerca del lugar en el que hicieron la fiesta de cumpleaños. Si tan solo el asesino hubiera sido compasivo y le hubiera otorgado una muerte rápida... Pero se tomó su tiempo para disfrutar del cuerpo de Runa antes de matarla... Sus heridas describían los hechos que sucedieron esa noche.
Solveig no tardó en pedirle a Aron que se fuera a su habitación, y que le contaría lo que ocurría en un momento. Mientras, Arick sujetaba el teléfono tembloroso con lagrimas en sus ojos. Olsen se quedó encerrado en su habitación, escuchando la voz temblorosa de su padre... Y entonces empezó a llorar. Tenía 20 años, y era la primera vez que lloraba desde que era niño. La casa de los Sorensen se volvió fría y silenciosa esa noche. A Aron no le contaron toda la verdad, le dijeron que sufrió un accidente con sus amigas y no la pudieron salvar. Olsen no quiso hablar con nadie, pero su madre, que sabía como manejarlo, le hizo saber lo ocurrido. En los días venideros, Olsen no comía, no hablaba con nadie, no dormía. No podía mantenerse funcional, las pocas veces que suplía sus necesidades básicas, eran fruto del colapso de su cuerpo. No puedes evitar dormir si te quedas inconsciente por falta de sueño.
Aron cumplía 16 años. Habían pasado 3 años de la muerte de Runa, y toda la familia la echaba mucho de menos, pero volvieron a la normalidad, lo cual es un logro gigantesco. Olsen salió por la mañana de casa y volvió por la tarde, poco antes de la celebración del cumpleaños de Aron. En vez de ir directo a su habitación, fue al salón, cogió un mando de la Play Station, y le preguntó a Aron si quería jugar un rato. Y así pasaron las horas hasta que la cena y el pastel estaban listos. Hacía poco que se celebró el aniversario de la muerte de Runa, y los padres de Aron sintieron mucha felicidad al ver esa escena. Su hijo de 23 años, quien si ya era antisocial y reservado de por si, se encerró en un pozo de oscuridad y silencio con la muerte de su hermana; y su pequeño que recién cumplía 16 años, los dos jugando a la consola, simplemente disfrutando de una tarde juntos, nada más.
La celebración fue muy especial. Eran una familia unida, con Olsen incluido. Cuando Olsen fue a entregar el regalo a Aron, le dijo que lo tenía en su habitación, y que era más una experiencia a vivir que algo físico. Pero se negó a mostrárselo a sus padres, solo a Aron. Arick y Solveig conocían a Olsen, y mucho les sorprendió que quisiera compartir una experiencia con alguien, así que no presionaron para que ellos también fueran incluidos. Aron entró en la habitación de Olsen: una cueva oscura llena de pantallas, y luces brillantes por todas partes. Era como si su hermano disfrutara de vivir en una especie de limbo infinito, sin espacio físico definido. Era... sorprendente. Aron había conseguido varios logros, sin duda destacaba en su clase, y aspiraba a ser un gran ingeniero informático, pero no alcanzaba a ser como su hermano. Y eso le fastidiaba, pero también mantenía sus pies en el suelo.
Olsen le dio a un botón escondido en la oscuridad, de pronto las pantallas se iluminaron y revelaron una pantalla de inicio de sesión de "Runa OS". Aron no dijo nada, pero sabiendo del talento de su hermano, pudo deducir que creó un sistema operativo en honor a su hermana... Olsen tenía sentimientos, pero los mostraba de forma muy distinta al resto. Inició sesión y en la pantalla principal, había una foto de la familia entera, incluida Runa. Empezó a pasar fotos, las cuales estaban repartidas en distintas épocas, pero en todas estaban Aron, Olsen y Runa. Olsen giró la cabeza, y dijo: "Este es mi regalo, estar a tu lado como tu hermano. Quiero ser mejor, y ayudarte con lo que necesites". Y Olsen cumplió su promesa, y 4 años más tarde, la cumplió de la mejor manera posible.
10 de febrero de 2006. Aron y Olsen estaban haciendo juntos un pequeño reto informático. Desde ese día hace 4 años, Olsen enseñó muchísimas cosas a Aron, y gracias a eso se convirtió en uno de los alumnos más destacables de toda la carrera. Sus padres se fueron a cenar a un lugar de la ciudad, y ellos se quedaron solos en casa. De pronto alguien picó a la puerta, y Olsen, sintiéndose algo forzado como parte de sus ejercicios para superar la ansiedad social, abrió la puerta. Pero no había nadie, solo una nota. Olsen se quedó petrificado en la puerta mientras leía la nota. Cuando terminó, miró a Aron a los ojos, y le dijo que tenían que irse de casa.
Después de una fuerte discusión y confusión, Aron accedió a seguir a Olsen, al menos por el momento, ya que según él sus padres ya estaban de camino a ese sitio. Empaquetaron lo indispensable, y salieron de casa con el coche de su madre. Llegaron a un sitio de la ciudad algo... inusual. Una especie de almacén con algunos pallets, una mesa y varias sillas de escritorio repartidas por el sitio. Aron ayudó a Olsen en lo que pudo, mientras este montaba ahí su equipo de siempre, y dejaba todo listo para poder relajarse. Las horas pasaban pero sus padres no llegaron. Ni al día siguiente. Ni la semana próxima. Y cada día que pasaba Aron empezó a aceptar más la realidad, aunque su hermano no parecía sorprendido por lo que estaba sucediendo... No respondía sus preguntas ni dudas, solo decía que esto era temporal y pronto podrían volver a su casa, con sus padres. Pero Aron... perdía las esperanzas. Y con estas, se iba la motivación y energías para seguir con la carrera, curso que terminó dejando.
Los dos últimos años fueron... destructivos para Aron. Empezó a sentirse más solo y encerrado en él mismo. No tenía dinero, ni amigos, ni hogar. Solo podía encerrarse a programar en un portátil de 5 kilos que se colgaba cada 2 horas. La ausencia social de Olsen era notable, y la convivencia se hacia difícil. Aron tenía muy poco espacio para vivir, dado que su hermano quería seguir conservando su privacidad mientras trabajaba con su ordenador. Pero eso terminaría el día 13 de septiembre de 2008. El día en el que Aron cumplía 22 años. Y es que ese día, su hermano sería el que no volvería a casa. Y después de unos días de espera... perdió la esperanza. No tenía fuerzas para denunciar. No tenía fuerzas para buscarlo. No encontraba el sentido de la lucha, de la vida. Creció en una familia feliz, con una buena vida, sin problemas más allá de las discusiones familiares. Y todo se destruyó al morir Runa. Desde ese día de 1999, todo empezó a ir a peor. Y ahora estaba solo y asustado. Un niño de 22 años, en un almacén frío y oscuro.
Quizás era hora de terminar con todo. Pero antes... quería ver una vez más a su familia. Fue a encender el ordenador de su hermano, y ahí estaba la misma pantalla de inicio de sesión de Runa OS. Se quedó mirando esa pantalla por al menos 20 minutos, pensando en su familia, pensando en hablar con su hermana, imaginándose como sería ahora si nunca hubiera muerto. Pensando en sus padres, de si estarían orgullosos de él. Pensando en su hermano, y en por qué nunca pudo decirle la verdad de lo que estaba ocurriendo. Cuando volvió en si, recuperó esas imágenes y las abrió en su portátil. Se pasó horas viendo esas fotografías en silencio hasta quedarse dormido. Al final no hizo ninguna locura, pero estaba apático en ese almacén. No salía a la calle para hacer nada, solo se quedaba ahí, observando la pantalla de Runa OS y preguntándose cual sería la contraseña. Si bien pudo recuperar las fotos, muchos de los ficheros importantes estaban protegidos y... quizás podía encontrar algún sentido a todo en esos ficheros.
Mirando las fotos de su familia, descubrió un mensaje oculto que decía: "Eres bueno, te mereces mi contraseña... La fecha de la muerte de Runa". Corrió al ordenador, introdujo la contraseña y de pronto... entró al sistema. Cientos, sino miles de ficheros meticulosamente ordenados por fechas y "proyectos". Documentos de texto, imágenes, vídeos e incluso programas repartidos entre cientos de carpetas. E indagar fue la que hoy día considera el peor error de su vida.
Olsen era un asesino. No el que aprieta el gatillo, sino el que mueve los hilos. Olsen se ganaba la vida secuestrando datos, llevando redes de sicarios e infectando cientos de ordenadores para su beneficio personal. Era un Dios en su red, por eso era tan prepotente. Tenía ficheros que databan de antes de la tragedia de Runa. Hacía tantos años que se dedicaba a esto que se preguntaba que más podría encontrar ahí dentro. Y lo encontró todo. Encontró cientos de pruebas sobre el caso de Runa, caso que nunca se resolvió, pero cuyo asesinó acabo pagando el precio. Y ahí estaban las pruebas de su castigo en forma de vídeos torturándolo y finalmente asesinándolo. Encontró contactos e historiales de correos muy escondidos, pero guardados para que Aron los pudiera encontrar. La que ahora era confirmada muerte de sus padres, fue un castigo por parte de unos hombres muy cercanos a Olsen. Se metió tan al fondo de esa vida fácil y criminal que no pudo salir cuando quiso darse cuenta del error que cometió, y solo podía seguir hacia adelante. Para él, todo era virtual, nunca le podía afectar a su persona ni a su familia. Pero cuando quiso darse cuenta que los delitos de Internet eran tan reales como los que se cometían en persona, ya estaba de camino a un almacén oscuro en mitad de una ciudad cualquiera.
Pero Aron no tuvo algo en cuenta. Y es que, si su hermano que era tan bueno en esto desapareció de pronto, cometió un error enorme al iniciar sesión en su ordenador conectado a Internet. Y fue por ese motivo, ese pequeño error, por el que acabó siendo secuestrado por esa mafia que andaba detrás de su hermano. La única forma que tenía de sobrevivir, era siendo útil. Él no tenía ningún pasado problemático con esa gente, pero según ellos, su hermano dejó una deuda que pagar, deuda que pagaría él con trabajo. Y así fue como Aron empezó a trabajar como hacker de una mafia sueca muy sofisticada. Un trabajo que empezó siendo para pagar una deuda, pero que terminó por convertirse en un sustento.
No mataba a nadie, no atacaba a nadie directamente, era solo una herramienta de una gente peligrosa. Y como herramienta, cobraba mucho dinero. Y con los años, y las experiencias vividas, cada vez era más apático. Cada vez veía y vivía cosas más escalofriantes, pero cada día que pasaba con esa gente, todo le afectaba menos. Pudo viajar por muchos países, estar en fiestas lujosas y disfrutar de los lujos de ser una herramienta clave para una mafia de mucho dinero. Pero no era feliz, solo encontró un sentido para seguir. Quizás no sería tan bueno como su hermano, nunca lo sería, pero estaba haciendo algo grande que afectaba al mundo, aunque fuera de forma negativa. Llegó un punto que su moral y su ser fueron completamente destruidos, un punto de no retorno, que crearían al monstruo que era Aron a día de hoy.
Y todo terminó, cuando el 24 de agosto de 2016, volvió a coger el disco duro del ordenador de su hermano después de 8 años. Aron estaba a punto de cumplir 30 años, era el aniversario de la muerte de Runa, y en su honor quiso dedicarle unas palabras en privado. Pero... no pudo evitar revisar las imágenes del asesino que cometió esa barbaridad. Ese hombre, era el hermano de uno de los altos rangos para el que trabajaba. ¿Acaso estuvo trabajando 8 años para los asesinos de su querida hermana? Olsen... luchaba contra ellos. Aron se unió a ellos, les ayudó a crecer y hacerse aún más poderosos. Después de 8 años de apatía, de funcionar como una máquina y herramienta, su cerebro volvió a funcionar. Fue al baño a lavarse la cara y se miró al espejo. Ese hombre que veía en frente, con ojeras y arrugas del estrés, con una mirada que escondía recuerdos horribles de una vida no deseada. Todo lo que escondía, la apatía que sentía, se volvió contra él. Empezó a llorar desconsoladamente, mientras se sentaba en una esquina del baño y se preguntaba como había llegado a ser aquel hombre que ayudaba a los que destruyeron su vida en un principio. Se sentía un niño otra vez. Recordaba la voz de su hermana, de sus padres, de Olsen... Recordaba las noches de fin de semana con su familia. Recordaba las charlas y los juegos con Runa. Recordaba ser un niño otra vez.
Aron borró y destruyó toda la información que pudo ese día. Recogió lo indispensable, y desapareció del país. Quien busque algo sobre él a día de hoy, no encontrará más que un par de archivos noticiarios sobre la muerte de Runa Sorensen, y unas declaraciones de Aron en forma de cita en la noticia. Quien sabe donde fue, y que aspecto tiene ahora 5 años después, lo único que sabemos es que no se ha encontrado a ningún otro Sorensen muerto hasta la fecha. Pero todos, incluidos Aron, han sido declarados desaparecidos.
Esta es la historia de un niño convertido en monstruo. Un niño con esperanzas e inocencia. Un niño que nació en una familia buena y feliz. Un niño hecho hombre, que quizás aparezca por Los Santos en busca de un nuevo sentido para su vida.