Ekatherina Petrova



  • Nombre: Ekatherina
    Apellido: Petrova
    Fecha de nacimiento(dd/mm/aa): 03/11/1994
    Edad: 27
    Procedencia: Nacida en Moscú, Rusia.
    Familia: Vladik Petrov (padre), Anya Petrova (madre, presa), Maks Petrov (hermano), Cherry Blossom (pareja).
    Estudios: Graduada en Medicina por la Universidad Médica Estatal de Moscú. Especialidad en Cardiotorácica.
    Antecedentes penales: Sin Antecedentes.
    Historial médico: Grupo sanguíneo AB+
    Clase social: Media.
    Raza: Caucásica.
    Altura: 178 cm
    Peso: 67 Kg
    Complexión: Delgada
    Carácter: Katya es una persona paciente, aunque con las ideas claras. Es de las que dicen las cosas a la cara, pero buscando siempre el mejor modo, ya que también es bastante empática y sabe medir sus palabras.
    Miedos y debilidades: Siente un pánico irracional hacia las arañas y los payasos le dan cierto yuyu. Se preocupa por la gente que quiere y tiene miedo a perderla. También es rencorosa y tiene mucho orgullo. En ocasiones se puede mostrar un poco fría.
    Fortalezas: Paciente, conciliadora, metódica y sosegada.
    Otros datos de interés: Le gusta la música rock, viajar y patinar sobre hielo.
    Objetivos en Los Santos: Su principal objetivo es formalizar su relación con Cherry. También le gustaría ver si es capaz de sacarse las castañas del fuego ella sola, tan lejos de su familia.

    Historia de tu personaje:

    Nacida el 03 de Noviembre de 1994, a las afueras de Moscú, en Rusia. Se crió en una zona de clase social media, con sus padres, Vladik Petrov y Anya Petrova, y su hermano 3 años mayor, Maks Petrov. Eran una familia normal en el barrio. Vladik y Anya tenían una tienda donde, además de productos de alimentación, también se vendía la deliciosa comida casera de Anya. La tienda iba viento en popa cuando Maks y Katya eran bastante pequeños, pero la cosa empezó a flaquear cuando tenían 8 y 5 años, por lo que, mirando por el bien de sus pequeños, Vladik llegó a un acuerdo con un par de miembros de la mafia rusa. Vladik les dejaba utilizar una de las cámaras como almacén de cadáveres hasta que tuviesen como hacer desaparecer los cuerpos.

    Vladik trató de evitar que Anya se enterase, pero sabía que las habituales visitas de estos peculiares clientes algún día terminarían coincidiendo con que estuviese Anya sóla en la tienda, así que hizo lo más lógico para él… Presentó a Anya a las mujeres de los mafiosos para que se entretuviese con ellas y los chismorreos. Efectivamente, funcionó, pero no tuvo en cuenta el temperamental carácter de su esposa, ya que esta, tras un año tratando de encajar, discutió con una de ellas y la empujó, con la mala suerte de que del empujón le reventó uno de los implantes de pecho cutres, que llevaba la mujer de uno de los cabezas de familia. Este, al enterarse de lo sucedido, les destrozó la tienda y se aseguró de incriminar a Anya y de desvincularse él y su organización.

    Una mañana Vladik llegó a la tienda y vio cómo se estaban llevando a Anya detenida. Este, sabiendo que no tendría recursos suficientes para librarla, decidió proteger a su familia, por lo que se fue corriendo a casa, preparó una maleta para él y otra para los niños y puso rumbo a la escuela para recoger a los niños.

    Tras recoger a los niños, se instalaron en un pequeño pueblo llamado Rostov, en Veliki. Alquilaron una pequeña casa y se instalaron. No tardó en ponerse manos a la obra para buscar un nuevo colegio para Katya, que tenía ya 6 años, y Maks, que tenía 9, así como un nuevo empleo para él, buscando mantenerse a salvo tanto él como los niños.

    El verano del primer año ya instalados llegaba un gran circo de fama mundial de gira. Vladik pensó que sería una buena forma de darles un respiro de la rutina a los niños, por lo que no dudó ni un segundo en comprar las entradas. Llegado el día del circo, fueron los tres para la función. Al principio todo iba muy bien, hasta que un payaso, que se dedicaba a bromear con el público, hacer malabares y demás, se le acercó a Katya, la cual empezó a llorar de forma desconsolada.

    Pese a que la pequeña Kat extrañaba a su madre, no tardó en acostumbrarse a su nuevo hogar. En el colegio le iba bien, era una alumna promedio a la que le costaba socializar. Igual por eso no tenía muchas amigas, pero las pocas que tenía las cuidaba como si fuesen sus hermanas, o incluso mejor, porque se pasaba el día soportando las tonterías de su hermano mayor el inmaduro. Es una lástima que nadie le dijese a Kat que las amigas del colegio no son para siempre y que ir a distintos institutos las distanciaría y no volverían a saber unas de otras.

    Kat comenzó el instituto con 11 años, casi 12, convencida de que se comería el mundo, pero no, eso no sucedió. En el primer año, trabó amistad con su compañera de pupitre, Irina. En el segundo curso ya eran inseparables. Estudiaban juntas, hablaban de chicos, iban de compras… Y en el tercer curso Katya, teniendo ya casi 15 años, empezó a tontear con un chico de 1º bachillerato. Al principio no eran más que unos tonteos inocentes, pero a medida que avanzaba el curso, la temperatura entre ellos subía y terminaron saliendo. Pasaron un verano increíble juntos, divirtiéndose.

    Al final de ese verano, a punto de empezar el nuevo curso, Kat fue hasta la casa de Irina, sabiendo que no estarían sus padres y llevando un pack de cervezas que le había cogido ‘prestadas’ a Maks. Cuando se aproximaba a la puerta, a través de la ventana del salón pudo entrever que había alguien más con Irina. Se acercó con cautela, tratando de ver quién era esa otra persona. Vio a su novio con ella y le pareció extraño, pero podría ser, ya que se llevaban bien, aunque justo cuando iba a ir a llamar a la puerta, vió como se besaban y la cosa iba a más.

    Katya estaba realmente molesta ante esta situación. Dudó entre tirar las cervezas rompiendo la ventana, entrar y montar un escándalo o irse silenciosamente. Optó por una mezcla de las 3. Rompió una ventana con una de las cervezas lanzándola al interior de la casa y se dirigió a la puerta, pero, en lugar de entrar, esperó a que abrieran la puerta. Kat sabía que saldría él a ver qué había ocurrido, y así fue, por lo que, según se asomó, le reventó otra cerveza de las que le quedaban en el pack en la cabeza y se fue sin decir ni una sola palabra a ninguno de los dos.

    Pasó una temporada encerrada en sí misma, sin apenas mediar palabra con nadie. El lado bueno es que se centró casi por completo en sus estudios, por lo cual su media de ese año y del siguiente comenzó a subir y pasó de ser de aprobados a ser de notables y sobresalientes. El lado malo, es que se enteró de que su hermano estaba moviendo droga, pero en lugar de decirlo, se dedicaba a cogerle marihuana de su cuarto y le amenazaba con chivarse a papá de que era un camello si él decía algo de que ella se la fumaba.

    Así terminó su último año de la educación obligatoria. Alentada por Vladik, comenzó a estudiar bachillerato con 15 para 16, ya que su cumpleaños cae tras haber comenzado el curso, sin tener en mente ningún estudio superior, pero 1º de Bachillerato fue un año complicado, no solo por el cambio académico, sino porque Maks se metió en un lío con su proveedor y le metieron un par de tiros en el torso. Por poco no lo cuenta. Se fue a quirófano de urgencia. Una bala le había roto una costilla que hizo una perforación en el pulmón provocando un neumotórax.

    Gracias al increíble trabajo del cirujano cardiotorácico y del equipo, Maks logró salir con vida de esa serie de operaciones. Cuando el médico vino a decirles a su padre y a ella que estaba fuera de peligro, pero que tendría que pasar una temporada ingresado de, al menos, un mes, Kat se sintió muy aliviada al escuchar esa noticia del médico, ya que sintió mucho miedo ante la idea de perder a su hermano,

    Durante ese tiempo, Kat visita a Maks a diario en el hospital, observando el funcionamiento de los equipos, pidiéndole a la gente que atiende a su hermano que le expliquen qué hacen y por qué… Maks le decía que se preocupaba demasiado. Y si, se preocupaba, pero ya no era sólo eso, era que sentía esa curiosidad, esas ganas de querer hacer, de querer ayudar.

    Un par de días después de que le dieran el alta a Maks, Vladik entró en cólera, yendo hasta el cuarto de Maks, donde le miró muy serio y le gritó “¡La cagaste, como siempre! ¿¡Es que no sabes estarte quieto!? ¿¡No sabes dónde no meter las narices!? ¡Podrías hacer algo bueno con tu vida por una vez! ¿¡Vas a aprender de esto!?”

    Kat no pensaba quedarse callada viendo como su padre le montaba un escándalo a su hermano, todavía convaleciente, así que se acercó a Vladik y le dijo muy fría y calmada “Ojalá no tengas que depender de él o de mi el día de mañana, porque te estás comportando como un imbécil.”. Él le miró atónito y sin saber cómo reaccionar, para finalmente dar media vuelta y salir por la puerta de casa. No regresó hasta el día siguiente.

    Vladik, arrepentido de su comportamiento con sus hijos, juntó todos sus ahorros para financiarle a Katya la carrera de medicina, a la cual accedió con una beca debido a sus buenas notas.

    Cuando Kat terminó el bachillerato, con 17 para 18 años, tanto ella como su padre y su hermano pudieron regresar a Moscú tras tantos años. Ella para estudiar en la Universidad Médica Estatal de Moscú y Maks y Vladik para regresar a su antigua casa.

    Kat tenía una sensación de agobio encima al pensar en esa carrera. No podía permitirse fallar, no sólo por no perder la beca que tanto necesita, sino que tampoco quería sentir que había tirado a la basura los ahorros de su padre.

    Fue aprobando todo a curso por año. Apenas tenía vida fuera de los libros y apuntes. El primer año sacó todo con sobresalientes. El segundo curso igual, todo sobresalientes. En el tercer año tuvo una asignatura que se le atragantó un poco y sacó un aprobado justito. Entre el tercer y cuarto año estaba preocupada por si le retiraban la beca, pero al ver que no era así, no pudo evitar sentir que se acababa de quitar un gran peso de encima. Con esa carga emocional ya fuera, Kat mantuvo su buena media, con un poco menos de esfuerzo durante el cuarto año.

    No podía creerse que con casi 21 años estuviese a sólo 3 años de prácticas durante la residencia de graduarse. La idea la emocionaba y asustaba a partes iguales. Tras un tranquilo verano intentando no pensar en ello, empezó su residencia en la clínica de Novosibirsk. Comenzó con tareas sencillas, como ocuparse de las heridas superficiales de los pacientes mientras otro médico se ocupaba de las más graves, aunque según con quién estuviese, le permitían hacer tareas más complicadas siempre y cuando estas fueran supervisadas por alguien que, como mínimo, tuviese terminada la carrera.

    Ya al final de su etapa de residente, con casi 23 años, mientras realizaba sus funciones, entró una chica pelirroja, algo más alta que ella, con una maleta y en sujetador, sin respeto ninguno por el edificio, algo que ella no iba a consentir, tras observarla, tenía que actuar, entonces fue cuando miró a Cherry y dijo, “¡Tápese y muestre un poco de respeto, esto es un hospital!”, esta chica ¿quien se creía que era?

    Cherry no pudo hacer otra cosa que sonreir, caminar hacia delante y dejar su maleta junto a su conjunto superior al lado de la chica y, tras mirarla de arriba a abajo, le dijo riendo, “Ekatherina Petrova, coja mis cosas y llévelas a mi despacho. Soy la nueva encargada de planta”.

    La pobre Kat se quedó estupefacta y, sin mediar palabra, cogió la maleta y la camiseta de tirantes y se fue pitando al despacho lo más rápido posible. Desde luego Katya sólo quería que se la tragara la tierra. ¡Acababa de decirle a su nueva jefa que tenía que taparse sus atributos!

    Regresó con las orejas bajas, intentando que no se le notase su cara de disgusto tras el desafortunado incidente previo, pero no pasó desapercibido ante Cherry y tras decirle que no pasaba nada y que continuase con sus quehaceres, las cosas se fueron poco a poco relajando.

    Pasaron las semanas con cierto ajetreo en urgencias creado por el mundial de fútbol que se celebraba ese año en Rusia, y mientras, empezaron las insinuaciones de Cherry, la cual para hacerlos todavía más evidentes, se dedicaba a llamarla a su despacho para todo lo que se le ocurría, hasta para que le pidiera un taxi, aprovechando así para abrirle la puerta completamente desnuda, siempre con la excusa de que se estaba cambiando para irse. ¡Como si Kat no tuviera ya suficiente!

    Poco a poco se fue acercando a Cherry, lo cual llevó a más y acabaron teniendo alguna que otra cita furtiva, alguna visita en cama ajena y al final pues la cosa ya no dejaba de crecer y se empezó a vislumbrar la posibilidad de una relación entre ambas.

    Kat acabó con 24 años la residencia en Novosibirsk tras seis años de carrera. Ya era médico oficialmente y comenzó a trabajar activamente en el hospital a las órdenes de Cherry, quién se las apañó para que las enviasen por las clínicas asociadas de toda Siberia tratando a la gente de las clínicas asociadas con el hospital, a la par que preparaban sus respectivas tesis para especializarse. La tesis de Kat era en cardiotorácica, como los médicos que salvaron la vida de Maks.

    Aprovechando las largas horas de viaje de los cientos de kilómetros por carretera, decidieron coger una autocaravana para continuar su camino. Era un todo en uno, podían conducir, dormir y follar libremente, siempre que no hubiera trabajo que atender, claramente. Así fue como su relación se consagró y empezaron formalmente a salir, tras más de dos años desde que se habían conocido.

    Sin embargo, Cherry tuvo una llamada inesperada y preocupante del Señor Miyagi, su padrastro, y se la necesitaba en Okinawa de manera urgente. Tras unas llamadas, pusieron rumbo a Novosibirsk, Cherry para el aeropuerto más cercano y Kat a casa.

    Katya, ya con 26 años, aprovecha este tiempo para solicitar una visita a su madre a prisión, ya que no la veía desde que tenía 7 años. Unos días tras solicitar la visita, llegó el día esperado.

    Se reencontró con su ‘Mamochka’. Anya apenas reconoció a Kat cuando la vio. Esa escasa hora que duró la visita, apenas les llegó para explicarse cómo fué Anya incriminada y como Kat llegó a ser la mujer que era hoy en día.

    Tras visitar a su ‘Mamochka’, tocaba ir a ver a ‘Papochka’ y a su ‘starshiy brat’. Parece que la vida les iba tratando mejor desde que regresaron a Moscú. Maks consiguió un empleo como aprendiz de sexador de pollos en una granja a escasos kilómetros de casa. Vladik con su larga experiencia con su tienda, le contrataron como gerente en un supermercado low cost llamado Mere que estaba empezando a coger fuerza en la zona.

    La visita no pudo durar mucho más. Llamarón a Kat y resultó ser para una entrevista de trabajo en un importante hospital de Boston, para suplir en una excedencia. Tenía que partir a EEUU al día siguiente para la entrevista, así que preparó todo lo necesario, se despidió de su familia y se fue hasta allá, para darse cuenta de que había sido recomendada por Cherry. Tras la entrevista y haberlas visto trabajar juntas con un paciente, la jefatura del hospital se percató de que juntas formaban un gran tándem, organizado y eficiente, así que no dudaron ni un segundo y contrataron a las dos.

    Dicho y hecho. Cherry comenzó como jefa de cirugía y Ekatherina como su médica adjunta.

    Llegaron a Boston, donde les enseñaron el hospital y conocieron a los internos, los cuales tendrían que ayudar a formarlos para ser los mejores residentes. Entre todos los internos, destacaban 2, Alena Powell y John Davis. Davis se convirtió en el ojito derecho de Katya, ya que este quería formar parte del departamento de instrucción, el cual había quedado temporalmente en manos de Katya, además, este presentaba un gran talento natural el cual Katya creía que le llevaría muy lejos.

    Con Powell hubo una relación muy buena, que se afianzó tras un rescate en la montaña que salió mal, donde Cherry tuvo que ir a sacar a Powell y a otro compañero, esto mejoró su amistad no solo dentro del hospital, sino también fuera, siendo una muy buena amiga tanto para Cherry como para Katya.

    Desde luego, ese año que pasaron en el hospital deja muchos recuerdos para Cherry y Kat, como cuando uno de los internos, Rodriguez, volcó por completo una ‘alpha’. Kat no vió ese increíble (aunque verídico hecho), se lo contó Cherry, la cual todavía no comprendía cómo pudo volcar la ambulancia pese a que lo vio desde el aire mientras volvía en el helicóptero de una emergencia. Cherry acabó tan desquiciada con el papeleo, que Katya fue un gran apoyo para ella, ayudándola a poder llevarlo a cabo con éxito.

    Pasado ese año y con Powell y Davis ya convertidos en residentes, Cherry y Katya terminaron de cubrir la excedencia, pudiendo así desvincularse de Boston y probar suerte por ellas mismas en otro lugar. Y así fue como juntas pusieron rumbo a Los Santos.



  • ACTUALIZACIÓN

    Ya en Los Santos, lo primero que hicieron las chicas fue dejar curriculum en el hospital, pero, como no se puede vivir del aire, encontraron en la pesca un modo relajado de sacar lo justo para vivir, hasta que conocieron a Pep.

    Pep resultó ser un hombre pudiente, con una empresa de taxis a su cargo, pero que había tenido una terrible experiencia con sus anteriores empleados. Tras Pep darse cuenta de que ambas parecían mucho más responsables que sus anteriores incorporaciones, decidió darles una oportunidad a ambas. Con mucho esfuerzo y constancia en la empresa de Pep, las chicas ascendieron rápido, ganándose así la confianza (y también la amistad) de Pep.

    No fue mucho más tarde cuando en una quedada automovilística Cherry le presentó a Juls y a Hitosi a Katya. ¡Por fin les ponía cara! Había escuchado que se gustaban y que no se atrevían a dar el paso. En un momento de la noche, Juls e Hito se encontraban charlando y se notaba a kilómetros esa tensión entre dos personas que se atraen, así que Katya fingió un pequeño tropiezo, empujando sin querer a Hitosi a los brazos de Juls. Instantes después, estos dos se encontraban besándose.

    Unos días más tarde, Katya fue a una entrevista de trabajo para comenzar como camarera en el Bean Machine. Aceptó sin pensarlo, porque lo de estar con el culo quieto no es lo suyo. Si hubiese sabido que un par de días después Cherry le informaría del email con la admisión en la academia y que tendrían que presentarse mañana en el observatorio y con ropa cómoda.



  • ACTUALIZACIÓN

    Katya entró junto con Cherry a formar parte de la LSES, teniendo que decirle a Lion que lamentaba mucho no poder formar parte del Bean Machine, ya que su deber como médico para ella es mayor. Por suerte, este lo comprendió y no puso ningún tipo de impedimento.

    La etapa académica de Katya en la LSES fue una buena etapa, aunque no podía hacer todo a lo que estaba acostumbrada y eso la frustraba un poquito, pero no fue un impedimento para graduarse con honores con una nota media de un 9.21

    [Medalla Nº12 LSES - Ekatherina Petrova]
    [Placa Paramedic - Ekatherina Petrova]

    Su etapa como paramédica dentro de la LSES discurrió sin mucho ajetreo, centrándose en la rama médica por la que claramente tiene preferencia. Su examen de ascenso lo realizó codo con codo con Cherry y, huelga decir que aprovaron sin mucha dificultad.

    [Placa Nurse - Ekatherina Petrova]

    Siendo ya enfermera de la LSES, y sin haberse sumado a ninguna de las divisiones disponibles hasta la fecha, Katya sentía que su trabajo no la llenaba como lo hacía anteriormente, por lo que comunicó con gran pesar una ausencia, para poder encontrarse nuevamente a ella misma, pero, esa ausencia, terminó convirtiéndose en una renuncia, la cual indicaba que tal vez sería un hasta luego y no un adiós.

    Tras casi un mes de esa renuncia y ya con los aires más renovados, cree que ya es el momento de buscar un cambio en su vida. Su novia Cherry también había renunciado a la LSES pero esta encontró un nuevo trabajo rápidamente, formando parte del Medical Corps de la LSAF y, quién sabe, tal vez ese camino pueda resultar en lo que Katya necesita.


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