++ $t("links.title") ++
Your browser does not seem to support JavaScript. As a result, your viewing experience will be diminished, and you may not be able to execute some actions.
Please download a browser that supports JavaScript, or enable it if it's disabled (i.e. NoScript).
Todos tienen de qué lamentarse, de la mano barajada que les tocó, de no haber llegado antes al compromiso, de no haber apagado la luz antes de salir de casa, de que te ayudaran cuando más lo necesitabas.
De la unión de Harry Curtis y Clarise Strömann (ahora Curtis), llegaron al mundo, por las puertas de Los Santos, dos niños y una niña. En orden de arribo, Thomas, Michael y Louise nacieron en una familia de clase media acomodada, seguridad económica garantizada por la labor reconocida en investigación farmacológica de su madre, con un grado nominal de apollo por el consultorio psicoterapéutico de su padre. Nunca pomposo pero menos aún humilde, la familia Curtis le brindó lo mejor posible a su alcance a sus hijos: educación, atención a la salud, alimentación, ejercicio. Pero si en algo escatimaban, irónicamente, era en atención a sus hijos. El famoso "sufrir en una mansión de Vinewood Hills es mejor que sufrir en bicicleta".
Tan pronto como llegó al mundo supieron sus padres que Michael sería "el distinto" de la familia, algo en esos pequeños ojos sin formar lo expresaban mejor que cualquier palabra que pudieran expresar, aquel 21 de Agosto del '88. No dicho pero hecho, Michael efectivamente no era ni interesado por las ciencias naturales como sus padres y su hermano mayor, ni interesado en las artes plásticas como su hermana menor. Así, sea por crianza o por genética, Michael recibió un trato ligeramente distinto al de sus dos hermanos por parte de sus padres, pero completamente distinto en las escuelas. Tan semejante en semble pero tan distinto en personalidad, Mike sufrió desde el principio de su educación formal hasta su final abrupto de ella, las comparaciones con sus padres, con sus hermanos, con sus compañeros, con su ambiente tan rimbombante pero que a el tan poco le importaba. Correr, ver, sentir, oler, estar, mucho más importante que cualquier regla semántica del inglés o que quién hizo qué hace cientos de años.
Ser víctima de bullying por parte del ambiente en el que creció probablemente habría sido terrible de no haber tenido amigos fuera de los círculos de las clases pretenciosas que alcanzaba su familia. De todos ellos, aquel muchacho llamado Eddie era su compañero de aventuras, el único con el que podía hacer cualquier estupidez sin que nadie se lo reprochara o pensara siquiera por un momento en su seguridad. Así se formó el temple de un hombre que no necesitó la validación de otros para crecer, intrépido, comprensivo pero también muy cabeza dura. Un hombre que al día de la fecha mide poco menos de un metro ochenta, de tez blanca y cabello moreno y desarreglado como siempre gustó.
Michael no es del tipo de persona que lamente su pasado, pues él contenta con la persona que es y con dónde estaba, trabajando de seguridad privada en un cargo tan simple como impedir que entren "portadores de caras peligrosas" en el garage de un amigo personal de los padres. Esa vida ya quedó en el pasado, de todos modos, pero sin lamentarla. Con ella también se fue Eddie y vino el lamento por el resto de su vida. De no haberlo podido ayudar cuando más lo necesitaba, de no haber captado sus pedidos de auxilio. Cuándo lo necesitaba es una buena pregunta, pero la respuesta no era tan fácil de percibir en su momento. Eddie pasó, como Mike, una infancia atosigada para el éxito pero nunca alcanzandolo, el eterno fracaso de su familia, muy similar a la de Michael pero incluso aún más disfuncional: su padre escrachado por sus amoríos, su madre una abusiva emocional y adicta a los narcóticos. Puede que Ed pidiera ayuda de formas que Mike no entendía, con algunos modismos extraños, con ciertas formas fuera de tono o con una sobredosis de humor oscuro. Sin hermanos, sin padres, solo con amigos que con el paso del tiempo se iban distanciando (o por lo menos, pasaban menos tiempo juntos). Las últimas notas que dejó Ed demostraron que quien estaba en ese cuerpo ya no era aquel joven gordito lleno de ánimo por la aventura sino una persona consumida por la confusión llevada al extremo, por el sentimiento de vacío ante la lejanía de las pocas personas que le importaban. El 26 de Noviembre del 2020, Mike y amigos en común encontrarían a lo que fue Ed en su casa, un día después de haber tomado el atrevimiento de tomar todas las pastillas que fueran necesarias para calmar el dolor de su propia voz.
El duelo no fue fácil, probablemente fue la única etapa en la que su padre lo asistió de forma positiva para el con terapia e incitandolo a salir del caparazón frío en el que se había encerrado. Actividades tanto académicas de bajo nivel como físicas no solo mantendrían la salud de Mike, sino que también lo llevarían al suceso que lo llevó a decidir cómo dedicar su vida: el salvar a un jóven adolescente del barrio de un robo violento. Nada gratis, Michael terminó en el hospital con un par de puntos en el estómago pero sin repercusiones mayores, y el muchacho no solo no fue víctima efectiva sino que tampoco resultó herido. El agradecimiento de ese muchacho, esa persona que necesitaba desesperadamente que alguien lo salvara marcó un antes y un después para el ahuecado Mike.
Sin empleo, sin amigos, con una familia cercana pero distante, Michael no se rindió. Tras perder su empleo por inasistencia, período de duelo por Eddie, se encuentra con sus últimos ahorros y un poco más de su padre. Con un objetivo concreto pero sin fin, Mike dedicará lo que queda de su vida a ayudar a la gente de forma que pueda, con sus incapacidades académicas consideradas.
(((Texto finalizado, realizándolo en una imagen para una lectura más amena)))