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Mi nombre es Brandon Freeman nací el 24 de Junio de 1987 en un humilde hogar de Harlem en la ciudad de Nueva York. En casa nunca reinó la abundancia, mi padre Elroy trabaja en una fundición a las afueras de la ciudad por el salario mínimo, es un luchador nato ya que sigue trabajando pese su avanzada edad. Mi padre es negro, corpulento, bastante alto, tiene los ojos verdes y es afroamericano. Mi madre Jamelia no tiene trabajo, siempre se ha dedicado a la casa y criarme. Algo que le caracteriza es que siempre esta de buen humor, pese a nuestra situación económica nunca le falta una sonrisa dibujada en el rostro. Mi madre es una mujer de estatura y peso normal, bastante más bajita que mi padre y que yo, de piel negra, pelo rizado y canoso.
En mi hogar nunca faltó la música ya que mis padres son grandes amantes del Jazz y siempre se ponían a bailar en el salón. El ambiente en casa siempre fue tranquilo y de paz, no teníamos grandes lujos ni mucha ropa pero nunca nos faltó un plato de comida en la mesa. En cuanto a mi, me parezco bastante a mi padre, también soy corpulento ya que mido aproximadamente 1,90 y peso unos 100 kilos, pelo no abunda en mi cabeza ya que la genética juega en mi contra y me dejó calvo con 25 años, pero antes de quedarme sin pelo solía llevarlo afro, tengo los ojos verdes oscuros y obviamente soy negro. Tengo un carácter muy marcado y algo serio, más que serio yo suelo describirme como precavido, ya que cuando cojo confianza con alguien pierdo esa seriedad y soy bastante bromista. Soy melómano hasta la medula, la música es el motor de mi vida y la que me ha sacado de muchos altibajos anímicos. Me caracteriza la sinceridad y empatía hacía las otras personas.
No he tenido una infancia especialmente dura, si, todos sabemos que Harlem puede que no sea el mejor sitio ni el más bonito de Nueva York pero la verdad que me he pasado casi toda mi infancia en la calle jugando al beisbol con mis amigos. En el colegio no era el primero de la clase, siempre estaba escribiendo en mi cuaderno y eso hacía que no prestara mucha atención a los profesores, al principio eran pensamientos pero al entrar en el instituto me di cuenta de que era algo más que eso.
En el instituto las cosas cambiaron bastante, estaba en una edad un poco difícil y todo me parecía mal. Aquellos "pensamientos" que escribía en el colegio se habían transformado en letras llenas de rabia por la situación de mi barrio, de mi gente y de mi familia. Conocí el rap, en el patio solían juntarse unos cuantos en corrillo y soltaban sus rimas, al principio me mostraba reacio a acercarme, como bien os he comentado suelo ser muy precavido, pero un día me atreví a salir al medio del corro, mi cuerpo no paraba de temblar pero en mi voz apenas se notaba y empecé a soltar todo lo que llevaba dentro, la verdad que a los chavales del corro les gustó lo que dije y poco a poco me llamaban más para fuera a improvisar con ellos. Así es como día a día el rap formó parte de mi vida.
Debido a nuestra situación económica empecé a salir por los vagones del metro a rapear y pasar la gorra, no solía recoger mucho dinero pero lo poco que sacaba se lo daba a mi madre que tras intentar no cogerlo tres o cuatro veces al final lo cogía con una sonrisa. La música cada vez fue a más, empecé a apuntarme a batallas de gallos que se hacían en la zona, los nervios jugaban en mi contra y muchas veces mi mente se quedaba en blanco, pero mis amigos nunca se rindieron y seguían apoyándome para que saliera a rapear, gracias a ellos al final conseguí ganar una batalla y llevar algo de dinero a mi casa. Así seguí bastantes años ya que no había trabajo, me ponía en las esquinas a rapear en las zonas mas agraciadas de la ciudad para intentar conseguir dinero y seguir ayudando a mi familia.
Actualmente tengo 33 años, la vida en el barrio sigue igual.... No hay trabajo, estoy cansado de las batallas de gallos, cansado de las mismas esquinas, las mismas calles. Todo esta estancado y no hay oportunidades, así que he decidido hacer una ultima batalla, tengo que conseguirlo ya que ese premio es mi billete de ida a Los Santos, hay gente del barrio que me han dicho que esa puede ser la ciudad que me de la oportunidad en la música por fin. Yo no me quito de la cabeza la batalla de gallos de esta noche, la ansiedad me esta presionando el pecho, me lo juego todo aquí y tengo que conseguirlo.
Sufrí, créeme cuando te digo que he sufrido en esta batalla como en ninguna otra, los rivales eran muy buenos y me lo pusieron muy difícil pero al final conseguí el primer premio y aquí estoy, despidiéndome de mis amigos y familia con un abrazo eterno, un billete solo de ida a Los Santos, una maleta medio rota y mirando la pantalla atento para cuando me llamen para embarcar.
Este es mi sueño, mi vida y es ahora o nunca, no se que me depara esta ciudad pero se que voy a seguir luchando por lo que quiero.