++ $t("links.title") ++
Your browser does not seem to support JavaScript. As a result, your viewing experience will be diminished, and you may not be able to execute some actions.
Please download a browser that supports JavaScript, or enable it if it's disabled (i.e. NoScript).
Bishi Connor, 30 años Nacimiento: Seattle, E.E.U.U. Altura: 1.79 mt., 78 Kg.
Personalidad Bishi es reservado, estratégico y frío cuando la situación lo exige. Su estilo de vida está regido por la disciplina, el análisis y la observación. Nunca levanta la voz, no es de rodeos y no se le suele ver actuando por impulso. Aunque no es alguien expresivo con facilidad, quienes logran acercarse a él saben que detrás de su fachada existe lealtad, visión y una persona de confianza. A su vez, es selectivo con las personas en quienes confía, y si bien da segundas oportunidades, no lo hace con cualquiera.
x
Infancia Perdió a sus padres en el atentado del 9/11 siendo un niño. Se crió con un amigo de sus padres el cual falleció de Cáncer pulmonar. Luego, se mantuvo evitando centros de acogida y sobreviviendo por su cuenta con pequeños trabajos. Esta etapa forjó su carácter duro y su capacidad de adaptación, desarrollando desde joven una intuición fría para reconocer el peligro y evitarlo.
Juventud Bishi no tuvo acceso a una educación universitaria. Apenas finalizó la escuela básica, pues necesitaba trabajar para mantenerse. Su especialidad: escuchar más de lo que habla y dejar que los demás se canten solos. Durante años trabajó como conductor privado. El volante fue su refugio y su medio de vida. Conocía rutas, personas, horarios… y cómo mantenerse invisible si era necesario.
Llegada a Los Santos Llegó a Los Santos buscando algo más que estabilidad: buscaba propósito. Comenzó trabajando como conductor privado, moviéndose entre encargos discretos y rutas peligrosas hasta que entró en contacto con el mundo del crimen organizado, donde sus habilidades eran útiles así como su forma de pensar.
Con el tiempo, entendió que el poder no llena el silencio, ni el dinero ocupa el lugar de la calma. Y quizá ahí está el precio real del mundo que eligió: ganar terreno afuera, mientras pierde espacio por dentro.