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EDAD: 34.
LUGAR DE NACIMIENTO: EE.UU, New York.
NACIONALIDAD: Estados Unidense
SEXO: Hombre.
Padre: James Clock
Madre: Sofia park
APARIENCIA FÍSICA: Mide 1.78M , Ojos Azules, Cabello marron, Con varias pecas en el rostro.
EDUCACIÓN: Estudio Mecanica y logro finalizarlo, aunque la vida le dio otros caminos, dandole una oportunidad Como transportista en general.
Tuvo una infancia bastante simple, Junto a sus padres y familiares, siendo criado de una manera rigurosa con el estudio.
Cuando salía del colegio siempre se juntaba con sus primos para disfrutar unos buenos momentos o realizar travesuras, aunque cuando volvía a su casa tarde, su madre lo regañaba por llegar tarde a su casa y no dedicarle mayor tiempo de estudio. Tras siempre recibir varias quejas por parte de su madre, siempre se encerraba en su cuarto e ignoraba las palabras de su madre, dedicándole un pequeño tiempo al estudio.
Tras finalizar con éxito sus estudios como ingeniero mecánico, decidió no sumergirse de lleno en la profesión. En lugar de ello, buscó un camino más relajado que le permitiera despejarse de los años de estudio, encontrando en el volante su nueva rutina. Fue así como ingresó a trabajar como taxista en la empresa Arena, que más adelante pasaría a llamarse Downtown Cab Co..
El trabajo le resultaba ideal: pasar horas conduciendo, conociendo nuevas personas y recorriendo la ciudad sin la presión de planos, cálculos o talleres. Sin embargo, aquella aparente calma se fue desgastando con el tiempo. Durante sus jornadas en las calles, comenzó a presenciar incontables siniestros viales, producto de la imprudencia y la irresponsabilidad de algunos ciudadanos. Aquellas escenas no solo lo marcaron, sino que también despertaron en él una fuerte incomodidad: sentía que estaba mirando los problemas desde afuera, sin hacer nada para solucionarlos.
Con el tiempo, la frustración creció y, sumada a un ascenso en la empresa que no logró motivarlo, tomó una decisión drástica. Abandonó su puesto como taxista y dejó de lado la idea de dedicarse a la mecánica. Fue entonces cuando su mirada se fijó en un nuevo horizonte: convertirse en Policía de Los Santos, con el firme deseo de proteger a los demás y evitar que los accidentes e injusticias quedaran sin respuesta.
Tras años de servicio en el Los Santos Police Department (LSPD), decidió dar un paso al costado luego de una fuerte discusión con uno de sus compañeros, cuya forma de actuar lo había ofendido y decepcionado profundamente. Aquella pelea fue suficiente para empujarlo a dejar atrás el uniforme y la placa, abandonando la vida que alguna vez consideró su vocación.
Se alejó de la ciudad y buscó refugio en el campo, trabajando como agricultor, con la intención de llevar una vida tranquila y sin sobresaltos. Sin embargo, aquella calma no lograba llenar el vacío que le había quedado. Durante sus días libres solía visitar el casino, gastando parte de sus ahorros en apuestas y tragos, como una manera de desahogar la mezcla de bajones y arrepentimientos que lo perseguían por haber dejado su puesto favorito.
El destino, caprichoso como siempre, le sonrió una noche: tras arriesgarlo todo en la timba, logró ganar más de diez millones de dólares. Aquella fortuna repentina lo hizo olvidar, al menos por un tiempo, el motivo que lo había llevado a renunciar. Con esa suma decidió cambiar su vida: se compró una camioneta nueva, renovó los muebles de su hogar y hasta ayudó a varios amigos durante la época de subastas.
Pero la vida en el campo le tenía preparada una sorpresa. Un día, mientras trabajaba, presenció cómo una situación policial se desarrollaba cerca de su zona. Esa escena lo golpeó con fuerza: la adrenalina de los arrestos, el trato con los ciudadanos, las charlas de camaradería con sus compañeros… todo volvió a su memoria como un eco vibrante de lo que alguna vez fue. Y, por primera vez en mucho tiempo, sintió que aquella pasión seguía viva en su interior.
Aunque la pelea que lo había llevado a retirarse parecía importante en su momento, ahora solo era un recuerdo lejano. Lo que realmente quedaba era la certeza de que su lugar, su verdadera vocación, siempre había estado en las calles, patrullando y sirviendo a la comunidad.
Con el dinero obtenido y su nueva camioneta, descubrió una afición que pronto se volvió parte de su rutina: las rutas Offroad. Lejos del bullicio de la ciudad, suele recorrer cada rincón de Los Santos y sus alrededores, explorando senderos ocultos como una forma de matar el aburrimiento. De vez en cuando, cambia el volante por el senderismo, disfrutando del contacto con la naturaleza y del silencio que alguna vez creyó haber perdido.
En esos momentos de calma, también acostumbra repasar los viejos manuales policiales que conservó de su época como oficial. Cada página le recuerda lo que significaba servir, patrullar y ser parte de una hermandad que, aunque dejó atrás, nunca se borró de su interior. Con esa nostalgia mezclada con esperanza, aguarda el momento de su última postulación, deseando volver a vestir el uniforme y sentir nuevamente la adrenalina y el orgullo de estar al servicio de Los Santos.