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JoZz Cortes nació en Colombia en el 2006 y creció en un barrio donde todos se conocían. Su infancia fue de aquellas que cualquiera envidiaría: días llenos de risas, juegos en la calle y familias unidas. Su madre, Carmen Silva, era una mujer trabajadora y cariñosa que siempre se esforzaba por darle a su familia todo el amor y la estabilidad que necesitaban. Desde joven, trabajaba en una tienda local, y aunque sus días eran largos, nunca faltaba su sonrisa al regresar a casa. Su padre, Luis Cortes, era un hombre práctico y trabajador que, con su empleo de albañil, lograba sostener el hogar con esfuerzo y honestidad. Luis siempre inculcaba en JoZz la importancia del trabajo duro y la humildad, y en sus días libres le enseñaba a arreglar cosas en casa, queriendo transmitirle sus conocimientos y habilidades.
Fue en ese ambiente seguro y familiar donde JoZz conoció a Ponfilio López, un niño que vivía en la misma cuadra. Desde pequeños, se volvieron inseparables, creando una hermandad que iba más allá de los lazos de sangre. Compartían sueños, aventuras y secretos.
A medida que crecían, la realidad del barrio también se fue haciendo presente. Las calles que antes parecían seguras empezaron a mostrar un lado más duro. JoZz y Ponfilio comenzaron a ver cómo algunos de sus amigos se alejaban, atraídos por caminos diferentes y menos seguros. Ambos sabían que querían algo más para sus vidas, un futuro que honrara los sacrificios de sus familias, especialmente el esfuerzo de Carmen y Luis, que siempre les enseñaron a soñar en grande sin perder el rumbo.
A los 18 años, JoZz estaba en el último año de la escuela y ya tenía en mente estudiar una carrera en seguridad y salud en el trabajo. Ponfilio, por su parte, tenía habilidad para los números y quería abrir su propio negocio algún día. Aunque los dos tomaron rumbos diferentes, su amistad se mantuvo fuerte. Cada domingo se reunían en la plaza del barrio, recordando aquellos días de infancia y los sueños que seguían formando.
A lo largo de los años, JoZz aprendió que la verdadera familia no siempre es la que compartimos por sangre, sino aquella que elegimos en el camino. Esta vida sigue, paso a paso, y aunque ha elegido el camino que parece más seguro, no puede evitar preguntarse si está realmente listo para lo que les espera a él y a Ponfilio. Tal vez están en la ruta correcta… o quizás aún les falta algo por descubrir. Pero aquí están, juntos, avanzando, sin certeza de lo que vendrá, solo confiando en que al final, las respuestas los encontrarán a su debido tiempo.