++ $t("links.title") ++
Your browser does not seem to support JavaScript. As a result, your viewing experience will be diminished, and you may not be able to execute some actions.
Please download a browser that supports JavaScript, or enable it if it's disabled (i.e. NoScript).
Nací, crecí y sigo viviendo en Strawberry. Negro, afroamericano, con tintes morados al reflejo del sol, ¿Y dónde más pude haber nacido entonces?.
Si me preguntas por mi padre, no lo conocí mucho, nos abandonó a mí y a mi hermano cuando éramos pequeños. La verdad a mí no me dolió mucho, tenía apenas unos meses de vida cuando se fue, quien sí sufrió su partida era mi hermano mayor Kyle, él tenía unos 5 o 6 años cuando se marchó.
Para ser sincero, mi padre (Antwan) tenía muchas razones para irse, mi madre era bailarina de un club nocturno y no me hubiese extrañado que a papá le pusiera más de una vez los cuernos. Antwan es un buen hombre, me llama de vez en cuando pero está viejo y cayó en el alcoholismo por muchos años. Pasará el resto de su vida en el hospital, al menos en uno bueno ya que su hermano — mi tío Andrew — lo ayudó a pagar un buen hospital, de esos que te ponen televisión en un cuarto propio y te sirven yogur de desayuno. Tiene 10 años que no lo veo más.
Mientras tanto, nosotros nos quedamos en Strawberry, con mi madre, con más mano dura que la de un maldito oso (no exagero), la verdad no nos quería, a menudo, cuando estaba ebria (que era casi siempre, por no decir siempre), decía que éramos hijos bastardos de sus clientes y a veces no nos daba ni para comer.
Mi hermano no tardó mucho en hacer lo que fuera para conseguir algo de plata para largarnos de esa casa, así que con mi hermano de 16 y yo de 10 años, nos fuimos a vivir a casa de una señora que le daba pequeños trabajos a mi hermano, en su tienda.
Fue un caos.
Cuando esto pasó, mi madre fue a golpear a Rosita, la señora latina que tenía la tienda de abarrotes donde trabajaba mi hermano, los vecinos la detuvieron antes de que matara a la pobre Rosita. Al menos no nos corrió de su casa y se dispuso más a cuidarnos. Me llevaba a la escuela a mí y a mi Kyle, nos daba buena comida y nos dejaba picar todos los chuches de la tienda.
¡Cómo quise a Rosita!, No se parecía nada a nosotros y a nuestra familia, era humilde, trabajadora y amorosa, además, era de rasgos latinos y nosotros más negros que una barra de chocolate, imagínate las risas cuando tuve que llevar a mi “mamá” Rosita el día de padres e hijos a la escuela.
Murió cuando tenía 15, me duró cinco años el gusto, para ese momento Kyle tenía 21, pero era un cabeza dura para las matemáticas. Aunque Rosita nos dejó su casa y la tienda, esta última no tardó en irse al carajo con las cuentas a medias de mi hermano y los adeudos que toda la cuadra tenía en la tienda. Al fin y al cabo, estábamos en Strawberry y una tienda dura poco si empiezas a dejar que los vecinos te pidan fiado.
Mi hermano nunca quiso que trabajara, quería que yo estudiara y nos sacara de la pobreza con uno de esos trabajos de traje y corbata, en un edificio gigante de Los Santos como los que hay cerca del centro de la ciudad. Kyle, 21 años, negro, vive en Strawberry, sin dinero, sin padres; ¿Qué más iba a hacer para mantener a su pequeño hermano de 15?, efectivamente, entró a una pandilla.
Realmente no pasó mucho durante estos tres años, mi hermano conseguía dinero para pagar las cuentas de la casa, darme de comer y pagarme los libros de la escuela, yo estudiaba y jugaba básquetbol con Kyle en el parque. No me dejaba juntarme con sus amigos y me decía que no amistara con gente del barrio, aunque todos mis amigos fuera blanquitos. Me metió a una escuela de paga para asegurar eso, y me soltaba dinero que no necesitaba “Quiero que te vean como uno de ellos, como alguien que tiene plata y quiere conseguir más”, me decía.
En la vida nunca pude agradecerle lo tanto que me amó y lo mucho que me cuidó.
Era el día de mi graduación.
¡Al carajo la High School! Acababa de ser aceptado en Yale, ¡EN YALE!, mi beca era del 30% y mi hermano había ahorrado plata como enfermo para pagar la universidad. Recuerdo que comimos arroz y frijoles (como mi mamá Rosita nos enseñó a comer) todos los días por un mes, para poder alcanzar a cubrir la primera cuota universitaria. Ese día no podía estar más feliz.
Nos invitaron a una casa de un riquillo, Mike se llamaba, a mí y a mi hermano. Pasamos una noche como nunca, bebimos hasta caer de lo ebrios que estábamos, fumamos buena hierba y nadamos en la piscina con el culo al aire. Nunca olvidaré esa noche.
Finalmente fuimos a casa, a la mañana siguiente Kyle me dijo que tenía muchas cosas que hacer, que quizá no volvía esa noche a casa. A mí me pareció normal, ya que a veces se iba hasta por días y volvía de la nada, sin avisar. Yo me pasé los días reuniéndome con algunos amigos y disfrutando mis vacaciones de verano en la playa antes de entrar a la universidad.
A los tres días, la verdad me empecé a angustiar, no atendía el teléfono ni él ni su amigo “Frenzy” de quien me había dejado su número en caso de emergencias. Yo no tenía plata, me había gastado todo en la fiesta y no tenía ni para comer. La noticia corrió rápido en los titulares de los periódicos locales de esa mañana: “7 MUERTOS EN UN TIROTEO EN LOS MUELLES”. Fue así como me enteré de que mi hermano estaba muerto, por su nombre escrito en uno de esos periódicos amarillistas llenos de morbo y de fotografías que nunca voy a sacar de mi cabeza.
Me quedé solo a los 18 años, buscando un trabajo que me diera para pagar las cuentas del hogar y de comer regularmente, había quedado una deuda del último mes de la high school así que no podía pagar para que me dieran mi título que certificaba terminar con la escuela, por los gastos funerarios no pude pagar nada, me quedé sin un centavo, a veces tuve que hurgar entre la basura para comer.
Deambulé por dos años, hasta que alguien se me acercó a ofrecerme trabajo. Maliek, 20 años, negro, vive en Strawberry, sin dinero, sin padres; ¿Qué más iba a hacer para mantenerse con vida?.