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A los 10 años, Gino ya podía desarmar y volver a armar un motor, algo que impresionaba incluso a los clientes de Antonio. Su viejo siempre decía que Gino tenía "manos mágicas", ya que no solo arreglaba lo que estaba roto, sino que hacía que cualquier máquina funcionara mejor que antes. Marta, por su parte, intentaba mantenerlo enfocado en los estudios, pero Gino tenía claro que su pasión eran las motos.
Durante su adolescencia, la vida en Merlo empezó a mostrarle su lado más crudo. Aunque su familia siempre había sido humilde, las oportunidades escaseaban, y Gino comenzó a rodearse de un grupo de chicos que vivían al margen de la ley. Lo que empezó como simples carreras clandestinas en las calles del barrio terminó llevándolo a trabajos más oscuros, como hacer entregas rápidas y huir de la policía en su moto. Fue en esta época cuando empezó a ganar fama como "El Fantasma", por su habilidad para desaparecer sin dejar rastro en persecuciones.
Antonio, al darse cuenta de que su hijo estaba yendo por un camino peligroso, intentó convencerlo de dejar todo y volver al taller. Pero Gino sentía que ya no había vuelta atrás. La presión en Merlo era demasiada, y el chico sabía que si seguía ahí, no tardaría en terminar tras las rejas o algo peor. Fue entonces cuando tomó una decisión drástica: dejar Argentina y buscar una nueva vida en otro lugar.
Con algo de dinero ahorrado y un contacto que le debía favores, Gino consiguió un pasaje a Estados Unidos. Su destino: Los Santos, una ciudad conocida tanto por sus oportunidades como por sus peligros.
Al principio, Gino tuvo que sobrevivir con lo poco que tenía. Encontró un pequeño cuarto en un barrio modesto y consiguió un trabajo en un taller mecánico, donde volvía a hacer lo que mejor sabía: arreglar motos. Aunque era un empleo honesto, no tardó en llamar la atención de los corredores callejeros locales por su habilidad con las máquinas. En poco tiempo, empezaron a pedirle que "tunee" motos para competencias ilegales.
Con el tiempo, El Fantasma se ganó un lugar en la escena clandestina de Los Santos. Su fama como piloto y mecánico lo convirtió en un nombre conocido, y las historias sobre sus escapadas comenzaron a circular entre corredores y policías. Pero esta vez, Gino no solo corría; también utilizaba su conocimiento de las motos para modificar su propia máquina, una Ducati personalizada que se convirtió en su sello distintivo.
En Los Santos, Gino aprendió a jugar con las reglas del crimen organizado, pero también se enfrentó a los riesgos que venían con su nueva vida. A pesar de todo, mantenía una filosofía simple: siempre estar preparado para salir corriendo. Su moto, con modificaciones que él mismo diseñó, era su boleto de escape en cualquier situación, y hasta ahora, nadie había logrado atraparlo.
Pero hasta que llegue ese día, Gino continúa acelerando, siempre un paso adelante del peligro y de quienes lo persiguen.