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Drake Reed había crecido entre dos mundos. Nacido en Buenos Aires, Argentina, se había mudado a Nueva York con su familia cuando tenía 18 años. Aunque su vida parecía estar destinada al éxito en el ámbito legal, con un título en Derecho de Harvard y un futuro prometedor como abogado, algo en su interior no lo dejaba tranquilo. A lo largo de su carrera, Drake había defendido a víctimas de abuso de poder y corrupción, y a pesar de su éxito en el tribunal, comenzó a sentir que la verdadera justicia a veces se quedaba corta en las salas.
El desencanto con la burocracia y los procesos legales lo llevó a una reflexión profunda. La gente que más necesitaba protección, a menudo no podía acceder a ella. Fue entonces cuando decidió hacer un cambio radical. Drake, sintiendo la necesidad de hacer una diferencia tangible, tomó la decisión de postularse para ser policía. Quería estar en las calles, enfrentarse directamente al crimen y ayudar a su comunidad de una manera más inmediata.
A sus 30 años, y con un perfil inusual para un abogado de élite, Drake comenzó el proceso de reclutamiento para la policía de Nueva York. Su formación legal le daba una ventaja en cuestiones de derechos y justicia, pero ser aceptado en la fuerza no sería fácil. La gente le decía que estaba perdiendo su talento, que su lugar era en una oficina, no en la calle. Pero él sabía que, como agente de la ley, podía marcar una diferencia real.
A pesar de las dudas de algunos, Drake se enfrentó a las pruebas físicas, las entrevistas y los entrenamientos con la misma determinación que había mostrado en su carrera legal. Sabía que no importaba cuán difícil fuera el camino, lo que realmente importaba era el compromiso con su comunidad y la justicia, una justicia que no solo se defendía en los tribunales, sino también en las calles.