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Leroy Senna nació en 2008, en una favela de São Paulo, Brasil. Creció rodeado de calles llenas de vida, pero también de dificultades. Su madre, una mujer fuerte que siempre luchó por darle un futuro mejor, trabajaba largas horas mientras él pasaba los días explorando los callejones y aprendiendo desde pequeño lo que significaba sobrevivir en un mundo donde la pobreza y la violencia eran parte del día a día.
De ascendencia africana, Leroy siempre sintió orgullo por sus raíces, aunque en su comunidad eso significaba cargar con una historia de lucha y resistencia. A los 10 años, su madre tomó la difícil decisión de mudarse a Los Santos, soñando con dejar atrás las favelas y comenzar de nuevo. Sin embargo, la ciudad no fue el escape que imaginaban. Vivieron en un barrio difícil, donde la violencia de las calles no era muy diferente a la que dejaron atrás en Brasil.
Leroy, que nunca había sido alguien fácil de intimidar, aprendió rápido a moverse en su nuevo entorno. Se hizo amigos en las calles y pronto encontró una forma de ganarse la vida fuera de los caminos tradicionales. A los 13 años, comenzó a participar en carreras ilegales y pequeños fraudes, falsificando identificaciones y revendiendo mercancía robada. Sin embargo, nunca se metió en los negocios más pesados. Su madre le repetía constantemente que él podía aspirar a algo mejor, y en el fondo, Leroy sabía que no quería acabar como muchos otros que conocía.
Ahora, con 16 años, se encuentra en una encrucijada. La ciudad de Los Santos le ha mostrado dos caminos: uno lleno de riesgos y dinero rápido, y otro donde podría usar su astucia para salir adelante sin caer en el crimen. Aún no sabe cuál elegirá, pero una cosa es segura: Leroy Senna no es alguien que se conforme con ser solo otro chico del barrio.
Su historia todavía se está escribiendo.