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NOMBRE COMPLETO: Mike Evans
EDAD: 26 años
LUGAR DE NACIMIENTO: México
NACIONALIDAD: Estados Unidos
SEXO: Hombre
PADRES: Los padres se llamaba Austin Evans y Olivia Evans los dos son de nacionalidad Estadounidense . Austin el padre era muy parecido a Mike con el color de pelo marrón los ojos azules y su estatura de 188 cm mientras que Olivia era una mujer rubia de ojos verdes algo más bajita media alrededor de 165 cm
APARIENCIA FÍSICA: Mide 186 cm , tiene un cabello corto de color marrón , una barba corta arreglada del mismo color que su cabello , tiene los ojos azules y unos labios de tamaño medio. Tiene un tatuaje en el brazo derecho superior de 2 líneas negras y otro en el brazo izquierdo con la imagen de un oso . De complexión media , con unos abdominales y brazo ligeramente definidos.
PERSONALIDAD: Es un hombre personalidad calmada , cuesta mucho alterarse por el comportamiento de su alrededor . Es un hombre que tiene unos principios propios que nunca los quebranta , lo que valora de la gente es la lealtad y la honestidad , los cuales son sus atributos principales , hago que hecho en falta durante toda su infancia
INFANCIA:
Prologo:
La vida de Mike ya empezó de la peor manera posible , ya que su madre murió al darle luz , debido a una complicación que hubo en el parto. Su padre devastado por ese acontecimiento se dio a la bebida.
Historia infancia:
Desde que tenía memoria, Mike se sentía atraído por el rugido de los motores. No cualquier motor, no cualquier moto: eran las Harleys las que le hacían girar la cabeza y soñar despierto. Cada vez que una pasaba por su calle, dejaba de jugar, dejaba de pensar, y solo miraba. Con cinco años ya podía distinguir modelos por el sonido. Para él, no eran solo máquinas; eran libertad.
Pero la libertad no era algo que conociera de cerca.
Su casa olía a cerveza desde temprano. Las latas vacías rodaban por el suelo como juguetes olvidados, pero esos no se tocaban. Su padre estaba casi siempre en el sillón, con la mirada perdida o la voz demasiado alta. Había días buenos, sí, donde parecía que iba a cambiar, que por fin le iba a enseñar a andar en bici o llevarlo a ver una carrera. Pero esos días se desvanecían rápido, como humo en el viento.
Mike creció solo, aunque viviera con alguien. Aprendió a prepararse el desayuno, a llegar solo al colegio, a esquivar los gritos y a guardar sus sueños donde nadie pudiera aplastarlos. Dibujaba Harleys en sus cuadernos. Se imaginaba viajando lejos, lejos de su barrio, lejos del olor a alcohol, lejos de las promesas rotas.
Cada moto que pasaba por su calle era una promesa de otro mundo. Y aunque ese mundo se sintiera lejano, Mike nunca dejó de creer que un día sería suyo
Durante su juventud, Mike se convirtió en un experto en sobrevivir. Trabajaba en un bar del centro, donde servía tragos a tipos con miradas cansadas y escuchaba más historias de derrota que de gloria. Cada billete que ganaba ya tenía destino antes de tocar su bolsillo: el alquiler del pequeño departamento que compartía con su padre, las facturas de luz y agua, y las deudas constantes que su viejo dejaba regadas como migajas. Mike nunca veía el fruto de su esfuerzo; era como cargar un saco roto.
Frente al bar donde trabajaba, había un taller. No uno cualquiera: era la guarida de un club de moteros que todos en el barrio conocían. El rugido de sus Harleys era como un canto de libertad, y Mike lo sentía en el pecho cada vez que pasaban. Se hablaba mucho del club, y no todo era bueno. Se rumoreaba que se movían en el tráfico de armas, que tenían enemigos, que la policía los dejaba tranquilos por miedo o por trato. Pero a Mike no le importaba.
Lo que él veía era otra cosa.
Veía una hermandad, una familia unida por algo más grande que la ley o el dinero: la pasión por las motos, la ruta, el honor entre ellos. Veía hombres que se protegían entre sí, que recorrían juntos las carreteras como si fueran una sola alma de acero y gasolina. Y aunque soñaba con formar parte de algo así, nunca dio el paso. No porque no quisiera, sino porque no podía. Tenía que cuidar a su padre. Alcohólico, débil, perdido. No había tiempo para otra vida.
Todo cambió cuando Mike cumplió los 20 años.
Una noche, el rugido de motores fue interrumpido por algo más brutal: disparos. Un ajuste de cuentas. Un tiroteo frente al taller. Fue rápido, violento. Muchos del club murieron esa noche. Otros desaparecieron. Hubo víctimas que no tenían nada que ver, solo estaban en el lugar equivocado. Una de ellas fue su padre.
Mike se enteró mientras limpiaba mesas en el bar. Al principio, no dijo nada. No lloró. Solo se quedó quieto, como si no pudiera procesarlo. Pero en los días que siguieron, la tristeza lo golpeó, no por la relación que nunca tuvieron, sino por lo que podría haber sido. Era un dolor silencioso, pero profundo.
Sin embargo, entre esa niebla oscura, apareció algo más. Una idea. Una oportunidad.
Ya no tenía ataduras. Ya no tenía deudas que no fueran suyas. Por primera vez en su vida, Mike podía decidir su propio destino. Así que hizo lo único que tenía sentido: se fue de esa ciudad. Con una mochila al hombro y el sonido de los motores tatuado en el alma, tomó rumbo hacia un nuevo comienzo.
Quería formar parte de algo real. Una familia de verdad. Un club de moteros donde pudiera encontrar su lugar, ganarse el respeto y vivir en la carretera, con el viento golpeándole la cara y la libertad rugiendo bajo sus pies.
Y si ese camino implicaba negocios sucios, tratos turbios o cruzar líneas... bueno, después de todo lo vivido, Mike ya no creía en lo bueno y lo malo. Solo en lo que funciona. Y él había decidido que su sueño valía cualquier precio.
ACTUALIDAD: Actualmente esta trabajando como transportista de una empresa en Los Santos , viviendo solo en la ciudad , ahorrando para poder comprar su moto y disfrutar del viento en su cara recorriendo la carretera
EDUCACIÓN: Mike solo consiguió sacarse el graduado escolar básico