++ $t("links.title") ++
Your browser does not seem to support JavaScript. As a result, your viewing experience will be diminished, and you may not be able to execute some actions.
Please download a browser that supports JavaScript, or enable it if it's disabled (i.e. NoScript).
Mi nombre es Mauricio Porrada. Tengo 21 años y nací en Torre Davies, un barrio donde la vida costaba poco y la muerte llegaba rápido. Mi madre me tuvo cuando apenas era una niña, y mi viejo nunca estuvo. Crecí entre callejones oscuros, peleas en la escuela y noches sin cena. El mundo no tenía un plan para mí, así que yo tuve que hacer el mío.
A los 13 ya conocía el sabor metálico de los billetes sucios. Empecé corriendo encargos, pasando bolsitas, haciendo favores que pocos se atrevían a mirar. A los 16 ya andaba con fierro, y para los 18, mi nombre sonaba en bocas que hablaban bajo. Era respetado, o más bien, temido. El dinero venía rápido, pero se iba aún más rápido… en vicios, falsas lealtades y noches que terminaban con sirenas o sangre.
Tuve suerte. Caí, pero no por mucho. Un par de meses encerrado me dieron tiempo para pensar. Ver cómo los que decían ser “hermanos” me olvidaron me abrió los ojos. Y más que nada, ver a mi vieja llorar en la sala de visitas me partió por dentro.
Cuando salí, sabía que no podía volver a lo mismo. Me costó. Nadie quiere contratar a alguien con antecedentes y cara de pocos amigos. Pero aprendí a trabajar con las manos, a ganarme el pan sin miedo a mirar atrás. Hoy, después de mucho esfuerzo, estoy limpio. No perfecto, pero en paz. Trabajo en una empresa de seguridad del centro, y en mis ratos libres ayudo a pibes del barrio que están como yo estuve, para que no tengan que pasar por lo mismo.
La calle me enseñó a sobrevivir, pero la vida me está enseñando a vivir.