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Ricardo Ramírez, mejor conocido como "Gocho Ric", es un joven tachirense de 24 años que llegó a la ciudad con la mirada puesta en el progreso. Nació entre vacas, cafetales y amaneceres neblinosos en una finca familiar donde aprendió desde pequeño el valor del trabajo duro, la palabra dada, y cómo hacer dinero con las manos llenas de tierra.
Pero a diferencia de otros del campo, Gocho Ric tiene un gusto peculiar: le obsesiona la buena ropa, el estilo y el porte. Aunque venga de tierra, siempre ha dicho que "un hombre puede tener barro en las botas, pero nunca en el flow". Le gusta vestir fino: botas limpias, camisas de diseñador, cinturones con hebillas brillantes, y si puede combinar una chaqueta Versace con sombrero llanero… mejor.
En su país ya tenía varias fincas y un almacén agropecuario que le daba buena vida, pero con la situación difícil, decidió emprender un nuevo camino en esta ciudad. Se estableció en el sector de pescadores, donde ya tiene un par de fincas compradas, algunas cabezas de ganado importadas y está montando un pequeño negocio de carnes premium y productos del campo.
Gocho Ric es de esos que no se meten con nadie, pero no se deja de nadie. Tiene visión de futuro, estilo propio, y una frase que lo define: “Puedes quitarme todo, pero el sombrero y el porte… jamás.”
Aunque hoy sus botas pisan barro y su camisa se moja con el sudor del trabajo, Gocho Ric no es un hombre sin visión. Él sabe que su destino no está limitado al campo, ni al ruido de las vacas al amanecer. En su mente, hay una ciudad que vibra con neones, donde su nombre se lee en vitrinas de vidrio, donde los billetes no se guardan bajo el colchón sino se cuentan en oficinas con vista panorámica. Sueña con tener su tienda de ropa en una avenida importante, con vitrinas llenas de prendas finas que mezclen el campo con el lujo, el cuero con la seda, lo criollo con lo calle.
Pero el gocho no es de los que se desesperan. Con apenas 24 años y la paciencia de un llanero sabio, ha aprendido que todo llega a su tiempo. Mientras tanto, vive su vida campesina con elegancia y rutina. Se levanta antes que el sol, prepara su café colado al estilo tachirense y sale a revisar el ganado como quien cuida a su propia familia. Saluda a sus vecinos, se encarga de los pedidos del día, y se sienta cada tarde en su porche, con sombrero en mano y un tabaco en los labios, mirando el horizonte con calma… pero con hambre.
Porque sí, el gocho ama el dinero. Lo respeta, lo estudia, lo trabaja. Sabe que el dinero no da la felicidad, pero permite buscarla en lugares más cómodos. Le gustan los billetes limpios, pero también entiende que a veces hay que mancharse las manos para llegar a la cima. No le teme a los negocios difíciles, siempre y cuando se respeten las reglas del campo: palabra, lealtad, y consecuencia.
A veces sueña despierto: se ve entrando a su tienda con gafas oscuras, escoltado por Ñero, su perro fiel. La gente lo saluda, los clientes se pelean por sus botas edición limitada, y en el fondo, suena una canción llanera mezclada con beats modernos. Todo eso lo ve claro. Todo eso lo quiere. Y todo eso lo va a conseguir.
Pero por ahora, se mantiene en su finca, como quien afila el machete antes de entrar al monte. Tranquilo, firme, y con la certeza de que su momento llegará. Porque Gocho Ric no es un cualquiera. Es un hombre de tierra, de palabra, y de visión. El campo le dio raíces… la ciudad le dará alas.