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Luna Schulz nació el 14 de marzo del 2000 en el hospital de Sandy Shores, Estados Unidos. Tiene 25 años y es abogada. Desde chica fue una persona muy enfocada, curiosa, y con una idea clara de lo que quería: entender las reglas del mundo y usarlas para ayudar a otros. Tiene una presencia tranquila pero firme. Mide 1,68 m, se cuida físicamente y siempre da la sensación de tener todo bajo control. Su pelo es castaño claro, lo lleva largo y ordenado, y sus ojos celestes claros muestran que está siempre observando, pensando.
La criaron sus padres, Fanny y Albert Schulz, en un hogar donde la disciplina y el respeto iban de la mano con la empatía. Aprendió desde temprano a escuchar, a ponerse en el lugar del otro, y también a decir las cosas como son. Esos valores la marcaron fuerte y todavía hoy son parte de su forma de ser y de trabajar.
Luna es de esas personas que no se rinden fácil. Es meticulosa, tranquila, y muy comprometida con lo que hace. Tiene una moral bien definida y no le gusta quedarse callada cuando algo no está bien. A veces le cuesta aceptar que las cosas no siempre son como deberían, y eso puede hacerla chocar un poco con la realidad, pero nunca pierde su norte. Es directa, sincera y también tiene un humor muy particular, que solo aparece cuando se siente en confianza.
Desde chica prefería leer libros sobre leyes o historia antes que jugar con lo común. Le fascinaba la idea de la justicia y siempre preguntaba por qué las cosas eran como eran. Pasaba mucho tiempo al aire libre, lo que la ayudó a mantenerse activa y a valorar los momentos de calma. Le gustaba inventar juegos donde ella defendía a otros o resolvía casos imaginarios.
En la secundaria fue muy aplicada, siempre con buenas notas. Participó en el club de debate, donde mejoró su forma de expresarse y discutir ideas sin perder la compostura. No era la más popular, pero sí una de las más respetadas. También hizo trabajos voluntarios en espacios relacionados con el sistema legal, donde pudo ver de cerca cómo funciona todo y qué se puede mejorar. A los 18 años se recibio de una escuela secundaria de origen humilde y precario de un barrio pobre de estados unidos. A los 19 comenzo a entrenar arduamente en un gimnasio de su barrio y al dia de hoy continua yendo al mismo y practicando natacion, por lo que se mantiene atletica, sana y en forma.
Hoy vive sola, en un departamento sencillo y ordenado, que la representa bastante. Le gusta mantener una vida equilibrada, hacer ejercicio, leer, estudiar cosas nuevas y seguir creciendo, tanto en lo personal como en lo profesional. Aunque sabe que el mundo está lejos de ser perfecto, todavía cree que se pueden hacer cosas buenas, por pequeñas que sean.
Se formó como abogada con mucho esfuerzo, see recibio de una universidad reconocida en estados unidos gracias a la disposicion de una beca estudiantil. Tiene una base legal muy sólida, pero lo que realmente la distingue es cómo aplica ese conocimiento: con responsabilidad, con empatía y con los pies en la tierra. Para Luna, el derecho no es solo una carrera, es una herramienta para mejorar el mundo, aunque sea un poco.