Jeezy Scott



  • NOMBRE COMPLETO:Jeezy Scott

    EDAD:21

    LUGAR DE NACIMIENTO:Pillbox Hill Medical Center

    NACIONALIDAD: Estadounidense

    SEXO: Hombre

    PADRES: Mariano Scott/Emily Dangelo

    APARIENCIA FÍSICA:1.90m/70k/ojos marones/cabello negro

    En las calles polvorientas de Davis, entre talleres oxidados y luces de neón, Jeezy Scott creció sin un padre. Su padre, Mariano Scott, lo había abandonado cuando apenas tenía 6 años. Nadie supo si fue por miedo, cobardía o simplemente por no querer responsabilidades. Se marchó una noche sin dejar una nota, sin mirar atrás. La única figura masculina que quedó en la vida de Jeezy fue su tío: Marlon Dangelo, hermano de su madre, Emily Dangelo.

    Marlon era mecánico. Trabajaba en un taller improvisado, entre autos destartalados y motores rescatados del desguace. Pero lo más importante: era un hombre honesto en una ciudad que se estaba pudriendo desde dentro.

    Desde pequeño, Jeezy aprendió a usar llaves inglesas, desmontar transmisiones y hasta modificar motores. Marlon no solo le enseñó sobre mecánica, también le hablaba sobre principios, justicia y respeto.

    —“En esta ciudad hay dos tipos de hombres, Jeezy: los que destruyen... y los que arreglan. Vos decidís cuál vas a ser.”

    Jeezy escuchaba esas palabras mientras sus manos se manchaban de grasa y sus ojos comenzaban a ver más allá del barrio. A veces, se sentaban en el techo del taller y veían las patrullas pasar. Jeezy, en silencio, soñaba con algún día llevar ese uniforme.

    Pero todo cambió una noche.

    Tres ladrones armados irrumpieron en el taller. Querían dinero, herramientas, hasta piezas de auto para revender en el mercado negro. Marlon no se dejó intimidar. Les dijo que no les debía nada. Se enfrentó a ellos como un verdadero hombre.

    Le dispararon.

    Jeezy, con solo 13 años, encontró a su tío sangrando en el suelo del taller. Sus últimas palabras no fueron de odio ni venganza.

    —“No te conviertas en ellos, Jeezy. Sé mejor... Sé justo.”

    Ese día, Jeezy cambió.

    Ya no solo arreglaba autos. Comenzó a estudiar, a entrenar, a leer sobre leyes y procedimientos policiales. Juró no descansar hasta limpiar Los Santos de cada delincuente que jugaba con la vida de la gente honesta. Su meta ya no era solo ser policía... era ser un símbolo de justicia en una ciudad dominada por el crimen, las bandas y la corrupción.


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