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Akari Saori, originaria de Osaka, tenía 25 años cuando su vida dio un vuelco inesperado. La muerte de su padre, Kenji Saori, un hombre al que nunca conoció realmente, la obligó a abrir una caja que había quedado bajo llave hasta ese día. Dentro encontró un anillo con una gema y una carta que revelaba una verdad dolorosa: no estaba sola. Tenía hermanos dispersos, cada uno con un anillo distinto, y juntos debían reunirse para hacerse cargo del tesoro familiar, la última herencia de un hombre que había vivido en las sombras de la mafia.
Selinna, la mayor, Ren, su mellizo perdido, y Sana, la más joven, se reunieron con ella tras la lectura de aquella carta. El encuentro fue tenso, pero había algo que los unía: el peso del apellido Saori y la necesidad de sobrevivir.
El problema era que el negocio que Kenji había levantado en Japón ya no existía. Haruto Takeda, un viejo enemigo, había destruido el imperio del clan Saori antes incluso de la muerte de su padre. Las rutas, los contactos y la influencia se habían perdido, quedando solo el tesoro oculto como última carta.
Con esa riqueza como base, los hermanos tomaron una decisión drástica: viajar a Estados Unidos. Allí, lejos del alcance de Haruto Takeda, podrían empezar de nuevo.
Poco después de instalarse, Akari recibió un mensaje. Era una vieja amiga de la ciudad, alguien que había emigrado antes y conocía bien las calles americanas.
—“Akari, me enteré de lo de tu padre. Sé que el clan ya no está, pero vos y tus hermanos tienen lo que se necesita. Acá la ciudad es tierra de oportunidades… y yo necesito una mano en mi negocios, los errores en esta ciudad me están costando muy caro, y ya es momento de volver a Argentina. Tengo los contactos, vos tenés el apellido y el dinero. Mi familia te necesita y yo necesito que cuides a mi familia, te deje unas cuantas llaves de propiedades y vehículos, en una de ellas hay una nota muy importante... algún día hazlo sangrar con tu katana. Gracias Akari te deberé una toda la vida. Atte: B.C”
Akari entendió entonces que el viaje no era solo un escape, sino un comienzo. Aunque el clan Saori había caído en Japón, en Estados Unidos los hermanos tenían la oportunidad de reconstruirlo desde cero. Y esta vez, el apellido Saori volvería a resonar en las sombras.
Con el respaldo de B.C., los Saori encontraron al principio un refugio. La familia (Ryushin) a la que ella los había rencomendado los acogió, permitiéndoles asentarse en un terreno que no era suyo. Akari, Selinna, Ren y Sana se movieron entre almacenes, clubes y negocios ilegales que mantenían en pie lo que quedaba del legado de Kenji. Por primera vez, los hermanos se sentían parte de algo que recordaba a un clan.
Durante un tiempo, todo marchó. La unión con esa familia permitió que los hermanos se fortalecieran, aprendieran las dinámicas de las calles estadounidenses y encontraran un lugar donde usar el tesoro oculto como cimiento. Parecía que el apellido Saori comenzaba a recuperar brillo.
Pero las alianzas hechas con rapidez suelen romperse con la misma velocidad. Traiciones internas, guerras con clanes rivales y el desgaste de los jefes terminaron por fragmentar a aquella familia. En cuestión de meses, la organización se disolvió, dejando a sus miembros sin protección, sin dinero y sin rumbo. Los Saori, nuevamente, se vieron en la misma situación que tras la muerte de Kenji: desamparados en tierra ajena.
El tiempo pasó, y la soledad volvió a pesar sobre ellos. Hasta que, una noche, el teléfono de Akari sonó. La voz al otro lado era temblorosa, cargada de desesperación. Era uno de los antiguos miembros de aquella familia caída, alguien que lo había perdido todo en la disolución.
—“Akari… no me queda nadie más. Vos sabés lo que es empezar desde cero. Ayudame, no quiero morir en estas calles olvidado.”
Akari permaneció en silencio unos segundos. La promesa a B.C. aún resonaba en su mente, al igual que las últimas palabras de su padre en la carta. Los Saori no podían escapar de las sombras, pero sí podían convertirse en el refugio de aquellos que ya no tenían hogar.
Ese llamado no solo era un pedido de auxilio: era el recordatorio de que el apellido Saori tenía un nuevo destino que construir con los olvidados...