Nemesis Blackline



  • alt text

    𝗘𝗻𝘁𝗿𝗲 𝗲𝗹𝗲𝘃𝗮𝗱𝗼𝗿𝗲𝘀 𝗵𝗶𝗱𝗿á𝘂𝗹𝗶𝗰𝗼𝘀, 𝗹𝘂𝗰𝗲𝘀 𝗳𝗿í𝗮𝘀 𝘆 𝗺𝗼𝘁𝗼𝗿𝗲𝘀 𝗮𝗯𝗶𝗲𝗿𝘁𝗼𝘀, 𝗔𝗹𝗲𝘅 𝗕𝗲𝗹𝗳𝗼𝗿𝘁, 𝟮𝟴 𝗮ñ𝗼𝘀, 𝗽𝗶𝗲𝗹 𝗰𝗹𝗮𝗿𝗮, 𝗰𝗮𝗯𝗲𝗹𝗹𝗼 𝗰𝗮𝘀𝘁𝗮ñ𝗼 𝘆 𝗼𝗷𝗼𝘀 𝗮𝘇𝘂𝗹𝗲𝘀, 𝗽𝗮𝘀𝗮𝗯𝗮 𝗺á𝘀 𝘁𝗶𝗲𝗺𝗽𝗼 𝗯𝗮𝗷𝗼 𝗲𝗹 𝗰𝗮𝗽ó 𝗾𝘂𝗲 𝗲𝗻 𝗹𝗮 𝗰𝗮𝗹𝗹𝗲. 𝗡𝗼 𝗲𝗿𝗮 𝘂𝗻 𝘀𝗶𝗺𝗽𝗹𝗲 𝗮𝗳𝗶𝗰𝗶𝗼𝗻𝗮𝗱𝗼: 𝗲𝗹 𝘁𝘂𝗻𝗶𝗻𝗴, 𝗲𝗹 𝗺𝗼𝘁𝗼𝗿 𝘆 𝗹𝗮 𝘃𝗲𝗹𝗼𝗰𝗶𝗱𝗮𝗱 𝗲𝗿𝗮𝗻 𝘀𝘂 𝗹𝗲𝗻𝗴𝘂𝗮𝗷𝗲 𝗻𝗮𝘁𝘂𝗿𝗮𝗹.𝗗𝗲𝘀𝗱𝗲 𝗷𝗼𝘃𝗲𝗻, 𝗔𝗹𝗲𝘅 𝘀𝗲 𝗶𝗻𝘃𝗼𝗹𝘂𝗰𝗿ó 𝗲𝗻 𝗲𝗹 𝗺𝘂𝗻𝗱𝗼 𝗱𝗲 𝗹𝗮𝘀 𝗰𝗮𝗿𝗿𝗲𝗿𝗮𝘀 𝗶𝗹𝗲𝗴𝗮𝗹𝗲𝘀, 𝗱𝗼𝗻𝗱𝗲 𝗲𝗻𝘁𝗲𝗻𝗱𝗶ó 𝗾𝘂𝗲 𝗻𝗼 𝗴𝗮𝗻𝗮 𝗲𝗹 𝗺á𝘀 𝗿á𝗽𝗶𝗱𝗼, 𝘀𝗶𝗻𝗼 𝗲𝗹 𝗺á𝘀 𝗽𝗿𝗲𝗽𝗮𝗿𝗮𝗱𝗼. 𝗖𝗮𝗱𝗮 𝗺𝗼𝗱𝗶𝗳𝗶𝗰𝗮𝗰𝗶ó𝗻 𝘁𝗲𝗻í𝗮 𝘂𝗻 𝗽𝗿𝗼𝗽ó𝘀𝗶𝘁𝗼, 𝗰𝗮𝗱𝗮 𝗽𝗶𝗲𝘇𝗮 𝘂𝗻 𝗽𝗼𝗿𝗾𝘂é. 𝗖𝗼𝗻 𝗲𝗹 𝘁𝗶𝗲𝗺𝗽𝗼, 𝗼𝘁𝗿𝗼𝘀 𝗽𝗶𝗹𝗼𝘁𝗼𝘀 𝗰𝗼𝗺𝗲𝗻𝘇𝗮𝗿𝗼𝗻 𝗮 𝗯𝘂𝘀𝗰𝗮𝗿𝗹𝗼, 𝗻𝗼 𝗽𝗼𝗿 𝗳𝗮𝗺𝗮, 𝘀𝗶𝗻𝗼 𝗽𝗼𝗿 𝗿𝗲𝘀𝘂𝗹𝘁𝗮𝗱𝗼𝘀.𝗔𝘀í 𝗻𝗮𝗰𝗶ó 𝗡𝗲𝗺𝗲𝘀𝗶𝘀 𝗕𝗹𝗮𝗰𝗸𝗹𝗶𝗻𝗲:𝘂𝗻𝗮 𝗼𝗿𝗴𝗮𝗻𝗶𝘇𝗮𝗰𝗶ó𝗻 𝗱𝗶𝘀𝗰𝗿𝗲𝘁𝗮, 𝗲𝘀𝘁𝗿𝘂𝗰𝘁𝘂𝗿𝗮𝗱𝗮 𝘆 𝗽𝗲𝗹𝗶𝗴𝗿𝗼𝘀𝗮, 𝗱𝗲𝗱𝗶𝗰𝗮𝗱𝗮 𝗮 𝗱𝗼𝗺𝗶𝗻𝗮𝗿 𝗲𝗹 𝗮𝘀𝗳𝗮𝗹𝘁𝗼 𝗰𝘂𝗮𝗻𝗱𝗼 𝗹𝗮 𝗰𝗶𝘂𝗱𝗮𝗱 𝗱𝘂𝗲𝗿𝗺𝗲. 𝗡𝗼 𝗰𝗼𝗺𝗽𝗶𝘁𝗲𝗻 𝗽𝗼𝗿 𝗿𝗲𝗰𝗼𝗻𝗼𝗰𝗶𝗺𝗶𝗲𝗻𝘁𝗼 𝗽ú𝗯𝗹𝗶𝗰𝗼, 𝗰𝗼𝗺𝗽𝗶𝘁𝗲𝗻 𝗽𝗼𝗿 𝗰𝗼𝗻𝘁𝗿𝗼𝗹, 𝗱𝗶𝗻𝗲𝗿𝗼 𝘆 𝗿𝗲𝘀𝗽𝗲𝘁𝗼 𝗲𝗻 𝗲𝗹 𝗰𝗶𝗿𝗰𝘂𝗶𝘁𝗼 𝗰𝗹𝗮𝗻𝗱𝗲𝘀𝘁𝗶𝗻𝗼.𝗘𝘀𝘁𝗲 𝘁𝗮𝗹𝗹𝗲𝗿 𝗲𝘀 𝗲𝗹 𝗼𝗿𝗶𝗴𝗲𝗻. 𝗔𝗾𝘂í 𝘀𝗲 𝗽𝗹𝗮𝗻𝗶𝗳𝗶𝗰𝗮𝗻 𝗿𝘂𝘁𝗮𝘀, 𝘀𝗲 𝗮𝗷𝘂𝘀𝘁𝗮𝗻 𝗺á𝗾𝘂𝗶𝗻𝗮𝘀 𝘆 𝘀𝗲 𝗱𝗲𝗰𝗶𝗱𝗲 𝗾𝘂𝗶é𝗻 𝗲𝘀𝘁á 𝗹𝗶𝘀𝘁𝗼 𝗽𝗮𝗿𝗮 𝗰𝗼𝗿𝗿𝗲𝗿 𝗯𝗮𝗷𝗼 𝗹𝗮 𝗹í𝗻𝗲𝗮 𝗻𝗲𝗴𝗿𝗮… 𝘆 𝗾𝘂𝗶é𝗻 𝗻𝗼.

    alt text



  • alt text

    La llegada de Cameron Jones “Nosta”

    No todos entran a Nemesis Blackline por el taller.
    Algunos lo hacen en la calle, a fondo, sin frenos y sin cabeza.

    A Cameron, conocido en el asfalto como “Nosta”, lo conocí una noche cualquiera en una carrera ilegal. Ruta corta, apuesta alta, margen de error inexistente. No era el más limpio al manejar, pero sí el más agresivo. Forzaba entradas, cerraba líneas y llevaba el auto como si no le importara romperlo… o morir en el intento.

    Le gané la carrera.

    La derrota no le sentó bien. Nosta perdió el control, la frustración le ganó y estuvo a punto de convertir una simple carrera en algo más serio. Pero ahí fue cuando entendí quién era realmente: no un perdedor, sino un loco del volante, alguien que corre con rabia, instinto y cero miedo.

    Lo que para otros era un problema, para mí era potencial.

    No destacaba por la mecánica ni por el detalle técnico.
    Nosta destacaba por la conducción extrema, por llevar cualquier máquina más allá de su límite, y por su locura con las armas cuando la situación se salía de control. Donde otros dudaban, él aceleraba. Donde otros frenaban, él apuntaba.

    Nuestras personalidades chocaron… y encajaron al mismo tiempo.
    Ambos somos picantes, competitivos, y no toleramos que nos pasen por encima. Esa misma noche entendimos que separados éramos rápidos, pero juntos podíamos ser peligrosos.

    Desde entonces, Cameron “Nosta” se convirtió en una pieza clave de Nemesis Blackline, liderando desde la calle, marcando el ritmo en las carreras y asegurándose de que nadie olvide que esta organización no solo corre… también se defiende.

    alt text



  • alt text

    Dylann Salvatore

    Alias: Jay
    Edad: 21 años
    Rol actual: Underboss – Nemesis Blackline

    Las calles no perdonan, y Chamberland Hills mucho menos.
    Entre edificios desgastados, sirenas constantes y violencia cotidiana, creció Dylann Salvatore, un joven marcado desde temprano por el peligro, las bandas y la necesidad de sobrevivir.

    Desde niño encontró refugio en el ruido de los motores.
    Autos, motos, velocidad… cualquier cosa que pudiera sacarlo mentalmente de ese barrio que parecía tragarse a los suyos uno por uno.

    A lo largo de los años, Dylann se vio envuelto con distintas bandas conocidas de la ciudad, siendo una de las más relevantes 104 Lost Souls, donde aprendió lo que era la lealtad, la traición y la ley de la calle. Sin embargo, nunca terminó de encajar del todo. Su mente siempre estuvo en otro lugar: las carreras, la adrenalina, el asfalto.

    🏁 El encuentro

    Una noche cualquiera, Alex Belfort recorría la ciudad como de costumbre, con el rugido de su coche rompiendo el silencio nocturno.
    Al pasar por una zona poco transitada, algo llamó su atención: un Sultan Classic color celeste, perfectamente cuidado, con una estética limpia pero agresiva, claramente preparado por alguien que sabía lo que hacía.

    Alex no dudó. Frenó.

    Dylann estaba observando el auto con detenimiento, casi con respeto. Bastaron un par de palabras para que ambos entendieran que compartían la misma sangre: pasión por los motores y hambre de velocidad. La conversación fluyó sola, entre modificaciones, carreras pasadas y sueños de algo más grande.

    Esa noche no hubo carrera, pero sí algo más importante: una conexión real.

    alt text

    Nemesis Blackline

    Con el tiempo, Dylann demostró que no solo tenía conocimiento, sino coraje, lealtad y una mentalidad callejera invaluable. Su pasado no fue un problema, fue una ventaja. Sabía cómo moverse, cómo leer situaciones y cuándo pisar el acelerador… o el gatillo.

    Así fue como Nemesis Blackline ganó a su primer Underboss.

    No por jerarquía.
    No por fuerza.
    Sino porque el asfalto reconoce a los suyos.



  • alt text

    Negan Dixon

    Alias: El Tío
    Edad: 32 años
    Cargo: Underboss – Jefe Mecánico

    Alex no confiaba en cualquiera cuando se trataba de motores. Para él, un coche no era solo velocidad: era carácter, precisión y respeto por la calle.
    Fue precisamente esa mentalidad la que lo llevó una noche al TKT Garage, un taller que no figuraba en mapas ni redes, pero del que todos los corredores hablaban en voz baja.

    Dentro, entre elevadores manchados de aceite y autos que habían visto demasiadas noches de carreras, estaba Negan Dixon, mejor conocido como El Tío. Un hombre de pocas palabras, manos curtidas y mirada experta. No necesitaba presentarse: bastaba ver cómo trabajaba. Cada ajuste, cada pieza, cada sonido del motor tenía sentido bajo su control.

    Alex llegó con un problema que nadie había logrado solucionar. Negan no preguntó demasiado. Abrió el capó, escuchó el motor unos segundos y comenzó a trabajar.
    Cuando terminó, el coche no solo funcionaba mejor: era otro.

    Esa misma noche salieron a probarlo. No fue una carrera común. Negan no solo sabía de mecánica, también entendía la calle, las curvas, el límite entre correr y sobrevivir.
    Alex lo supo en ese momento: no estaba frente a un simple mecánico, sino ante alguien que vivía el mundo del tuning y las carreras ilegales.

    Entre cigarrillos, motores calientes y historias del pasado, Negan habló de su trayectoria: años en la mecánica, tuning extremo, preparación de autos para carreras clandestinas y contactos que valían oro. No buscaba poder, solo respeto y un lugar donde su talento tuviera peso real.

    Alex le hizo la propuesta sin rodeos.

    Nemesis Blackline necesitaba a alguien así.
    Alguien que no solo arreglara autos, sino que los convirtiera en armas.

    Negan aceptó.

    Desde esa noche, El Tío pasó a ser el último Underboss de Nemesis Blackline, el pilar mecánico de la organización, el hombre detrás de cada máquina que ruge en el asfalto.
    Sin él, no hay carreras.
    Sin él, no hay Nemesis.


Accede para responder