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Will Windsor es ese colega que, de primeras, ni notas que está en la sala. Es bastante tímido, de los que en una fiesta acaban acariciando al perro en la cocina o pegados a la mesa de las cervezas para no tener que dar conversación a desconocidos. Nació en Los Ángeles, pero tiene cero postureo: nada de batidos detox ni alfombras rojas. Su L.A. es el de tragarse atascos en la 405 y hacer barbacoas tranquilas el fin de semana.
Pero ojo, que cuando coge confianza, el tío es un cachondo. Tiene un humor muy seco, de esos que te sueltan una burrada con la cara totalmente seria y tardas un par de segundos en pillar que se está quedando contigo. Le encanta bromear, aunque a veces descoloca.
Lo curioso es que, con lo que le gusta tomar el pelo, para las cosas del día a día es súper serio. Se lo toma todo a pecho. Si le dices que te ayude con una mudanza a las cuatro de la tarde, se presenta a las menos cuarto. Si le cuentas un problema, aparca las bromas en el acto y te escucha de verdad. No hace las cosas a medias y su palabra va a misa.
Will nunca ha hecho nada muy loco, ni le hace falta. No tiene historias de viajes de autodescubrimiento ni anécdotas en las que casi acaba en el calabozo. Es, simplemente, un tío cien por cien legal, alguien que no te va a dejar tirado nunca. Y hoy en día, encontrar a alguien de fiar vale mucho más que cualquier vida de película.