Robert Winston



    • NOMBRE COMPLETO: Robert Winston

    • EDAD: 27 años

    • LUGAR DE NACIMIENTO: Bogotá - Colombia

    • NACIONALIDAD: Colombiano (Residente Permanente de Estados Unidos)

    • SEXO: Hombre

    • PADRES:
      Alex Winston (Estadounidense): Sirvió en la Fuerza Aérea de los Estados Unidos, fue el ejemplo a seguir de su hija, tanto en su forma de ser comprometida y seria como en sus aptitudes para desempeñar cargos de mando y de fuerza pública de cualquier entidad gubernamental y de ley.
      Rebeca Hernandez (Colombiana): Amorosa y muy comprometida con la educación y valores para su pequeña hija.
      Ama de casa, entregada a la familia y a los quehaceres.

    • APARIENCIA FÍSICA: 1.75m, ojos oscuros tirando a negro, cabello castaño, barba corta, tez blanca.

    • PERSONALIDAD: Alegre, noble, comprometido con su trabajo, amante de la naturaleza, adicto a la adrenalina y a conducir motocicleta, fiestero, sentimental, simpático, no le gusta que nadie le toque su cabello o se vuelve un "asesino" en potencia, serio en momentos de presión y de crisis, paciente, consejero, amante de la ropa rasgada, solo puede mirar a los ojos a la persona que le gusta, por pena de ser observado a través de la ventana de su alma por personas extrañas.

    • INFANCIA: Nacido en la ciudad de la eterna primavera (Medellín), hijo de un padre y una madre amorosos y muy comprometidos con la educación y valores para su pequeño hijo. Fue entrenado desde los 12 años por su padre en la lucha de artes marciales mixtas. Vivió en un entorno armónico, de respeto y de crianza a partir de límites claros y enseñanza a través de la reflexión, el perdón, el amor y la transparencia.

    • JUVENTUD: De Joven, Robert fue un niño bastante fuerte, un líder en potencia que siempre quería ayudar a los más débiles y apoyar a todos sus compañeros de escuela y de instituto para llegar a ser los mejores como un equipo. Siempre iba de capitán en los equipos de deportes, se postulaba como el representante en cada salón al que llegaba, al que convertía en su segunda familia mientras crecía. Aprendía todas las cosas que le enseñaban en la escuela y siempre procuraba hacer que sus padres se sintieran orgullosos de él. De parte de su madre, sacó su lado amable, noble, su lado emocional, pero, sobre todo, su lado amoroso. Robert siempre fue un chico de pocos amores, ya que no le interesaba cualquier chica que estuviera detrás de él. Robert era consciente del problema con las mujeres interesadas con que se topó en la etapa de su pubertad y todos los peligros que corría siendo un hombre de buena familia, con recursos y contactos por el lado de su padre, pero gracias a su inteligencia y su astucia supo ponerle un alto a tiempo. Por otra parte Robert, por mano propia, tuvo que aprender a defenderse de todo aquel acosador que quisiera sobrepasarse o lastimarle si no se dejaba hacer lo que quisieran, pasando por encima de él por mero gusto. Sus padres también le ayudaron mucho en su camino de pubertad explicándole todos los riesgos y todas las aventuras que se podía vivir estando enamorado de joven, ya que ellos habían logrado ser un ejemplo de vida para el mundo, siendo afortunados de construir una relación de 2 personas jóvenes que se aman con todo el corazón.
      Robert, a sus 18 años recién cumplidos, recibió de parte de su familia paterna la maravillosa noticia de que una academia militar en Estados Unidos le había puesto el ojo encima, ya que les habían comentado entre contactos y familiares de su padre sobre el interés genuino y completamente noble del chico para formar parte del cambio que dejaría huella en el mundo a través de la fuerza pública que representaba la insignia de la ley para él. Como su padre siempre lo llevaba a reuniones de ex colegas y amigos cercanos a las fuerzas militares de Estados Unidos y de su actual trabajo en Colombia como consultor y asesor del ministro de defensa, estas personas se daban cuenta del gran empeño y esfuerzo que este ponía sobre Robert para hacerlo el mejor en su vocación y profesión como futuro miembro del cuerpo militar de Estados Unidos, pero habría un pequeño detalle en la vida de este pequeño joven inocente que lo cambiaría todo para siempre y haría de su destino en la vida otro lugar más apartado del continente americano.
      Robert al cumplir 16 años conoció una joven militar de rango alto, de aproximadamente unos 20 años de edad, cabello rubio y ojos azules, tez blanca como la nieve, y un aire de superioridad y elegancia que no podía verse en cualquier persona. Había estudiado una ingeniería avanzada con enfoque militar en la universidad de Yale, graduada con honores y antes de tiempo por su alta capacidad intelectual, detalles que poco a poco le fueron ganando terreno en el corazón a Robert y que le iban impresionando de la misma manera en que se impresionaba con cada éxito, logro y premiación que recibió su padre en sus años de lucha. Este par se conoció en uno de tantos viajes que la familia de 3 realizaba a Estados Unidos para visitar a los abuelos de Robert y que ya tenían más que organizado el encuentro entre Robert y la joven militar, ya que para su familia el hecho de que una persona de su estilo y estatus se relacionase de manera sentimental y posiblemente con compromiso de por medio, hacia de ésta la candidata idónea para que cuando Robert cumpliese la mayoría de edad pensara seriamente en la posibilidad de irse a vivir a Estados Unidos en compañía de la mujer que sería su futura esposa, y posible madre de sus hijos. Poco a poco, con tiempo y esfuerzo de parte de ambos, de las 2 familias, y con un pequeño toque de presión familiar, el par de tortolos resultaron en una relación de novios que se fue desarrollando con el pasar de los días, los meses, y entre más enamorados estaban más tenían planes, sueños, ilusiones y esperanzas de que algún día esa vida tan perfecta, tan llena de gozo y alegría se convirtiese en su propio cuento de hadas, pero en el mundo real.
      Robert, recién cumplidos sus 18 años y con una sortija gemela de compromiso, estaba totalmente convencido de que su vida, su corazón y su todo estaba al lado de esta chica, ya que no había razón alguna en su corazón para que dudara de ella, desconfiar o que incluso pensara que esta mujer que sería su esposa haría daño alguno a la vida de Robert. Él se entregó en cuerpo y alma, consumando así su amor a la luz de la luna, las velas y la lujuria que por ese par de años había guardado desde el momento en que vio por primera vez la joven. Estaba extasiado y sorprendido de lo bello y romántico que había sido para él y para ella su primera vez (o eso creía él), llevándolo a pensar que sería fiel y leal a esa mujer y únicamente a esa mujer a la cual le había entregado su corazón.
      A la mañana siguiente de esa noche de amor y placer, Robert se levantó de la cama en la que estaba con las sábanas como su única opción para tapar su desnudez, entre gritos y golpes en las paredes, cristales rotos y todo tipo de salvajadas que habían desconcertado completamente a Robert ya que no entendía el porqué una noche tan bella y tan amena que había tenido con el amor de su vida se convertiría a la mañana siguiente en todo un circo. Robert cautelosamente se fue acercando hasta la entrada de la casa con las sábanas sujetas por sus brazos sobre su cuerpo, atraído por los ruidos que desde allí se sentían, para que cuando llegase al epicentro se encontrara con el espectáculo de que su mejor amigo de toda la vida, el que había conocido al ingresar a la escuela siendo un niño, con el que había compartido cada secreto y cada aventura de chicos a medida que crecían juntos como si fueran hermanos, al hombre que sería posiblemente el padrino de su boda con su prometida, estuviera discutiendo y lanzándole a dicha mujer cuanto objeto encontrase por su camino con tal de lastimarla y castigarla. El pobre hombre tenía empapado el rostro de lágrimas derramadas, el cabello alborotado y la cara hirviendo por la rabia y el alcohol que por su aliento se notaba a metros de distancia. Este hombre, al ver a Robert en la manera en que se había presentado, abrió los ojos como platos estupefacto y a la vez desconsolado, ya que sus ojos se comenzaron a humedecer de tal manera que ahora la rabia se había disipado y la tristeza se hacía presente conforme iban cayendo gotas de lagrimas sobre sus mejillas. Robert confundido y asustado por el desastre causado por su mejor amigo, no pudo decir nada más que un par de palabras “¿Por qué?”, y no sabía que esas simples palabras estaban a punto de volver su mundo pedazos. El muchacho, ya un poco más calmado y no tan iracundo como antes, le explico a Robert sobre el romance en secreto que había tenido con su prometida, que la chica cuando conoció a Robert se interesó al mismo tiempo por su mejor amigo, y a pesar de que para el público y las masas la relación oficial era entre Robert y la joven, ésta ya compartía su cama y su vida con el que era su mejor amigo. Le contó que la sortija gemela que Robert tenía puesta en su dedo en ese momento había sido ya un anillo que le había regalado la joven al mejor amigo de Robert, pero que cuando la joven se vio presionada por su familia a casarse con Robert, se lo quitó al muchacho y se lo dio a Robert el día de su cumpleaños. Relataba que la joven lo abandonó y lo dejó solo en un departamento que tenían como lugar de sus “encuentros amorosos” y con una simple nota, no explicaba ni el porqué ni el dónde se había ido, ni a dónde se había llevado la sortija que le pertenecía. A medida que Robert iba escuchando la desgarradora historia de su ahora ex mejor amigo, sentía cómo se le iba desgarrando la piel, los músculos, los nervios y hasta los huesos por dentro del dolor tan grande que estaba formándose al interior de su pecho con cada palabra que salía de la boca de este chico que estaba ahora frente a él como su único y verdadero rival, más que como su mejor amigo de toda la vida.
      La joven no pudo hacer nada ante tal confesión, tenía el rostro pálido de la angustia y la vergüenza que sentía en el momento en que los dos hombres que engañó estaban teniendo la plática que acabaría con todo en el mismo sitio a la vez. Robert estaba perdido, desorientado, asustado y herido por dentro, no sabía en qué momento toda su vida se había venido al suelo, sus sueños, su amor, su lealtad y su nobleza ante su amistad con el chico y su relación sentimental con la joven, haciendo que perdiera todas las fuerzas para vivir y cayera al suelo desmayado completamente inconsciente.
      Robert despertó en el hospital a la semana, producto de un coma espontaneo en el que había caído por el estrés del momento en el que su mundo se vino abajo. Despertó en la camilla de un cuarto bastante amplio, rodeado de flores y sobres sin abrir adornando las mesas y los estantes, con escritos de todos y cada uno de los miembros de su familia, exceptuando claro aquella chica que ya no sería más su prometida. Robert, como pudo, fue recobrando fuerzas con el pasar de los días, con el apoyo de su familia, platicando suelto y tendido con su madre sobre todo aquello a lo que siempre le temió, a lo que siempre le huyó cuando fue creciendo y creyendo en el amor, al mal destino de tener que estar con una mujer que lo engañase y lo traicionase, ya que él solo había sido por ella, y solo para ella. Ahora que su corazón estaba destrozado, estaba dispuesto a olvidarse de todo el asunto del amor y de las relaciones con aquellos seres que ahora despreciaba, de los cuales sentía asco y temor de que le volvieran a hacer daño, a hacer sufrir y pasar por una situación como esta que casi le hace poner un pie sobre la tumba cuando prácticamente ya tenía toda su vida hecha.
      La joven con la cual Robert se había comprometido resultó huyendo hacia Estados Unidos donde su familia, por miedo al escarmiento público al que sería sometida si daba la cara ante la familia de Robert, ya que todos tenían puestas sus esperanzas e ilusiones en que la relación entre esos dos resultase todo un éxito hasta el punto de llegar a casarse y formar una familia. Robert, al momento de volver a casa no sentía los ánimos suficientes para continuar con los proyectos de vida que ya había trazado con anterioridad para su futuro. Por primera vez en sus 18 años de vida estaba completamente perdido y confundido, sin una respuesta, sin un plan y sin un objetivo claro sobre lo que realmente quería hacer para con su vida y su felicidad.

    • ACTUALIDAD: Qué tan casual es la vida, que un día mientras Robert ya empezaba a tomar el control nuevamente de sus emociones y de su estado anímico mientras pasaba reposo en casa de sus padres, vio por el canal de noticias internacionales un reportaje periodístico acerca de una ciudad estadounidense llamada Los Santos, en la cual se veía como se hablaba sobre desmantelar una banda organizada criminal por manos de los sheriff del condado y sus agentes en días anteriores, sobre el buen trabajo que la oficina del sheriff y sus compañeros habían realizado para ese operativo y sobre la capacidad de mano de obra que tenían en sus filas para hacer del desierto y sus poblaciones las más limpias y seguras del condado, para sus ciudadanos y trabajadores honestos. Robert se vio completamente emocionado por como los sheriff del condado habían logrado un cambio a nivel local para hacer de su hogar un mejor lugar para vivir, y ahí fue cuando a este chico se le prendió el foco para comenzar de cero en un nuevo lugar donde nadie le conociese, donde no tuviera que vivir con el recuerdo y la nostalgia de una vida pasada que no fue y nunca será como le hacia sentir cada vez que sus padres le recordaban sobre sus planes de ir a Estados Unidos a continuar su vida allá. Robert se dio cuenta que quería servir a la comunidad, a la gente de a pie, a los civiles respetuosos de la ley y que quería vivir en una comunidad más pequeña y cercana a como sería si se fuera a una de las grandes metrópolis gringas donde no haría más que pensar en las malas experiencias que había vivido y que revivirían dolores de cosas que no merecía la pena volver a pasar en su vida. Robert habló seriamente con sus padres, les comentó sobre la posible oportunidad de vida que quería labrarse a través de la vida de oficial de policía, una vida más tranquila, más cercana al público y desde donde esperaba poder hacer un cambio así fuera solo para esa pequeña ciudad que ahora se había vuelto en su nuevo sueño, en su nueva realidad, y en su nueva esperanza de una vida feliz y prospera como policía.
      Robert lo único que quería hacer era hacer sentir orgullosos a sus padres por sus logros y estaba dispuesto a correr el riesgo de ir a un mundo totalmente nuevo para él, fuera de su zona de confort y de toda cosa conocida con tal de ser un ejemplo a seguir, para él mismo, para sus padres, y para las nuevas personas que conocería en este lugar tan pronto abordase ese avión con rumbo hacia la ciudad de Los Santos…

    • EDUCACIÓN: Criminólogo de profesión,

    • OTROS: Fue entrenada desde los 12 años por su padre en la lucha de artes marciales mixtas, el uso progresivo de armas de fuego desde sus 16 hasta sus 18, desde las más pequeñas e inofensivas, hasta el uso de armamento militar y pesado de las fuerzas armadas.


Accede para responder