++ $t("links.title") ++
Your browser does not seem to support JavaScript. As a result, your viewing experience will be diminished, and you may not be able to execute some actions.
Please download a browser that supports JavaScript, or enable it if it's disabled (i.e. NoScript).
Me llamo James Sawyer y durante mucho tiempo fui solo un tipo más detrás de un volante. Mi trabajo era simple: recoger gente importante, llevarla a donde necesitara ir y no hacer preguntas. Vi mansiones, fiestas, dinero… pero siempre desde el asiento delantero, como si fuera invisible. Y supongo que eso era lo que mejor hacia pasar desapercibido.
Hasta que una noche todo cambió. Lo recogí como a cualquier otro cliente, pero él no era cualquiera. Era un cantante famoso, de esos que no solo tienen fans, sino influencia real. Durante el trayecto no dejó de observarme por el espejo retrovisor. Pensé que estaba paranoico… hasta que me ofreció algo diferente. “Sirves para más que manejar”, me dijo. Al principio fueron encargos pequeños. Nada demasiado serio. Entregas, favores, cosas que no aparecían en ningún contrato. Pero pronto entendí en qué estaba metido. Drogas. Dinero. Poder y no voy a mentir… me gustó. Subí rápido. Aprendí a moverme, a negociar, a hacer que la gente me respetara o me temiera. Ya no era invisible. Ahora todos sabían quién era ese chofer que hablaba poco y hacia sus trabajos rapidos... Pero también empecé a perderme.
El consumo, la presión, la vida que llevaba… todo se volvió demasiado. Y él lo notó. El hombre que me abrió la puerta empezó a mirarme distinto. Ya no era confianza En ese mundo, cuando alguien duda de ti, es cuestión de tiempo para que intente borrarte y no iba a dejar que eso pasara.
La noche que lo maté no hubo discusión. Ni amenazas. Solo entendí que era él o yo. Y elegí vivir después de eso, desaparecí. Cambié rutas, nombres, rutinas. Viví como una sombra durante meses… pero no fue suficiente. El pasado siempre encuentra la forma de alcanzarte. Me atraparon. La condena fue clara. Años encerrado. Años para pensar en cada decisión, en cada error, en cada paso que me llevó hasta ahí. La prisión te cambia. No te vuelve mejor por arte de magia… pero te obliga a verte tal como eres y ahora estoy fuera. No soy el mismo. Ya no busco poder fácil ni respeto vacío. Busco algo distinto… algo real. Una oportunidad con gente que sepa lo que hace, que no juegue a destruirse como yo lo hice. Porque si algo aprendí… es que no siempre hay una segunda salida y esta vez, no pienso desperdiciarla.