++ $t("links.title") ++
Your browser does not seem to support JavaScript. As a result, your viewing experience will be diminished, and you may not be able to execute some actions.
Please download a browser that supports JavaScript, or enable it if it's disabled (i.e. NoScript).
Emilio Heredia creció en un barrio donde todo era rápido y nadie preguntaba mucho. Desde pequeño le gustaba pintar, pero no en papel… en paredes. No escribía su nombre completo, solo EMI. Corto, rápido y fácil de repetir.
Al principio eran firmas pequeñas por su zona, pero poco a poco empezó a hacerlas en sitios más complicados. Cuanto más difícil, mejor. Le gustaba ver su nombre por todas partes, como si el barrio fuera suyo.
Con los años empezó a juntarse con gente más movida. Ahí llegaron los robos pequeños: móviles, ropa, cosas así. Nada grande, pero constante. Emilio no lo veía como algo grave, era más bien parte del día a día.
Lo que sí se le daba de verdad era conducir. Nadie sabía bien cómo, pero manejaba coches como si llevara años haciéndolo. Rápido, sin ponerse nervioso. Por eso, cuando había lío, él era el que iba al volante.
De día, trabajaba en el taller Los Santos Custom, donde arreglaba coches, cambiaba piezas y aprendía aún más de motores. Ahí era tranquilo, concentrado… otra versión de él. Pero por la noche, todo era distinto.
Durante un tiempo todo le salió bien. Pintaba, corría, escapaba. Su nombre estaba en todas partes: EMI.
Pero claro, cuanto más te mueves, más llamas la atención.
Una noche, después de una escapada, se quedó mirando una pared con su firma. Ya no se sentía igual que antes. Era como si todo empezara a pesar.
Aun así, sacó el spray… y volvió a escribir:
EMI
https://imgur.com/a/hs2PB6T
https://imgur.com/a/Dgqw0Ee