Dushane Lincon



  • HISTORIA DE LLEGADA

    En las calles húmedas de Jamaica, donde la música sonaba más fuerte que las sirenas y cada esquina tenía dueño, vivía Dushane Lincon. Tenía 21 años, mirada fría y cicatrices que no se veían a simple vista. Había crecido entre negocios turbios, peleas callejeras y lealtades que costaban sangre. En Kingston lo conocían como “Lincon”, un chico rápido con el dinero y aún más rápido con el gatillo.

    Su vida era una rutina de supervivencia: trapicheos en los callejones, carreras ilegales y ajustes de cuentas para la banda que lo había criado desde niño. Pero Jamaica empezaba a quedarse pequeña… y peligrosa. Demasiados enemigos. Demasiados funerales.

    Una noche lluviosa, mientras fumaba apoyado contra una pared llena de grafitis, recibió una llamada inesperada.

    —“¿Dushane?” —dijo una voz grave al otro lado.

    —“¿Quién pregunta?”

    —“Tu primo Spencer… Spencer Lincon.”

    Dushane tardó unos segundos en responder. Hacía años que no sabía nada de él. La última vez que lo vio era apenas un adolescente rebelde obsesionado con abandonar Jamaica.

    —“Escúchame bien,” continuó Spencer. “Estoy en Los Santos. Aquí hay oportunidades enormes si sabes moverte. Las calles están calientes y necesito alguien de confianza cerca.”

    Spencer no lideraba ninguna pandilla, pero su nombre era muy conocido en los barrios bajos de Los Santos. Se movía entre pandillas, clubes nocturnos, talleres clandestinos y fiestas privadas donde acudían criminales, empresarios corruptos y traficantes. Tenía contactos en todos lados y respeto en cada esquina. No mandaba sobre nadie… pero todos sabían quién era Spencer Lincon.

    —“Te consigo un vuelo. Cuando aterrices, te enseñaré cómo funciona esta ciudad.”

    Dushane miró la ciudad bajo la lluvia. Jamaica era su hogar… pero también podía convertirse en su tumba.

    Dos días después estaba sentado en un avión rumbo a San Andreas. Sin despedidas. Sin mirar atrás.

    Cuando aterrizó en el aeropuerto internacional de Los Santos, el calor de la ciudad le golpeó el rostro junto al ruido de helicópteros, motores y sirenas lejanas. Era otro mundo. Más grande. Más salvaje.

    A la salida lo esperaba un coche negro brillante. Dentro estaba Spencer Lincon.

    Cadena de oro, ropa cara, tatuajes visibles y una calma peligrosa en la mirada. Se notaba que conocía perfectamente las calles de Los Santos.

    —“Bienvenido a la jungla, primo.”

    Mientras el coche atravesaba barrios llenos de neones, pobreza y violencia, Spencer comenzó a explicarle cómo funcionaba la ciudad:

    Las familias dominaban ciertas calles. Algunas bandas controlaban la droga y el tráfico ilegal por distintos barrios. Otras organizaciones movían mercancía ilegal desde el puerto y tenían comprados a policías, políticos y empresarios.

    —“Aquí nadie regala respeto,” dijo Spencer mientras observaba la avenida iluminada. “Te lo ganas… o te entierran.”

    Dushane observó las calles desde la ventanilla. Sintió algo que no sentía desde hacía años.

    Ambición.

    Lo que comenzó como una oportunidad para escapar de Jamaica pronto se convirtió en el inicio de una nueva vida dentro del caos de Los Santos. Poco a poco, Dushane empezó a hacerse un nombre entre carreras ilegales, robos, negocios oscuros y conflictos callejeros.

    Pero en una ciudad como Los Santos, cuanto más rápido subes… más cerca estás de caer.

    FOTO PERSONAL

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