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Peter Dawson
NOMBRE COMPLETO: Peter Dawson EDAD: 30 años (nacido el 5 de junio de 1996). LUGAR DE NACIMIENTO: Grapeseed, condado de Blaine, estado de San Andreas. NACIONALIDAD: Estadounidense. SEXO: Masculino.
PADRES: Raymond Dawson, el padre, era estadounidense, nacido y criado en Blaine County. Pasó casi treinta años detrás del mostrador de una gasolinera sobre la Ruta 68, primero como empleado y después como socio mayoritario. Hombre callado, ordenado hasta el extremo, de los que anotaban cada galón vendido en un cuaderno aunque ya tuvieran caja registradora. No era cariñoso de manera evidente, pero a Peter le enseñó casi todo lo que sabe: a cuadrar cuentas, a leer a la gente que entraba por la puerta y a no levantar la voz cuando las cosas se complicaban.
Carol Dawson, la madre, también estadounidense, se encargaba de la tienda de la estación y del papeleo del negocio. Era la parte cálida de la casa, la que estaba pendiente de las notas del colegio y de que Peter no terminara tan seco como su padre. De ella heredó la disciplina con los detalles pequeños y la costumbre de revisar y dejar todo cerrado antes de acostarse.
APARIENCIA FÍSICA: Mide alrededor de un metro con ochenta. Tiene los ojos color marrón oscuro y el cabello castaño, corto y peinado sin mayor complicación. La complexión es media, ni atlética ni con sobrepeso, el cuerpo de alguien que camina bastante y come a sus horas, pero no es un adicto al gimnasio. Suele vestir ropa cómoda y fresca, camisas claras, nada llamativo. Lo que más se le nota es la postura: camina derecho, con paso firme, y cuando va a hacer algo lo ejecuta de forma casi rígida, como si todo le pasara por la cabeza un segundo más de lo normal antes de actuar.
PERSONALIDAD: Peter es un hombre serio. No es frío por antipatía, pero sí de los que escuchan más de lo que hablan. Reacciona rápido cuando hay que decidir y rara vez pierde la cabeza, una costumbre que aprendió desde niño en la gasolinera, donde un cliente molesto o una entrega que no llegaba se resolvían sin gritos. Planifica todo, a veces de más. Le cuesta improvisar y todavía más soltar el control de algo que considera suyo.
Ahí están también sus debilidades. Esa misma cabeza fría que lo hace bueno bajo presión lo vuelve distante con la gente, y más de uno lo ha leído como un hombre difícil de tratar. Confía poco y delega menos, así que termina cargando solo con responsabilidades que bien podría repartir. Es terco con sus planes; una vez que decide un camino, cambiarlo le cuesta mucho, aunque las señales le indiquen que debería. Y para descansar no se le da bien: no sabe qué hacer con el tiempo libre.
INFANCIA: Creció en Grapeseed, una de esas comunidades agrícolas de Blaine County donde todos se conocen y lo más entretenido de la semana es ver pasar los camiones por la carretera. La casa era modesta. El centro de su infancia, más que la escuela, fue la gasolinera familiar sobre la Ruta 68, parada obligada para quienes cruzaban del desierto hacia Los Santos.
Desde pequeño pasaba la mayor parte del tiempo allí, primero observando y después ayudando a llenar tanques y a acomodar la tienda. Su padre lo fue metiendo poco a poco en el negocio: cómo llevar el inventario, cómo hablarle a un proveedor, cómo reconocer al cliente que venía con problemas antes de que abriera la boca. Los socios de Raymond lo veían crecer entre las bombas de gasolina y, con cierta naturalidad, ya empezaban a tratarlo como al heredero del lugar.
JUVENTUD: En la adolescencia siguió ligado a la gasolinera, aunque cada vez con más ideas propias. Proponía cambios para la tienda, formas de atender más rápido, arreglos que su padre a veces escuchaba y a veces ignoraba. Nunca quiso atarse al negocio de manera formal, y eso ya decía algo sobre hacia dónde miraba.
Hubo una noche que lo marcó. Tenía quince años y estaba ayudando a cerrar cuando un hombre entró a robar la caja. No fue nada espectacular, ni disparos ni heroísmos. Solo un sujeto nervioso, su padre quieto detrás del mostrador entregando el dinero sin temblar, y Peter pegado a la pared aprendiendo en ese momento que la calma vale más que cualquier reacción brusca. El ladrón se fue, la policía tardó en llegar y el trámite del seguro tardó todavía más. De esa noche no le quedó tanto el susto como la impresión de lo lento y enredado que funcionaba todo lo legal alrededor. Algo de eso se le quedó rondando.
Por aquellos años empezó a tratar más de cerca a un hermano de su madre, Frank, oficial de la LSPD en Los Santos. En las visitas a la ciudad, su tío le mostraba cómo era el trabajo por dentro y le explicaba cosas de manual, nociones básicas de cómo se procede en una intervención o cómo se levanta un reporte. Peter nunca lo estudió a fondo ni llegó a manejarlo como un experto, pero esas conversaciones le dejaron una idea general de los procedimientos y le despertaron el interés por el lado legal de las cosas.
Terminó la secundaria en el condado y, en lugar de quedarse, empacó sus cosas y se fue a Los Santos para entrar a la universidad. Esa mudanza fue lo que lo trajo a la ciudad, y desde entonces no volvió a vivir en el campo.
ACTUALIDAD: Hoy Peter vive en Los Santos, en un apartamento pequeño y ordenado que parece más una oficina que una casa. Trabaja en un puesto administrativo mientras encamina lo que de verdad quiere, que es entrar al servicio público. Sigue vinculado a la vieja gasolinera por el porcentaje que le dejó su padre, pero no la opera ni piensa hacerlo; cobra lo que le corresponde y deja que los socios manejen el día a día. Es un hombre de rutinas. Conoce Los Santos como pocos, no porque la haya recorrido buscando aventuras, sino porque lleva años moviéndose por los mismos circuitos y observando. Mantiene el contacto con su tío Frank, que de vez en cuando le sigue aclarando dudas sobre cómo funciona el trabajo policial por dentro. Tiene pocos amigos y los cuida. Le gusta pensar que va dos pasos adelante de cualquier situación, y la mayoría de las veces es cierto, aunque a ratos esa seguridad lo perjudica.
EDUCACIÓN: Hizo sus estudios básicos en escuelas públicas de Blaine County. Después se trasladó a Los Santos y estudió Administración y Gerencia en la Universidad de Los Santos (ULSA), donde se graduó a los 24 años. Por la formación que le dio su padre, la carrera se le hizo natural; muchos conceptos ya los traía aprendidos de la práctica.
Cuando terminó, su padre decidió jubilarse y repartir la gasolinera entre los socios, dejándole a Peter un porcentaje. Todos daban por hecho que tomaría las riendas del negocio familiar, pero él tenía otra idea. Aquella noche de los quince años y las charlas con su tío de la LSPD seguían presentes, y se le había metido la idea de servir al Estado. Por eso se inscribió a estudiar Derecho a distancia, sin dejar de trabajar, y en eso continúa. Avanza despacio, pero no ha abandonado el proyecto.
OTROS: Peter no busca destacar ni le interesa caer bien a todo el mundo. Su meta es entrar a una institución pública y hacer bien un trabajo serio, de los que no salen en las noticias. Carga con el peso de unas expectativas familiares que decidió no cumplir y con la sensación de que el mundo legal en el que quiere entrar es justo tan lento y enredado como lo vio de niño en aquel mostrador. Tal vez por eso quiere estar del otro lado: para que funcione un poco mejor.