Alexis Montt



  • Desde pequeño crecí en un entorno tranquilo, rodeado de mi familia y de los valores que me inculcaron mis padres. Siempre fui un niño curioso y responsable, disfrutaba pasar las tardes jugando con mis amigos, practicando deportes y ayudando en todo lo que podía en casa. Recuerdo que una de las cosas que más me llamaba la atención era ver cómo los carabineros y demás servicios de emergencia trabajaban para ayudar a las personas. Más que verlos como una autoridad, los veía como personas que estaban dispuestas a servir a los demás y mantener la tranquilidad en la comunidad, algo que me generaba admiración desde muy temprana edad.

    A medida que fui creciendo, entendí que ser policía no se trataba solamente de perseguir delincuentes, sino también de orientar, proteger y estar presente cuando alguien necesita ayuda. Durante mi etapa escolar participé en distintas actividades deportivas y solidarias, lo que me permitió desarrollar disciplina, compañerismo y respeto por los demás. Siempre intenté ser alguien en quien las personas pudieran confiar, y cada vez que veía a un oficial desempeñar su trabajo con profesionalismo y vocación, sentía que ese era el camino que quería seguir. La idea de poder aportar de manera positiva a la sociedad se fue convirtiendo poco a poco en una meta personal.

    Con el paso del tiempo, esa admiración se transformó en una verdadera vocación. Comprendí que formar parte del cuerpo policial significa asumir una gran responsabilidad y estar dispuesto a actuar con integridad, empatía y compromiso. Mi deseo de servir a la comunidad, brindar seguridad y ayudar a quienes lo necesiten nació desde mi infancia y se fortaleció con cada experiencia que viví. Por eso decidí dar el paso y prepararme para formar parte de la policía, con la convicción de entregar lo mejor de mí y convertirme en un funcionario que represente los valores de respeto, responsabilidad y servicio hacia los demás.


Accede para responder