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NOMBRE COMPLETO: Nacho Mcqueen EDAD: 21 años LUGAR DE NACIMIENTO: Strawberry, San Andreas NACIONALIDAD: Estadounidense SEXO: Hombre
Latino de 21 años, mide aproximadamente 1,80 metros y mantiene una contextura atlética gracias al entrenamiento constante. Cabello negro, corto y sin tatuajes. Suele vestir de forma discreta y prolija, transmitiendo una imagen seria y profesional.
Desde chico fue alguien muy curioso. Siempre le gustó entender cómo funcionaban las cosas antes de sacar conclusiones. Es paciente, disciplinado y bastante perfeccionista con todo lo que hace. No suele levantar la voz ni reaccionar por enojo; cree que perder el control es una forma de perder una discusión. Tiene facilidad para trabajar bajo presión y considera que la confianza se construye con tiempo, no con palabras.
Nací en Strawberry, un barrio donde convivían personas trabajadoras con otras que habían elegido caminos muy distintos. Mi familia nunca tuvo demasiado dinero, pero tampoco me crié sintiendo que me faltaba algo. Aprendí a valorar las cosas simples y a entender que el esfuerzo era parte de la vida.
Mi padre era mecánico y tenía un pequeño taller donde pasaba gran parte del día. Desde que tuve edad para sostener una llave inglesa me llevaba con él. No para trabajar, sino para enseñarme que todo tiene un orden y que hasta el problema más complicado puede resolverse si uno mantiene la calma.
Mi madre trabajaba como cajera en un supermercado. Ella era quien mantenía el equilibrio en casa. Mientras mi viejo me enseñaba a resolver problemas, ella me enseñaba a tratar con las personas.
Cuando tenía dieciséis años mi vida cambió de golpe.
Una noche mi padre cerró el taller más tarde de lo habitual. Nunca volvió.
La investigación concluyó que había quedado en medio de un ajuste de cuentas entre personas que ni siquiera conocía. Nunca encontraron a los responsables y el caso terminó archivado.
Durante mucho tiempo sentí frustración. No porque quisiera vengarme, sino porque me costaba aceptar que alguien pudiera perder la vida y que simplemente todo siguiera igual.
Esa situación me hizo cambiar la forma de ver las cosas. Mientras muchos de mis amigos empezaban a juntarse con gente que buscaba dinero fácil, yo elegí mantenerme al margen. Empecé a entrenar, a estudiar por mi cuenta y a desarrollar una rutina que me ayudara a mantener la cabeza ocupada.
Descubrí que era bueno observando detalles que otros pasaban por alto. Recordaba rostros, matrículas, horarios y pequeños comportamientos sin darme cuenta. Con el tiempo esa habilidad se volvió parte de mi personalidad.
Actualmente vivo en Pillbox, donde intento construir un futuro muy distinto al que parecía escrito para alguien que nació en Strawberry.
Trabajo, entreno casi todos los días y dedico buena parte de mi tiempo a prepararme para ingresar a una institución policial. No tengo una preferencia por una agencia en particular; entiendo que todas cumplen un papel importante y que el uniforme importa menos que el compromiso de quien lo lleva.
No me interesa la autoridad por el simple hecho de tenerla. Lo que realmente busco es formar parte de un grupo donde el profesionalismo, la disciplina y el trabajo en equipo estén por encima del ego.
Sé que todavía tengo mucho por aprender, pero también sé que cada experiencia vivida me preparó para afrontar esa responsabilidad.
"No todos pueden elegir dónde empiezan, pero todos pueden decidir hacia dónde van."