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Mi nombre es David Troso, hijo de Antonio Troso y María Rossi. Nací en una familia trabajadora que siempre me inculcó valores como el respeto, la honestidad y el esfuerzo. Desde pequeño aprendí que el trabajo duro y la perseverancia eran las únicas herramientas para salir adelante, enseñanzas que marcaron gran parte de mi vida. Durante mi infancia fui un joven curioso, con facilidad para relacionarme con las personas y con un fuerte interés por aprender sobre negocios y administración. A medida que crecía, entendí que quería construir mi propio camino y convertirme en alguien capaz de liderar proyectos importantes. Al terminar mis estudios ingresé al mundo laboral, desempeñándome en distintos empleos que me permitieron desarrollar experiencia en atención al público, organización y resolución de problemas. Con el tiempo descubrí que mi mayor fortaleza era la gestión de personas y la toma de decisiones. En 2021 recibí la oportunidad de convertirme en gerente del Taller Buzztep, donde adquirí una gran experiencia administrando personal, coordinando operaciones y enfrentando situaciones de alta responsabilidad. Fue una etapa que me permitió crecer profesionalmente y comprender lo que significaba liderar un equipo. Sin embargo, al finalizar esa etapa también atravesé uno de los momentos más difíciles de mi vida. Tomé decisiones equivocadas y terminé involucrándome en situaciones que me trajeron problemas con la ley. Aquellos errores me hicieron perder oportunidades y comprender las consecuencias de alejarme del camino correcto. Fue un golpe duro, pero también una lección que cambió mi forma de ver la vida. Lejos de rendirme, decidí asumir la responsabilidad de mis actos y empezar de nuevo. Me prometí que nunca volvería a desperdiciar una oportunidad y que construiría un futuro del que mis padres pudieran sentirse orgullosos. Con esa mentalidad emprendí un negocio de coleccionables desde mi pequeño departamento en Adams. Gracias a la dedicación y al buen trato con los clientes, el emprendimiento creció rápidamente hasta convertirse en un negocio reconocido. Cuando el gobierno anunció la subasta de los locales del centro comercial, junto a un amigo abogado logré adquirir el local más grande. Allí fundamos El Dorado, un establecimiento que combinaba la venta de artículos coleccionables con un restaurante de primer nivel. Durante años dirigí la administración general del local, coordinando un equipo de chefs de alta cocina, supervisando al personal y garantizando el correcto funcionamiento del negocio. Tiempo después decidí vender mi participación en El Dorado para emprender un nuevo desafío junto al mismo socio: la creación de un bufete jurídico. Mientras él lideraba el trabajo legal de los abogados, yo me encargaba de la administración, la organización del personal y la atención de los clientes. Motivado por seguir creciendo profesionalmente, en 2024 obtuve mi licencia de abogado. Desde entonces ejercí principalmente en el área administrativa, especializándome en la constitución de empresas, poderes de pleito, compraventa de propiedades y otros procedimientos legales. Mi objetivo siempre fue brindar un servicio serio, transparente y eficiente. Paralelamente surgió la oportunidad de adquirir el restaurante Fruit Machine, el cual administré durante un largo tiempo. Esa experiencia reforzó mis conocimientos sobre dirección de empresas y liderazgo de equipos de trabajo, aunque con el paso del tiempo decidí buscar nuevos desafíos. Fue entonces cuando alquilé el Taller Atomic, empresa que continúo gestionando hasta el día de hoy. Bajo mi dirección el taller logró consolidarse gracias a una administración organizada, un equipo comprometido y un servicio de calidad. Cada desafío enfrentado me permitió fortalecer mis capacidades de liderazgo, negociación y resolución de conflictos. Durante mi gestión en Atomic tuve la oportunidad de trabajar en numerosas ocasiones con agentes del State Park. Su profesionalismo, disciplina y compromiso con la ciudadanía despertaron en mí una profunda admiración. Al conocer de cerca su labor comprendí que quería dedicar la siguiente etapa de mi vida al servicio público. Hoy miro hacia atrás con orgullo. No porque mi camino haya sido perfecto, sino porque supe aprender de mis errores. Las dificultades que enfrenté me hicieron más fuerte, más responsable y más consciente de la importancia de actuar siempre dentro de la ley. Estoy convencido de que mi experiencia como empresario, administrador y abogado, junto con las lecciones aprendidas a lo largo de mi vida, me convierten en una persona preparada para afrontar nuevos desafíos y servir con honor, disciplina e integridad dentro del State Park.