Jimmy Gutierrez


  • LSPD - Orion

    Jimmy Gutiérrez siempre había tenido claro que quería dedicar su vida a proteger y ayudar a los demás. Desde pequeño admiraba a las personas que arriesgaban su propia seguridad para proteger a ciudadanos que ni siquiera conocían. Para Jimmy, llevar una placa no significaba tener poder; significaba tener una responsabilidad.

    Después de años preparándose, decidió dejar atrás su vida y viajar a Los Santos, una ciudad conocida por sus grandes oportunidades, pero también por su enorme cantidad de delincuencia y corrupción.

    Al bajar del autobús con una pequeña maleta en la mano, Jimmy observó los enormes edificios de la ciudad y respiró profundamente.

    —Algún día voy a estar ahí arriba —murmuró mientras miraba uno de los edificios del gobierno—. Y voy a demostrar que puedo hacer la diferencia.

    Su objetivo era uno solo: pertenecer al FIB.

    Jimmy sabía que no sería fácil. El FIB era una de las instituciones más importantes de Los Santos y entrar requería disciplina, inteligencia, preparación y, sobre todo, demostrar que podía mantener la calma incluso en las situaciones más complicadas.

    Sin embargo, Jimmy tenía algo que consideraba mucho más importante que cualquier habilidad: su deseo de ayudar a los demás.

    Durante sus primeros días en la ciudad comenzó a buscar trabajo y a conocer las calles. Siempre que podía, ayudaba a las personas que encontraba en problemas. Una vez ayudó a un anciano que había perdido su cartera; otro día llamó a los servicios de emergencia después de presenciar un accidente.

    No buscaba reconocimiento.

    Cuando alguien le agradecía, simplemente respondía:

    —No tienes que agradecerme. Si algún día tú puedes ayudar a alguien, hazlo. Así es como funciona.

    Con el tiempo, Jimmy comenzó a comprender que Los Santos no era la ciudad que había imaginado. Había personas buenas, pero también criminales, bandas, corrupción y agentes que no siempre actuaban de la manera correcta.

    Aquello no hizo que abandonara su sueño.

    Al contrario, hizo que estuviera todavía más decidido.

    Jimmy comenzó a prepararse. Estudió procedimientos policiales, investigación criminal, leyes y técnicas de interrogatorio. También trabajó en mejorar su condición física y su capacidad para tomar decisiones bajo presión.

    Su mayor temor no era fracasar.

    Era convertirse en la clase de persona que había prometido combatir.

    Por eso, cada noche se repetía la misma frase:

    —Nunca olvides por qué empezaste.

    Finalmente, después de mucho esfuerzo, consiguió una oportunidad para presentarse a las pruebas de ingreso relacionadas con el FIB.

    El día de la entrevista llegó vestido de manera formal. Se sentó frente al encargado de selección, intentando mantener la calma.

    —Jimmy Gutiérrez —dijo el entrevistador—. ¿Por qué quiere formar parte del FIB?

    Jimmy guardó silencio durante unos segundos.

    Podría haber hablado de su admiración por la institución, de las oportunidades profesionales o de lo importante que sería para su carrera.

    Pero decidió decir la verdad.

    —Porque quiero ayudar a la gente. Sé que Los Santos es una ciudad complicada. Sé que voy a encontrar personas que intentarán aprovecharse de los demás y sé que habrá situaciones en las que tendré miedo. Pero si tengo la oportunidad de proteger aunque sea a una sola persona, quiero hacerlo. No quiero ser importante. Quiero ser útil.

    El entrevistador lo observó detenidamente.

    —¿Y qué hará cuando tenga que elegir entre hacer lo correcto y hacer lo fácil?

    Jimmy respondió sin dudar:

    —Haré lo correcto. Aunque sea difícil.

    El hombre cerró la carpeta que tenía frente a él.

    —Entonces, señor Gutiérrez, veamos si sus acciones están a la altura de sus palabras.

    Jimmy salió de aquella oficina sin saber cuál sería el resultado.

    Pero mientras caminaba por las calles de Los Santos, volvió a mirar los enormes edificios de la ciudad.

    Sonrió.

    Sabía que aquel era solamente el comienzo.

    Jimmy Gutiérrez había llegado a Los Santos con una maleta, unos pocos ahorros y un sueño.

    Ahora tendría que demostrar que merecía convertir ese sueño en realidad.

    Su nombre era Jimmy Gutiérrez.

    Su sueño era pertenecer al FIB.

    Y su misión era ayudar a quienes no podían ayudarse a sí mismos.

    La ciudad todavía no lo sabía, pero acababa de llegar alguien dispuesto a cambiar las cosas.


Accede para responder