Marco Calderon



  • Nombre Completo: Marco Calderon
    Edad: 31 años
    Nacionalidad: Chilena
    Rasgos Físicos/Psicología: Aspecto rudo, mirada desafiante y camina con postura imponente. Tiene el cuerpo fuertemente marcado por la vida criminal: lleva tatuajes cubriendo casi todo el torso y las piernas, destacando su brazo derecho completamente cubierto de tinta y el brazo izquierdo con apenas unas pocas piezas significativas. Es un tipo reservado, de gatillo fácil con los enemigos, pero con un código de lealtad criminal inquebrantable para los suyos.

    HISTORIA: Nací y me crié en los barrios más duros de la ciudad portuaria de Iquique, Chile. En un entorno rodeado por el movimiento del puerto, la Zofri y las fronteras, la delincuencia no era una opción, era el pan de cada día para poder sobrevivir. Mi escuela fue la calle y mis profesores fueron los delincuentes más viejos de la zona. A los 12 años ya estaba metido en robos menores y contrabando en los muelles para ayudar en mi casa, y a los 15 ya cargaba un fierro en la cintura para hacerme respetar y cuidar los cargamentos ilegales que entraban a la región. Cada tatuaje en mi piel cuenta una parte de esa historia; mi brazo derecho completamente tatuado representa las calles que caminé y los errores que cometí, mientras que mi cuerpo cubierto de tinta es mi armadura contra el mundo.

    Hace un par de años, las cosas se pusieron realmente pesadas. El líder de mi grupo en el puerto me ordenó hacer un "trabajo pesado": saldar cuentas con un bando enemigo que se había metido con uno de nuestros cargamentos de droga. Fui y cumplí con el encargo sin pestañear en un callejón oscuro, pero alguien de adentro nos traicionó y le dio el soplo a la PDI (Policía de Investigaciones). Mi propia gente me quería usar de chivo expiatorio para salvar a los jefes de la banda. Tuve que meterle plomo al que me quería entregar y escapar esa misma noche con la policía pisándome los talones. Sabía que si me quedaba en Chile terminaría preso en la cárcel de Alto Hospicio o bajo tierra.

    la policía buscándome, tuve que salir del país de forma clandestina cruzando las fronteras del norte. Pasé un tiempo moviéndome por Sudamérica haciendo lo que mejor sé hacer: el cobro de deudas a base de golpes, la extorsión a negocios ilegales y la seguridad armada para traficantes de paso. En el brazo izquierdo apenas me tatué unas pocas marcas, dejándolo libre a propósito para las promesas que aún tengo que cumplir en el bajo mundo. Aprendí a disparar con precisión, a resistir interrogatorios callejeros y a moverme en la noche como un fantasma. Me gané el respeto porque saben que soy un tipo de palabra, peligroso y que jamás hablaría con un policía.

    Buscando un destino definitivo donde el pasado no me alcanzara, invertí mis últimos ahorros en conseguir papeles falsos y tomé un vuelo de incógnito con destino a Los Santos. Llegué a la ciudad con una mochila vieja, un arma limpia en la cintura y la mente fría. Sé perfectamente que esta ciudad está llena de bandas de poca monta que solo hacen ruido y terminan presos, pero yo busco las ligas mayores. Actualmente me la paso en los barrios bajos, midiendo el terreno, ganando mis primeros dólares con robos pequeños y buscando conectar con gente que de verdad maneje el crimen organizado con mano de hierro. Buscando un bando que necesite un soldado leal, letal y que no le tenga miedo a nada.


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