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El Origen.
*A finales del siglo XIX, cuando los Estados Unidos comenzaban a transformarse en una de las mayores potencias económicas del mundo, el poder dejó de encontrarse únicamente en los palacios y oficinas gubernamentales.
Se encontraba en las sombras.
Mientras las grandes ciudades crecían, las fábricas levantaban sus chimeneas y los ferrocarriles comenzaban a conectar el país de costa a costa, una nueva clase de hombres empezó a comprender que el verdadero poder no pertenecía necesariamente a quien ocupaba un cargo público.
Pertenecía a quien podía poner a esa persona en el cargo.
Políticos, empresarios, banqueros, industriales, abogados y hombres de negocios comenzaron a establecer relaciones que iban mucho más allá de los acuerdos comerciales. Reuniones privadas, cenas exclusivas y conversaciones mantenidas lejos de la prensa dieron origen a una red de favores, secretos y compromisos.
Fue en medio de aquel ambiente donde apareció un hombre conocido simplemente como el señor Halcón.
Un hombre de educación refinada, costumbres estrictas y una extraordinaria capacidad para comprender la naturaleza humana.
Halcón no provenía necesariamente de una de las familias más poderosas del país.
Su verdadero talento era otro.
Sabía unir a los hombres que tenían poder.*
EL NACIMIENTO
*Halcón comprendió algo que muchos de aquellos hombres todavía no habían entendido.
Un político necesitaba empresarios.
Un empresario necesitaba políticos.
Un banquero necesitaba protección.
Y quienes poseían dinero, influencia o información necesitaban algo todavía más importante:
lealtad.
Así comenzó a reunir, discretamente, a personas pertenecientes a distintos sectores de la sociedad estadounidense.
Las reuniones se realizaban en mansiones privadas, clubes exclusivos y salones donde las puertas permanecían cerradas para cualquier persona ajena al círculo.
No existían documentos oficiales.
No existían registros públicos.
No existía una estructura que pudiera ser fácilmente descubierta.
Existía únicamente un acuerdo.
Ayudar a aquellos que pertenecían al círculo y proteger los intereses de todos.
Con el tiempo, aquella pequeña reunión de hombres comenzó a crecer.
Los empresarios proporcionaban dinero.
Los abogados proporcionaban protección legal.
Los políticos proporcionaban influencia.
Los banqueros proporcionaban financiación.
Y otros hombres se encargaban de aquello que jamás podía aparecer escrito en un documento.*
EL PRECIO DEL PODER
*Con los años, la organización comenzó a comprender que controlar una ciudad no significaba necesariamente gobernarla.
Significaba controlar aquello que la ciudad necesitaba.
Ferrocarriles.
Construcción.
Bancos.
Importaciones.
Puertos.
Casas de apuestas.
Periódicos.
Contratos gubernamentales.
Incluso determinadas campañas políticas.
Cuando un empresario necesitaba ganar una licitación, encontraba una puerta abierta.
Cuando un político necesitaba financiación para su campaña, aparecía un benefactor.
Cuando un rival comenzaba a convertirse en un problema, alguien encontraba la manera de detenerlo.
Y cuando una persona sabía demasiado...
simplemente dejaba de formar parte de la conversación.*
UNA SOCIEDAD DENTRO DE LA SOCIEDAD
*El poder verdadero no debe ser visto.
Por esa razón, la organización jamás buscó reconocimiento público.
Sus miembros podían aparecer como respetables empresarios, abogados, políticos o comerciantes.
Podían asistir a eventos de alta sociedad.
Podían donar dinero a instituciones.
Podían construir hospitales, financiar escuelas y contribuir a obras públicas.
Para el ciudadano común eran hombres respetables.
Para quienes conocían la verdad, eran otra cosa.
Eran hombres que habían aprendido que la reputación podía ser utilizada como una de las armas más poderosas existentes.
La elegancia era su fachada.
El dinero, su herramienta.
La información, su verdadera moneda.
Y la lealtad, su única ley.*
“En esta ciudad, señor, existen hombres que compran edificios, hombres que compran periódicos y hombres que compran elecciones.
Pero nosotros no compramos ninguna de esas cosas.
Nosotros compramos el silencio de quienes las poseen.
El poder no necesita una corona. No necesita uniforme. Ni siquiera necesita un nombre.
El verdadero poder simplemente necesita que todos los demás crean que son libres.”
Llega una nueva fiesta y nuestros invitados estan felices, la noche del silencio se acerca.
( Halcón ) : Sí, somos personas con mucha hambre, la necesidad tendrá que ser la virtud de mantenernos alineados.
¿Te visitamos?