++ $t("links.title") ++
Your browser does not seem to support JavaScript. As a result, your viewing experience will be diminished, and you may not be able to execute some actions.
Please download a browser that supports JavaScript, or enable it if it's disabled (i.e. NoScript).
• Nombre: Kendra Ross • Edad: 30 años • Lugar de nacimiento: Davis, Los Santos (Hospital Central de Davis) • Lugar de residencia: South Central, Los Santos (Barrios Bajos) • Estado familiar: Madre viva, 5 hermanos (6 hijos en total), padre fallecido.
Nacida y criada en el corazón de Davis, Kendra conoció la realidad de los barrios bajos desde su primer respiro. Crecer en los bloques nunca fue fácil, pero para ella la carga se volvió asfixiante desde muy joven. Su padre murió en un violento enfrentamiento entre pandillas rivales, dejando así un vacío enorme y una realidad brutal en casa la cual ya no seria la misma desde aquel día. De la noche a la mañana, el hogar se convirtió en un caos de supervivencia, seis hermanos en total apretujados bajo un mismo techo y una madre viuda que se rompía la espalda en turnos dobles de trabajo para que no faltara la comida en el hogar.
Al ser una de las hijas mayores, Kendra asumió el rol de protectora. Mientras su madre se desgastaba fuera de casa de sol a sol, ella se encargaba de cuidar a sus hermanos más chicos y blindar a su madre del estrés de la calle. Creció rápido, madurando a la fuerza tras la tragedia de su padre y entendiendo que en su vecindario natal la debilidad se paga cara. Su prioridad absoluta siempre fue y seguirá siendo el bienestar de su mamá, la única persona por la que daría la vida sin dudarlo.
Con el paso de los años, las facturas se acumularon y el dinero legal dejó de alcanzar. Al cumplir la mayoría de edad, Kendra entendió que cuidar a su madre también significaba quitarle el peso financiero de encima. Aunque la violencia de las pandillas le había quitado a su padre en esas mismas calles, irónicamente el ghetto terminó siendo su único refugio y escuela.
Allí fue que buscando ingresos rápidos, Kendra empezó a especializarse en el robo a tiendas locales y licorerías, así mismo aprendió a robar autos y a escapar de la policía por las calles de la ciudad. Sabe cómo mantener la calma bajo presión durante un atraco teniendo un buen dominio de su arma. El miedo a terminar como su padre la obligó a ser la más rápida con el gatillo y a no querer ser nunca una víctima; por eso, desarrolló un asombroso manejo de armas, y lucha cuerpo a cuerpo, entrenando por pura necesidad de defensa y supervivencia. Su frialdad para ejecutar los golpes con precisión llamó la atención de una pandilla local.
Dentro de la banda, Kendra encontró una habilidad única y peligrosa: se especializó en pintar grafitis para marcar el territorio del grupo, aprendiendo y reconociendo cada rincón, callejón y vías de escape de sus arrededores. Debía adentrarse en las zonas más peligrosas de Davis y Rancho para tapar las firmas de los enemigos e imponer el nombre de su pandilla. Esta tarea la colocó constantemente en la línea de fuego, enfrentándose cara a cara con bandas rivales en disputas territoriales. Pintar cada muro significaba arriesgar la vida, esquivar emboscadas y responder con plomo cuando la situación lo requería.
A sus 30 años, Kendra ya no es una novata. Se ha ganado el respeto absoluto en las calles tanto por su puntería como por los muros que defiende con sangre. Para ella, estar en la pandilla es un arma de doble filo: sabe el peligro que conlleva por lo que le pasó a su padre, pero también es el ejército que necesita a su espalda para asegurar que nadie en el ghetto vuelva a tocar a los suyos, y la vía definitiva para lograr que su madre pueda, por fin, dejar de trabajar.