Phill Connor



  • Soy Phill Connor, nací en Colombia, ciudad situada en Cali, Valle. En el año 1990, a los 13 años, arribe al Ecuador, debido a que mi padre, exiliado de la guerra civil colombiana. Hacía varios años que me encontraba en el país. Es así como, una vez instalado ahí, culmine mis estudios primarios. Teniendo en cuenta que no concurrir a ningún colegio, sino que mis padres eligieron a una profesora particular para que me diera clases. Luego, terminada la primaria, me vi obligado a decidir entre seguir estudiando o empezar a trabajar.
    En esos años el estudio no era algo que me fascinaba, en relación con lo cual llegue a expresar: "No quería seguir estudiando. A mi mucho el estudio nunca me gustó", Adicionalmente, la situación económica de mi familia era un poco endeble, lo que influyó en mi decisión de no continuar estudiando e insertarse en el mercado laboral. El primer trabajo que tuve en ecuador fue en la bombonería y confitería Bompasic, ubicada en la ciudad de Guayaquil. Dicho trabajo lo conseguí por medio de un amigo, al cual acudía recurrentemente para hablar con gente que estaba en mí misma situación. De esta manera, los dueños de la confitería, que también eran colombianos, me ayudaron para iniciarse laboralmente. me desempeñó mayormente como ayudante y fui aprendiendo el oficio gracias a las enseñanzas de mi jefe. Entre otras cosas, aprendió a decorar huevos de pascuas y tortas. En Bompasic permanecí durante tres años. Si bien cuando comencé a trabajar allí era menor de edad, inmediatamente se me regularizó mi situación laboral. De esta manera, no podía trabajar más de 4 horas diarias, ni tampoco sábados y domingos. Parte de mi sueldo iba destinado a una caja de ahorro, mientras que el saldo restante se lo entregaba íntegramente a mi padre, quien lo utilizaba a discreción. En mi situación no puede asociarse al concepto de explotación infantil, ya que de acuerdo con la definición dada por Unicef (2001), Era un niño explotado laboralmente, carencia de los beneficios liberadores de la educación, ponía en riesgo mi salud, el crecimiento y el desarrollo, corrí el riesgo de quedarse sin el amor, la atención y la protección de mi familia y no pude disfrutar del esparcimiento y el juego a que todo niño tiene derecho. Actualmente tengo 31 años, sigo luchando por mis sueños y poder ayudar a los de mi familia.


Accede para responder