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Ryan Robins se recostaba en el suelo, con un cigarro entre los labios, dejando que la brisa del desierto le enfriara la piel. El día en Sandy Shores era tranquilo, con el lejano ulular de un coyote y el parpadeo de luces en la carretera.
Entonces lo vio.
Un deportivo negro, reluciente bajo el sol, estacionado junto a una vieja valla de madera. No encajaba en el lugar. Parecía un trozo de lujo perdido en un pueblo donde el óxido y el polvo mandaban.
Ryan entrecerró los ojos y sonrió. Si alguien podía sacarle provecho a eso, era él.
Sabía que no tenía herramientas profesionales, pero la necesidad enseñaba a improvisar. Caminó con calma hacia los restos de una construcción abandonada, donde recordaba haber visto bloques de concreto apilados entre la basura y la maleza seca.
Los levantó con esfuerzo y los llevó hasta el deportivo, dejándolos cerca sin hacer ruido. Después, sacó su vieja llave ajustable del bolsillo de su chaqueta. No era la herramienta ideal, pero haría el trabajo.
Miró alrededor. Nadie en la carretera. Nadie en el motel. Solo él y la oportunidad.
Ryan se agachó junto a la primera llanta y colocó los bloques de concreto bajo el chasis. Con paciencia, aflojó las tuercas, aplicando toda su fuerza. La primera llanta salió sin problemas, la segunda también.
El sudor resbalaba por su frente mientras terminaba con la tercera. Para cuando quitó la última, el deportivo quedó inclinado sobre los bloques, impotente.
Ryan miró su trabajo y dejó escapar una risa baja. No había sido difícil.
Tomó las llantas y las subió una por una a la parte trasera de su Bodhi, asegurándolas con una cuerda vieja. Eran buenas, aún tenían bastante vida. No pensaba ponerlas en su camioneta. Su plan era venderlas al mejor postor.
Subió al asiento del conductor y encendió el motor. El rugido ronco de la Bodhi rompió el silencio del pueblo mientras Ryan tomaba el camino de tierra hacia la carretera.
Mañana, con algo de suerte, tendría dinero en los bolsillos otra vez. En un lugar como Sandy Shores, todo tenía un precio.
El sol caía a plomo sobre Sandy Shores. Ryan, Gio y Harry estaban sentados en las escaleras del viejo motel, fumando y dejando que la brisa del desierto les golpeara la cara.
Entonces, un sureño desconocido llegó en su Quad y lo dejó aparcado junto a una de las habitaciones. Brillante, con llantas gruesas y nuevas, prácticamente pidiendo ser tomadas.
Ryan miró a Gio y luego a Harry. No hizo falta hablar. Todos pensaron lo mismo al mismo tiempo.
Se levantaron con calma y fueron a la parte trasera del motel. Entre los escombros encontraron unos viejos ladrillos y un par de llaves ajustables.
Regresaron al Quad sin levantar sospechas. Gio levantó el vehículo lo justo para meter los ladrillos debajo, asegurándolo. Harry y Ryan sacaron las llaves y empezaron a trabajar.
Era cuestión de minutos.
El metal crujió cuando las primeras tuercas cedieron. Gio giraba con fuerza, Ryan sostenía las llantas y Harry vigilaba.
Una. Luego otra. El Quad se inclinó sobre los ladrillos, inmóvil.
Ryan sonrió, limpiándose el sudor de la frente. Trabajo rápido, sin ruido y sin testigos.
Tomaron las llantas y las subieron una por una al maletero de la Bodhi, asegurándolas con una cuerda. Eran buenas y valdrían algo.
Ryan encendió el motor, y la camioneta dejó atrás el motel, levantando polvo en la carretera.
Antes de que el dueño notara lo ocurrido, ellos ya estarían camino a un comprador.
C r a c k H e a d s
El calor del desierto se hacía sentir en cada rincón de Sandy Shores, y el polvo flotaba perezoso sobre el asfalto agrietado. Ryan, con la ropa arrugada y el paso lento de quien no tiene prisa por nada, llegó a la pequeña tienda del pueblo. A pesar de su aspecto desaliñado, se notaba que conocía el lugar de memoria.
Al entrar, levantó la mano en señal de saludo y se acercó al mostrador. Jessie, la encargada, le indicó con un gesto tranquilo hacia la parte trasera de la tienda, donde lo esperaban varias cajas apiladas.
En la trastienda, el aire era más denso y olía a cartón viejo. Ryan se puso manos a la obra con la calma de quien no tiene apuro. Levantó las cajas una por una, y comenzó a vaciarlas. Dentro, botellas de agua alineadas como si esperaran turno y bolsas de patatas fritas crujían al mínimo contacto. Fue sacando todo y acomodándolo en una vieja carretilla de metal, que chirriaba con cada movimiento. Aunque sudaba y resoplaba con cada viaje, Ryan no se detenía. Parecía encontrar cierto ritmo en la tarea.
Ya con todo el contenido de las cajas fuera, Ryan empujó la carretilla hacia el frente de la tienda. Primero se dirigió a la nevera. Abrió la puerta con cuidado y comenzó a colocar las botellas de agua, alineándolas con una precisión que contrastaba con su aspecto. Una tras otra, ocupaban su lugar en las repisas frías, formando filas limpias y ordenadas. Luego, se acercó a la estantería de los snacks. Ahí vació el resto de la carretilla, acomodando las bolsas de patatas con cierto cuidado para que quedaran bien visibles. El espacio que antes parecía vacío ahora lucía lleno y ordenado.
Una vez todo estuvo en su sitio, Ryan se secó la frente con la manga de la camiseta y miró su trabajo con una mezcla de satisfacción y cansancio. Se dirigió nuevamente al mostrador, donde Jessie ya lo esperaba. Tras intercambiar un par de gestos, ella le entregó unos cuantos billetes arrugados. Ryan los guardó sin contar, con la confianza de quien ya ha hecho esto antes. Luego se dio media vuelta y salió por donde había venido, dejando tras de sí un leve chirrido en la puerta y un breve rastro de polvo en suspensión.
Ryan Lawson
1986, Sandy Shores, EE UU
Ryan Lawson nació en 1986 en el pueblo de Sandy Shores, un lugar pequeño y desamparado, creciendo en el seno de una familia modesta. Su padre, un ex militar que trabajaba como mecánico, fue un hombre rígido y austero, quien imponía disciplina sin cuestionar. Su madre, por otro lado, era una mujer debilitada por la falta de recursos y por la creencia ciega en la iglesia de la comunidad. Ryan creció rodeado de un entorno duro, marcado por la desigualdad, el desempleo y la decadencia de su pueblo.
𝘼𝙥𝙖𝙧𝙞𝙚𝙣𝙘𝙞𝙖 𝙛𝙞𝙨𝙞𝙘𝙖
Ryan es un hombre de apariencia endurecida, con una piel curtida por el sol del desierto y manos ásperas por los años de trabajo físico. Su cabello negro, siempre largo y desordenado, resalta sus facciones severas y su mandíbula marcada. Sus ojos marrones transmiten una frialdad implacable, y una cicatriz en su pómulo derecho deja en evidencia que la violencia ha sido parte de su vida. Su cuerpo es atlético, mantenido en forma a través de la disciplina y el ejercicio constante.
𝙋𝙚𝙧𝙨𝙤𝙣𝙖𝙡𝙞𝙙𝙖𝙙
Ryan es un hombre reservado, de carácter seco y directo. Su educación y entorno lo llevaron a desarrollar una visión del mundo basada en la autosuficiencia, la jerarquía y el desprecio por la debilidad. En su juventud, encontró refugio en discursos nacionalistas y en la idea de restaurar un "orden perdido" en la sociedad. Es extremadamente leal a sus principios y a aquellos que considera de su círculo de confianza, pero su trato hacia quienes ve como "oponentes" es implacable y agresivo.
𝙄𝙣𝙛𝙖𝙣𝙘𝙞𝙖
Desde niño, Ryan fue educado en la idea de que el mundo es un lugar hostil y que solo los fuertes sobreviven. La falta de oportunidades y el abandono gubernamental de su comunidad lo hicieron desconfiado de las instituciones. Su padre inculcó en él una mentalidad dura y disciplinada, enseñándole que la compasión es una debilidad.
𝙅𝙪𝙫𝙚𝙣𝙩𝙪𝙙
En su adolescencia, Ryan fue testigo del deterioro de su comunidad. Los problemas de drogas y la llegada de forasteros a Sandy Shores intensificaron su resentimiento. Sin muchas opciones, se mudo a Alabama a los 18 años, viendo en ello una oportunidad para forjarse un camino y defender lo que consideraba su hogar. Su paso por una pequeña comunidad que defendía la supremacía americana reforzó sus ideales radicales, endureciendo aún más su visión del mundo.
𝘼𝙙𝙪𝙡𝙩𝙚𝙯
Tras dejar Alabama, Ryan regresó a Sandy Shores y encontró un pueblo distinto al que recordaba. La modernización, los nuevos residentes y la falta de un sentido de comunidad lo llevaron a volcarse en grupos ultranacionalistas que compartían su visión. Comenzó a trabajar en la limpieza del actual motel abandonado de Sandy Shores, manteniendo una vida discreta, pero activa en círculos extremistas.
𝙋𝙧𝙚𝙨𝙚𝙣𝙩𝙚
Hoy en día, Ryan Lawson se encuentra en una encrucijada. Su vida ha estado marcada por la disciplina, la lucha y la creencia en una causa que considera justa. Sin embargo, la realidad de un mundo cambiante lo enfrenta a un dilema: adaptarse o resistir.
𝗥𝘆𝗮𝗻 𝗥𝗼𝗯𝗶𝗻𝘀
1986, Sandy Shores, EE. UU.
Ryan Robins nació en 1986 en Sandy Shores, un pueblo pequeño y olvidado en el árido desierto de Grand Señora, donde el tiempo parecía haberse detenido. Criado en una familia que apenas sobrevivía, Ryan aprendió desde niño que el mundo no tenía piedad con los débiles. Su padre, un hombre con ideales arraigados en la vieja América, creía en el honor, la autosuficiencia y la desconfianza hacia el gobierno. Su madre, una mujer enferma y resignada, desapareció de su vida cuando aún era un niño.
𝘼𝙥𝙖𝙧𝙞𝙚𝙣𝙘𝙞𝙖 𝙛𝙞́𝙨𝙞𝙘𝙖
Ryan es un hombre de 38 años, con un cuerpo delgado pero resistente, forjado por años de trabajo físico y una vida de excesos. Mide 1.82 metros, su piel está curtida por el sol del desierto y su rostro muestra el desgaste de una existencia dura. Su cabello negro, largo y descuidado, cae sobre sus hombros, acompañado de una barba desordenada. Su mirada azul grisácea parece perdida, marcada por el peso de los años y el abuso de las drogas. Tiene tatuajes en los brazos y el pecho, símbolos de recuerdos que prefiere no mencionar.
Ryan es un hombre desconfiado, rudo y con una mentalidad profundamente arraigada en la vieja identidad estadounidense. Creció idealizando los valores sureños y desarrolló un fuerte sentido de orgullo por sus raíces. Rechaza todo lo que considera una amenaza para su estilo de vida, sintiendo que el mundo moderno ha traicionado la esencia de la América que él cree que alguna vez existió.
El paso de los años y sus malas decisiones lo han vuelto cínico y agresivo, con un carácter impredecible que oscila entre la nostalgia por un pasado mejor y el resentimiento por el presente. La metanfetamina y el alcohol han enturbiado su juicio, haciéndolo más impulsivo y errático, aunque todavía conserva destellos de la astucia que alguna vez lo caracterizó.
Ryan creció en una familia rota, con un padre mecánico que siempre estaba ocupado y una madre ausente que terminó abandonándolo cuando tenía ocho años. El hogar era un sitio de disciplina extrema, donde el respeto se imponía con golpes y la obediencia no era opcional.
Desde pequeño, Ryan fue criado con una visión del mundo basada en la supervivencia y la desconfianza. No creía en las promesas del gobierno ni en la justicia, solo en la fuerza y la astucia para salir adelante. En la escuela, las peleas eran su forma de resolver problemas, y a los 14 años ya había sido arrestado por primera vez por vandalismo.
En su adolescencia, Ryan encontró refugio en las motos y las armas, rodeándose de otros jóvenes que compartían su visión del mundo. Pasaba el tiempo en talleres mecánicos, aprendiendo a reparar motores y participando en carreras ilegales en las polvorientas carreteras de Sandy Shores.
A los 18 años, cuando su padre murió en un accidente laboral, Ryan quedó completamente solo, sin un rumbo claro. Comenzó a meterse en problemas más serios, desde contrabando de piezas robadas hasta peleas en bares. Pronto, las drogas entraron en su vida, primero como una forma de evadir la realidad y luego como una adicción que lo consumió lentamente.
Para cuando cumplió 30 años, Ryan ya no era el joven rebelde que buscaba pelea, sino un hombre atrapado en un ciclo de autodestrucción. La metanfetamina se convirtió en su única constante, y con ella llegaron las deudas, los problemas con la ley y la pérdida de cualquier oportunidad de redención.
Sin dinero y sin un hogar estable, se refugió en el motel de Sandy Shores, donde vivía rodeado de otros adictos, criminales y desesperados. Con el tiempo, se convirtió en un hombre de recursos dentro del motel, alguien a quien recurrir si necesitabas un arma, drogas o simplemente alguien que supiera moverse en la parte más oscura de Sandy Shores.
Hoy en día, Ryan Robins es un hombre sin futuro, pero aún con algo de orgullo. Vive de pequeños trabajos, robos y la venta de drogas, pasando los días entre la mugre del motel y las noches en bares donde nadie hace preguntas.
Aunque ha perdido casi todo, en lo más profundo de su ser todavía cree que hay una última oportunidad para él. Quizás en una buena pelea, quizás en un último gran golpe. O tal vez, simplemente, en la posibilidad de que aún no ha llegado su hora de desaparecer del todo.
Había pasado meses entre rejas, el tiempo suficiente para recordar lo pequeño que podía sentirse el mundo entre cuatro paredes. Pero esa no era su primera vez, y sabía bien cómo moverse en ese entorno hostil. Los federales lo esperaban afuera, con rostros impasibles, sin decir palabra, lo escoltaron hasta un edificio de ladrillos donde le entregarían sus pertenencias. Un oficial le pasó una bolsa de plástico. Dentro había una vieja navaja oxidada, un mechero sin gas y una cadena de plata con la cruz que le había dejado su madre. Respiró hondo y salió sin mirar atrás. La prisión era solo una etapa más en su vida. Pero algo le esperaba.
Mientras revisaba sus pertenencias, un trozo de papel arrugado llamó su atención. No recordaba haberlo tenido antes. Frunció el ceño, tomándolo entre sus dedos. El papel estaba amarillento y desgastado, como si hubiera sido guardado por mucho tiempo. Lo desdobló con cuidado, esperando encontrar alguna nota o firma, pero no había palabras. Solo un número escrito con tinta negra y, en la parte superior, un símbolo dibujado a mano. Su respiración se volvió pesada. Ese sello no era cualquiera. Lo había visto antes. Su mente lo transportó años atrás, a un tiempo en el que su situación lo llevó a formar parte de algo más grande, algo más peligroso. Un grupo que no solo compartía su visión del mundo, sino que estaba dispuesto a hacer cualquier cosa para restaurar lo que ellos llamaban "orden". No necesitaba más detalles. Sabía exactamente de quién venía y qué significaba. Sus manos se cerraron en un puño alrededor del papel. No esperaba que volvieran a buscarlo.
Ryan mantuvo la carta en su mano por un momento más, dejando que los recuerdos lo invadieran. Años atrás, ese símbolo significaba hermandad, lealtad y un propósito claro. No importaban los años que hubieran pasado, ni las veces que intentó dejarlo atrás. En el fondo, siempre había sabido que este día llegaría. Guardó la carta en su chaqueta y dejó escapar una leve sonrisa. No de alegría, pero sí de certeza. El número en la carta no era un misterio para él. Sabía a dónde debía ir. Tomó el primer auto que pudo conseguir, un viejo sedán cubierto de polvo con el motor que rugía como un animal herido. A medida que se alejaba del pueblo, la carretera le resultaba extrañamente familiar. El tiempo había cambiado muchas cosas, pero algunos caminos siempre llevaban al mismo destino.
Arben Stracoschka
Nacido en el 1976 en Shkodër, Albania, un chico llamado Arben comenzaba su vida. Este era un chico como cualquier otro, nada fuera de lo normal. Forjó su infancia en este pequeño pueblo de la nación albana, junto a su padre y su abuela, ambos de ideología y pensamientos comunistas. Arben creció con este pensamiento, pero tras la quiebra de un pequeño negocio de su abuela debido a diferentes problemas de deudas e impago con el gobierno comunista, Arben perdió la fe en este sistema político, lo que hizo que migrara a los Estados Unidos a vivir el gran "Sueño Americano".
Infancia
Con padre albano y madre turca, nació Arben en el Spitali Rajonal Shkoder, hospital de su pueblo natal en Albania, Shkodër. Su madre murió durante un sufrido parto, lo que marcó por siempre a su padre y llevó a Arben a vivir con su abuela en un rancho por el monte. Arben creció en este mismo pueblo, él nunca destacó por sus estudios, pero si por sus grandes habilidades para trabajar en el campo, cazar y valerse por sí mismo. A la temprana edad de dieciseis años Arben comenzó a trabajar en el pequeño negocio de su abuela, el cual tras siete meses quebró debido a problemas económicos. Esto llevó a Arben a una frustración sin límites, fijó la culpa de esto a la crisis económica del país, llevado por un gobierno desastroso, como él mismo lo catalogaba. Esto llegó a tal punto en el que Arben decidió bajar al pueblo y forzar una moto modelo Harley Davidson V-Rod, llevar la misma hasta el aeropuerto de la capital, Tirana, y tomar ilegalmente el primer vuelo a los Estados Unidos, lo que llevó a Arben a parar en Los Santos.
El Gran sueño Americano
Los problemas para Arben nada más llegar a los Estados Unidos comenzaron tras aterrizar en el país. Un policía le interceptó debido a su apariencia física y rasgos. Este descubrió la verdadera edad de Arben, el cual era menor y trató de conllevar una pequeña interrogación, la cual no se pudo dar a cabo debido al pésimo nivel de inglés de Arben. Tras unas exhaustivas horas Arben logró salir del aeropuerto y llegar a las calles de Los Santos. Solo, sin dinero y sin trabajo, se vio obligado a vivir en las calles de la ciudad. Tras varios meses en condiciones infrahumanas Arben encontró un trabajo en el pequeño pueblo de Sandy Shores, debía cuidar un gran terreno perteneciente a un famoso motero de la zona. Arben entabló una gran relación con este hombre, lo que hizo que Arben se apasionara por el mundo sobre dos ruedas. Arben se convirtió en socio de este hombre y descubrió que aquel terreno era simplemente un escondite de una gran variedad de objetos ilegales, desde armas hasta tráfico de drogas. Arben no quería tener nada que ver con esos temas pero finalmente comenzó a hacer pequeñas entregas de objetos. Tras ganar miles de doláres con este negocio en tres años, decidió abandonar esa vida de traficante y formó un club de moteros junto a unos colegas del pueblo, el cual denominó "Rolling Demons MC".
Hazañas en el Pueblo
Fitz el dependiente y la Última Voluntad: Tras unos años en el pueblo, corría el año 2003, Arben acostumbró a ir a la licorería de Sandy, tras sus jornadas laborales, donde conoció a Fitzgerald. Soliá tomar unas copas y fumar tabaco. Ambos solían ir al Yellow Jack, de vez en cuando con el padre de Fitz. Arben entabló gran amistad con Fitz, el cual le ayudó a conseguir pequeños trabajos por el pueblo. Tan longeva es su amistad que no se separaron hasta el 2016, cuando fruto de una pequeña compra de droga en el motel de Sandy Shores, Fitz fue enviado a prisión por seis años. Esto marcó la vida de Arben, lo que le llevó a una depresión. Tras unos meses en la tristeza máxima, Arben consiguió un "VIS A VIS" junto a su colega, el cual le incentivó a buscar a su abuela. Arben en poco tiempo logró que llegará a Los Santos, contactándola vía una cabina de teléfono. Pocas semanas tras llegar a América ella fue detectada con un grave tumor, posteriormente fallecida. Esto no entristeció a Arben, ya que la vio por una última vez, cumpliendo la última voluntad de su abuela.
EN PROCESO...
NOMBRE COMPLETO: Luke Harper
EDAD: 31 años
LUGAR DE NACIMIENTO: Filadelfia, Estados Unidos
NACIONALIDAD: Estadounidense
SEXO: Masculino
PADRES: El padre de Luke era un hombre duro, el cual dedico toda su vida en servir al país como militar, este murió en combate. En cambio, la madre, se dedico a educar a Luke y a sus 3 hermanos, es decir, era ama de casa.
APARIENCIA FISICA: Luke es una persona bastante alta, de unos 192cm, este es castaño y tiene una barba arreglada. Tiene un muy buen estado físico y es muy atlético.
PERSONALIDAD: Luke es una persona muy orgullosa, y puede incluso resultar algo soberbio ya que cree mucho en si mismo, es una persona muy perseverante y consigue lo que quiere, no parara hasta lograr su objetivo, es muy leal y predispuesto, es capaz de dejar todo atrás por los suyos y no le suele tener miedo a las pruebas de la vida.
INFANCIA: Luke vivió toda su infancia en Filadelfia y fue un niño feliz y dulce. A los 15 años recibió la terrible noticia de la muerte de su padre en combate, esto cambió su forma de ser, se convirtió en un hombre algo frio y se prometió a el mismo no decepcionar a su padre que desde el cielo le estaría observando.
JUVENTUD: Al terminar la escuela secundaria, Luke, recibió una beca para estudiar en la Universidad Central de Los Santos debido a su gran portento físico y talento en los deportes y decidió estudiar una carrera de INEF (Athletic Training). Este terminó los estudios y trabajó varios años formando parte del cuerpo de seguridad en un antro nocturno de la ciudad.
ACTUALIDAD: Actualmente Luke vive en Los Santos, ganándose la vida en trabajos de medio tiempo y viviendo en un pequeño piso alquilado en la Torre Davis, su gran sueño es formar parte de alguno de los cuerpos policiales de la ciudad.
EDUCACIÓN: Educación primaria, secundaria y carrera universitaria.