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Juan Ortizer es un joven estadounidense de 20 años. Nació y creció en los alrededores de Davis, en Los Santos. Desde que era muy joven, Juan se destacaba por ser más maduro que los demás chicos de su edad y por tener mucha disciplina.
Se crió en un lugar donde tomar decisiones correctas es importante para tener éxito o evitar el fracaso. Por eso, Juan eligió seguir un camino recto y trabajar en su superación personal.
Después de terminar la preparatoria, Juan empezó a trabajar en un taller mecánico que está en el sector de Burton. Para Juan, trabajar en la mecánica no fue solo un trabajo, sino una manera de aprender sobre cómo funcionan los vehículos y de desarrollar una ética de trabajo que se basa en la precisión y la responsabilidad.
Su último trabajo lo dejó por su propia decisión, para poder dedicarse exclusivamente a su preparación física y teórica para poder ingresar al Departamento del Sheriff.
Condición Física y Salud Fiel creyente de que el cuerpo es el templo del profesional de seguridad, Juan es un atleta dedicado. Su rutina diaria incluye entrenamiento de fuerza y resistencia, lo que le otorga una condición física óptima para el servicio. Cumpliendo con la política de Tolerancia Cero, Juan nunca ha consumido tabaco, marihuana ni ninguna otra sustancia controlada, manteniendo un estilo de vida saludable y enfocado.
Motivación y Visión de Rol Su principal motor es el servicio público. Conoce de cerca la realidad de las calles de San Andreas y busca ser un agente de cambio que brinde seguridad y confianza a los ciudadanos. Juan se caracteriza por ser un hombre de pocas palabras pero de acciones firmes, capaz de mantener la calma bajo presión y seguir los protocolos con exactitud.
Alejo Joaquín Cherry nació el 3 de marzo de 2004 en Córdoba, Argentina. Creció en un barrio de clase trabajadora, hijo de un mecánico y una enfermera, en un hogar sencillo pero lleno de valores. Desde chico mostró una mirada distinta: era callado, observador, y siempre estaba atento a lo que pasaba a su alrededor. Le gustaban los misterios, los juegos de lógica, y solía resolver pequeños conflictos en la escuela como si fuera un pequeño detective. La pérdida de su padre cuando tenía 12 años fue un golpe duro que lo hizo madurar antes de tiempo. A partir de entonces, ayudó a su madre con trabajos esporádicos mientras seguía estudiando.
A los 17 años decidió entrar a la Escuela de Policía, movido por un fuerte deseo de justicia y por la necesidad de cambiar lo que estaba mal en su barrio. Se destacó por su disciplina, por su compromiso y por su cabeza fría en situaciones tensas. Terminó su formación con excelentes calificaciones y rápidamente fue asignado a tareas de prevención urbana, donde demostró una gran capacidad para mediar en conflictos y entender los problemas sociales más allá del delito.
Hoy, con apenas 21 años, Alejo ya ha participado en varias investigaciones importantes dentro de su ciudad, colaborando con equipos de análisis criminal y trabajando de forma encubierta en casos menores. Aunque aún está comenzando su carrera, sus superiores lo ven como un joven con futuro, con temple y principios claros. Vive solo, en una pensión modesta cerca de su comisaría, y sueña con algún día llegar a una división de inteligencia o formar parte de una fuerza federal. Es respetado por su entorno, no solo por lo que hace, sino por cómo lo hace: siempre con ética, sin venderse, con los pies en la tierra y la mirada firme.