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Integrity Way | 29 Nov 2025 23:36
El día pintaba tranquilo hasta que recibí un mensaje de Trevaug, diciendo que tenía “algo para hacer, rapidito”.
Nada de desarmar coches, nada de cargar herramientas. Esta vez era distinto.
Cuando llegué al taller, me explicó sin rodeos: tenía que ir hasta una farmacia de Sandy y traerle un sobre que guardaban ahí.
No era un favor ni una compra… era un mandado, pero de esos que requieren que nadie haga preguntas.
Al llegar a la farmacia, todo parecía normal, luces frías, olor a desinfectante y un solo tipo atendiendo detrás del mostrador. Me acerqué despacio, pregunté por un par de cosas para disimular y cuando tuve su atención, bajé la voz:
“Necesito el paquete que guardás para Trevaug. No te hagás el boludo.”
El farmacéutico se quedó helado. No grité, no levanté la voz, solo me acerqué un poco más mientras mi mano quedaba apoyada en la espalda, donde él sabía perfectamente qué tenía sin necesidad de verlo. Temblando, señaló el cajón justo debajo de la caja registradora.
Le pedí que lo sacara él mismo, lento y sin hacerse el héroe. Cuando me entregó el sobre, pensé que ahí terminaba… pero no. Recordé lo que me había encargado Daniel y Andres: las pastillas.
Antes de irme, se me ocurrió dejarle algo claro para la próxima:
“Si alguien pregunta, nunca estuve acá. Y más te vale no llamar a nadie.”
Salí caminando como si nada. No hacía falta correr; el miedo ya había hecho todo el trabajo.
De vuelta al taller, entregué el sobre donde correspondía y dejé las pastillas guardadas para Mayshon. No dije cómo salió todo. Tampoco hacía falta.
En este mundo, cuando completás un encargo… el silencio es parte del pago.
¿Cuál será el próximo? No lo sé, pero cuando suene el teléfono, voy a estar listo.
Little Seoul | Top Secret Garage
James Klimowicz, más conocido como JK, nunca fue de quedarse quieto. Tras varios intentos fallidos de levantar su propio negocio, terminó hablando con Hans Ross, un viejo conocido del ambiente que lo invitó a pasar por el taller Top Secret. Allí lo recibió Andrés Gironza (Pyro), quien al escuchar sus ganas de trabajar le propuso algo distinto: montar un pequeño puesto de tacos en los eventos de autos y quedadas nocturnas que organizaba Overclutch.
JK aceptó sin pensarlo. Cargó ingredientes, parrilla y muebles en su vieja van, y junto a Hans partió rumbo al puerto, donde esa noche habría una exposición. Armó su puesto entre autos tuneados y luces de neón; al principio la clientela era buena, hasta que las carreras arrancaron y todo quedó vacío.
La idea se les ocurrió rápido: aprovechar el final de cada carrera, cuando los corredores bajaran la adrenalina. Mientras tanto, música, risas y humo saliendo de la plancha. Fue entonces cuando apareció un cliente conocido, le pidió un taco y JK, medio en broma, le dijo que pagara lo que quisiera. El tipo le dejó 2 000 dólares por un solo taco.
Todo iba bien hasta que los sheriffs se acercaron por denuncias de carreras ilegales. No tenían nada que ver, así que los dejaron ir. Después de eso, el grupo decidió levantar todo y moverse a otro punto más tranquilo para cerrar la noche entre risas, tacos y algunos piques improvisados.
Aquel día, JK entendió que en este mundo no hay suerte, solo momentos. Y esa noche, el asfalto y la plancha de tacos le habían sonreído.
“Mientras haya ruido de motores y hambre en la calle… siempre habrá trabajo.”
¿Cual sera el proximo trabajo que me dara Hans?.
Origen y primeros años
James Klimowicz nació en Varsovia, Polonia, hace 27 años. Hijo de un mecánico y una enfermera, creció rodeado de grasa, herramientas y olor a metal caliente. Desde chico mostró más interés por los motores que por los libros. Su padre, un tipo rudo pero justo, le enseñó lo básico: “Un auto te habla, hijo, si sabés escucharlo.”
A los 16 años la familia emigró a Liberty City, buscando una vida mejor. Pero el cambio no trajo calma. James empezó a meterse en la calle: trabajitos rápidos, carreras clandestinas y pequeños encargos para sobrevivir. Le decían “JK” porque siempre lograba salir ileso de los líos más absurdos; “Just Kidding”, bromeaban los pocos amigos que le quedaban.
Caída y redención
Llegada a Los Santos
El nacimiento del taquero
Pyro le propuso un trato simple: “Tenés hambre, nosotros también. Montá tu puesto acá.” Así nació el taquero de Top Secret. JK armó su pequeño puesto con una vieja plancha, una carpa y su camioneta oxidada. Los primeros días fueron duros: pocos clientes, largas noches, mucho humo y poca plata. Pero con el tiempo, los corredores empezaron a reconocerlo.
Entre risas, música y olor a carne asada, JK se volvió parte del ambiente. Donde hubiera ruido de motores, él estaba. Donde hubiera carreras, también.
Su puesto se transformó en punto de encuentro para corredores, mecánicos y curiosos que buscaban llenar el estómago antes o después de una noche de velocidad.
Los otros trabajos
Su buena disposición y la confianza que generó no pasaron desapercibidas. Una tarde, Pyro lo llamó aparte y le dio un encargo diferente: recoger un sobre “especial” en Sandy Shores. No era algo común para un cocinero, pero JK aceptó sin preguntar.
Aquella misión terminó con disparos, una huida en su Comet Retro Custom y una espalda marcada por perdigones. Desde entonces, su reputación cambió. Ya no era solo “el taquero”; era el tipo que nunca dice que no, y que siempre vuelve.
Actualidad
“No todos nacimos para correr, algunos nacimos para mantener el motor encendido mientras los demás lo hacen.”