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Hombre de piel morena de una altura de 1.83M y un peso de 85 KG, pelo castaño, Ropa deportiva o formal, apariencia intimidante de 24 años nacido en Estados Unidos en california
Soy una persona Que le gusta la intensidad y siempre se trato de mover por los ámbitos legales dejando de lado los trabajos fáciles/turbios a pesar de la ciudad en la que venia la cual se solían ver crímenes por todos lados este mismo siempre prefirió irse por los ámbitos legales para sacar a su familia de ese sitio y darle una buena vida a sus hijos.
Rondo nació en los barrios bajos de california, a los 4 años el padre el cual se llamaba Luis lo abandono y siempre vio como su madre Adriana trataba de hacer lo posible para que sus hijos tengan la comida en la mesa y que sus hijos tengan un buen futuro, a pesar de la situación económica la cual estaba nunca nos dejo solos a mis hermanos y a mi. A los 17 años tuve que ver en presencia la muerte de un amigo cercano mío y desde ahí este se apasiono por las fuerzas de la ley para que cosas así no vuelvan a pasar.
Rondo es una persona que le cuesta confiar en los demás debido a sus problemas del pasado, tiene miedo a equivocarse, también a la vez es alguien tranquilo el cual no le gustan los problemas y las personas las cuales le causen daño a los demás.
Bradley Cash nació el 20 de julio de 1998, en las ásperas calles de Jamestown, un barrio donde la lucha por sobrevivir era más importante que cualquier sueño de futuro. Crecer en un entorno tan duro lo moldeó de una manera que pocos podrían comprender. Mientras sus padres, como la mayoría de las familias del barrio, buscaban consuelo en la iglesia, él y sus amigos pasaban el tiempo al margen, alejados de las expectativas de una vida normal. En lugar de seguir las reglas, se dedicaban a lo que mejor sabían hacer: explorar los límites de la ilegalidad.
Desde joven, Bradley se sumergió completamente en el ambiente de la calle. Jamestown era un lugar donde las decisiones correctas rara vez se aplicaban, y cada error podía costarte caro. A pesar de su físico imponente, con 1,93 metros de altura y 90 kg de pura fuerza, no buscaba llamar la atención ni imponerse, sino simplemente sobrevivir y adaptarse. Mientras sus padres se concentraban en la iglesia, él se unía a su grupo de amigos para hacer negocios en la sombra: desde robos menores hasta el tráfico de productos ilícitos.
Fue en este ambiente donde Bradley, junto a sus amigos, formó parte de "WildOutWhelieBoyz", un colectivo que no entendía de normas ni de límites. Lo que empezó con carreras de motos ilegales en las calles y pequeños tratos bajo cuerda, se fue transformando en algo más serio: un sistema clandestino basado en el robo, la compra y venta de mercancías prohibidas, y la organización de encuentros ilegales. Bradley no fue el líder del grupo, pero su presencia, tanto por su físico como por su calma bajo presión, lo convirtió en una pieza clave.
En su vida diaria, Bradley se mantenía discreto, pero siempre listo para actuar cuando fuera necesario. Su vestimenta, jeans oscuros, camisetas simples y botas resistentes, reflejaba su enfoque práctico y la necesidad de pasar desapercibido, aunque su figura nunca pasaba desapercibida. Sus tatuajes, que cubrían su cuerpo desde la cara hasta los pies, eran una muestra de su vida en las calles, de las batallas libradas y las lecciones aprendidas en un entorno donde la lealtad y la supervivencia eran lo único que importaba.
A lo largo de los años, su vida se entrelazó completamente con el submundo de Jamestown, donde las reglas no eran más que una ilusión. A diferencia de aquellos que alguna vez soñaron con salir de ese ciclo, Bradley nunca pensó en una vida legal. La ilegalidad era todo lo que conocía, y mientras otros intentaban escapar, él simplemente se hundió más en el juego. Aunque no era el líder de "WildOutWhelieBoyz", su habilidad para adaptarse a las circunstancias difíciles lo convirtió en un miembro esencial, un hombre que nunca se echaba atrás, ni ante el peligro ni ante la oportunidad.
A pesar de las cicatrices en su pecho, que eran un recordatorio de lo que había perdido en su camino, Bradley nunca se arrepintió de su elección. Las calles de Jamestown, con su cruda realidad, lo formaron, y no había vuelta atrás. La vida de la ilegalidad era su vida, y su nombre, aunque nunca sonara en lo más alto de la organización, era reconocido por quienes sabían que era un hombre de pocas palabras, pero de gran acción.